30/12/12

samsara o feliz 2013

En sánscrito, la palabra samsara hace referencia al ciclo (círculo) formado por el nacimiento, la vida, la muerte y la reencarnación o renacimiento, y está presente en la mayoría de las tradiciones filosóficas de la India. En cierta medida, un año completo puede ser samsara: nace, vive, muere y se reencarna en otro ciclo que, la mayoría de las veces, se asemeja bastante a otro que ya fue.

En Samsara (2011), Ron Fricke atraviesa o, volviendo al sánscrito, fluye junto a estos cuatro estados para presentarnos, inicialmente, la dialéctica entre la tierra y sus habitantes. De las catedrales naturales a los templos creados por el hombre, Fricke parece querer demostrar dos verdades en principio antagónicas. La primera, que el hombre no ha sido capaz de superar la belleza (y la fuerza) de la naturaleza. La segunda, que el hombre ha conseguido añadir más belleza a la belleza. Pero, lo que en principio parece una sobredosis de imágenes destinadas a celebrar el lugar que el azar o la providencia nos han proporcionado para morar, torna, gracias a la mano del hombre, en sinsentido y, por ello, a aquellos dos axiomas hay que añadirles un tercero ya conocico: "El hombre es un lobo para el hombre".

Samsara está rodada en 70 mm y postproducida con todos los ingenios necesarios para mostrar una calidad de imagen que sobrecoge. Ron Fricke y Mark Magidson emplearon cinco años para capturar en veinticinco países de los cinco continentes los fotogramas que componen este ciclo. ¡Ha valido la pena!. Siguiendo la estela dejada por Baraka (1992), Samsara es una cita ineludible para cualquier amante de la fotografía.

Así que poned el reproductor en modo "pantalla completa" y disfrutad de estas imágenes con las que os felicito el 2013.


19/12/12

have yourself a merry little christmas


Pues sí, queridos confesos, al parecer la navidad ya está llamando a la puerta. ¡Qué le vamos a hacer! 
Un servidor y compañía os deseamos a todos y todas unas felices fiestas (o lo que sean para cada uno de vosotros) y un 2013 repletito de stars. Have yourself a merry little christmas ...



Gina Lollobrigida (nota: la foto no es actual)

Janet Leigh antes de la ducha

Apuesto a que es Santa quien quiere posar con Audrey

Bette Davis (no comments)

Clara Bow esperando a Santa a saber para qué...

Oh Carole!

Cuatro niños en trineo

La "sencilla" Jayne Mansfield


Ann Blyth, un suplicio

Joan Crawford antes de usar visones

Ha nacido una estrella: Janet Gaynor

Jane Powell y sus piernas

Natalie Wood Good

Gatas

Que será, será...

Maureen O´Sullivan tapada hasta el cuello

Rita Hayworth, Amado mío...

Hasta parece buena...

Desde mi "caja de estrellas" Mamie van Doren os desea feliz año nuevo.  

12/12/12

una historia de violencia

Reflexiono estos días sobre la violencia en el cine y si ésta puede ser un argumento por derecho propio, un recurso estilístico o ambas cosas. Evidentemente, violencia hay en muchos films, pero mis pensamientos se dirigen hacia aquellas películas en donde la violencia tiene la consideración de personaje. Por ejemplo, Funny Games (Michael Haneke,1997) es, evidentemente, una historia sobre la violencia (en realidad, gran parte de la filmografía del director alemán versa sobre esta cuestión). A History of violence (David Cronenberg, 2005), como indica el título, también, pero la diferencia entre ambas radica en el detonante: frente a los chicos de Haneke, quienes aparentemente sólo emplean la violencia como un modo (sádico) de experimentación personal, en la historia de Cronenberg la violencia surge de la defensa propia. Sin embargo, a partir de este momento, desde que el primer acto de violencia cometido por Tom Stall (Viggo Mortensen) le convierte en héroe local, la violencia pasa a ser Violencia, esto es, personaje.

Una historia de violencia (David Cronemberg, 2005)


Yo confieso: la violencia empleada como recurso estilístico me parece un arma de doble filo. En las películas de Tarantino, por ejemplo, la agresión, la sangre y el dolor, son más una marca de la casa que una necesidad argumental, por ello, que el director se recree en estas escenas no implica la adhesión empática del espectador. Digamos que la violencia en el cine de Tarantino es lo mismo que la cámara al hombro en el de Lars Von Trier: sabemos que tarde o temprano va a aparecer. La primera vez es novedoso; a partir de la segunda, no aporta nada nuevo. Con ello no estamos menospreciando la obra del director de Pulp Fiction (1994), simplemente afirmamos que en su filmografía hay violencia estetizada pero no Violencia. Aún así, algunas de las secuencias más violentas de Kill Bill (2003,2004) son auténticos ejercicios de planificación escénica, perfectos en su ejecución y, al fin y al cabo, entretenidos espectáculos visuales en los que la sangre poco o nada afecta al espectador más sensible.

Kill Bill (Tarantino, 2004)


En Straw Dogs (Perros de Paja) de Sam Peckinpah (1971) hay violencia estetizada pero, sobre todo, Violencia, y ésta se va adueñando de todos los personajes poco a poco, pues es la gran protagonista de la historia. Peckinpah, además, emplea en varias ocasiones la cámara lenta, pero aquí sí se consigue el malestar del espectador (al que le proporciona información que desconoce el protagonista), ya que es sometido a un experimento macabro pero interesante: ¿cómo reacciona el público cuando la Violencia también se adueña de él?. En este sentido, Straw Dogs es una montaña rusa de adhesiones: primero comprendemos a David (Dustin Hoffman); después le juzgamos; más tarde le apoyamos y, finalmente, le acompañamos (mano a mano si pudiéramos) en su cruzada contra los malos

Cartel promocional de Straw Dogs

Capítulo aparte merecen las filmografías de Robert Aldrich, Don Siegel, Sam Fuller o Nicholas Ray, por citar a alguno de los componentes de la denominada Generación de la Violencia, ya que en ellas hay violencia, violencia estetizada y Violencia, pero sería necesario profundizar en las razones endógenas y exógenas (y acaso ideológicas) que condujeron a estos realizadores a mostrar los diferentes tipos de violencia desde diferentes puntos de vista. La espinosa cuestión de las "generaciones" nos lleva a preguntarnos por qué Arthur Penn, por ejemplo, no forma parte de esta "escuela". Recordemos que Penn siempre fue tildado de "violento" y aunque la fama se la llevó Bonnie&Clyde (1967), puedo asegurar que es otra película suya, The Missouri Breaks (Missouri, 1976), la más violenta de toda la filmografía. En ella, el psicópata interpretado por Marlon Brando disfruta planificando las muertes de sus víctimas, tanto como Penn filmándolas. Entonces, ¿la etiqueta "violencia" depende absolutamente de la época en la que se estrena un film?. ¿Tiene el mismo impacto la violencia mostrada en una película de 1967 que la de un film de 1971 u otro del 2003?.

Brando en The Missouri Breaks (Arthur Penn, 1976)


Todo ello me lleva a cuestionarme qué es "violencia fílmica" a día de hoy y, lo más importante, qué justifica su presencia en un film. Yo confieso, creo que nuestras retinas se han acostumbrado a ver todo aquello que hace cinco décadas sería un horror. Ergo, ¿el efecto de la violencia en las películas depende del "bagaje ocular" del espectador?. La práctica totalidad de la violencia que podemos contemplar hoy en día es un recurso estilístico (¿como la acción?), pero, películas que aborden los diferentes tipos de violencia (física, institucional, verbal, etc) desde un punto de vista genético, hay pocas, ¿o no?.