20/07/12

hasta septiembre

Queridos confesos:

Mr. DeWitt necesita unas vacaciones, así que YO CONFIESO se despide hasta septiembre. Todavía estaremos unos días por la página de facebook que, como alguno ya sabe, está dedicada básicamente a esas increíbles fotos de las stars.

Descansen, disfruten, pequen y, sobre todo, vean mucho cine.

Hasta la vuelta!!











13/07/12

el misófobo


                                                                                                                               Dedicado a Borgo


El cadáver está depositado en la morgue del hospital metodista de Houston, Texas, a la espera de  identificación. El FBI ha mostrado un extraño interés en certificar la identidad de este varón de unos setenta años, cuidado corte de pelo, uñas largas, hematomas en los antebrazos y claros indicios de desnutrición. 

Días antes, en la oficina de emigración del aeropuerto de Acapulco, ha quedado registrado con fecha siete de abril, cómo el difunto, acompañado por tres personas de su servicio personal, embarcó en un avión privado con destino a Houston. Sin embargo, el dueño de una funeraria de la ciudad mexicana, asegura que el cinco de abril fue requerido por el Acapulco Princess para trasladar un cadáver desde el hotel al aeropuerto. Al parecer, el difunto todavía yacía sobre una camilla parapetada con un sistema de oxigenación.

Vayamos al cementerio de Glenwood (Houston), y leamos las fechas grabadas en el gran panteón:

                           24-12-1905  -  05/04/1976

Si la muerte se produjo el cinco de abril, ¿cómo es posible que el día siete tomara un avión? 


Los últimos años del finado habían estado protagonizados por una enfermiza reclusión. Desde que tomara la decisión de vivir en hoteles para no pagar a hacienda el impuesto de residencia, él y un séquito de fieles mormones, peregrinaban por diferentes estados y continentes, como si de una tribu de neonómadas se tratara. En una o dos plantas, establecían el campamento durante meses, y bajo unas estrictas y precisas órdenes, el misterioso huésped era custodiado por los mormones, quienes, solíticos, atendían los extraños reclamos del amo e impedían el acceso a cualquier empleado del hotel. Al igual que su madre, el ahora difunto padecía misofobia. Para evitar cualquier tipo de contaminación, la única comida que hacía al día era entregada en bolsas plásticas. Frecuentemente, el menú incluía guisantes, para los cuales había creado un artilugio que permitía  seleccionar solamente aquellos que tenían el mismo diámetro. El resto del día, permanecía postrado en la cama bajo los efectos de la codeína, tratando de calmar el fuerte trastorno obsesivo compulsivo  que lo consumía 

                                                     

La gran fortuna que había amasado el difunto, no sólo es un suculento aliciente para la troupe de mormones que lo atendían, sino también para los parientes, quienes surgidos de la nada, reclaman el cadáver para darle cristiana sepultura. Pero, antes el FBI debe comprobar la identidad, certificar que los restos mortales depositados en el hospital pertenecen a quien pertenecen. Me temo que nunca sabremos con certeza la fecha exacta del óbito. Lo que sí sabemos es el nombre del misófobo, quién fue y en qué se convirtió.


Howard Hughes. 
D.E.P.


02/07/12

la piel que habitA



Yo confieso: la piel que habita Pedro Almodóvar desde hace unos años, no me interesa en absoluto. A la espera de que mude su epidermis (ahora amenaza con volver a una ya habitada: la comedia más almodovariana),  enfrentarme a una película del director manchego me produce más pereza que revisar la filmografía de Humphrey Bogart. No obstante, tras la tormenta mediática (y bloguera), ya he visto La piel que habito (2011), y tras marinarla un par de meses puedo concluir que vivir de rentas es un arte no apto para todos los directores. Pocos, muy pocos, son capaces de engrandecer una película sólo con su firma.

La película (que me pareció eterna) es surrealista, pero desde un punto de vista negativo. Si al menos Almodóvar nos sirviera un surrealismo real .... Pero no. Lo que debería ser absurdo se convierte en un ejercicio patético o, lo que es peor, en un intento desesperado por introducir la carcajada (véase escena de brasileño disfrazado de tigre) en una trama que, en ningún caso, debería contener gracias y, mucho menos, de este triste calibre. Si se quiere facturar un psico-thriller o presentar al mundo un cambio de registro, hágase con todas las consecuencias, sin miedo a que los incondicionales salgan del cine sobrecogidos por la historia.

La piel que habito es previsible y cansina. Sólo unos bellísimos fotogramas, asépticos y quirúrgicos, han cautivado mi atención. La escena de la pantalla me ha recordado a Persona (1966) de Bergman, como Átame (1990) a El Coleccionista (1965) de Wyler o Todo sobre mi madre (1999) a Eva al desnudo (1950), pero tirar de clásicos es ya algo habitual en el cine de Almodóvar, quien no sólo no lo niega sino que lo pregona. 

Nunca he visto a Elena Anaya tan femenina, tan guapa y tan delgada como en La piel que habito. No discuto su calidad interpretativa  (que la tiene) pero, teniendo en cuenta los orígenes de su personaje, me sobra femineidad. He comprobado (¡por fin!) que Banderas puede, si quiere o si está bien dirigido (lo ignoro), interpretar. He lamentado el trabajo de Marisa Paredes (a diferencia de Todo sobre mi madre) y , finalmente, he descubierto a una joven actriz, Blanca Suárez, que sobrepasa, con creces, al otro supuesto intérprete revelación de la cinta: Jan Cornet. 

Y nuevamente he confirmado la capacidad del director para crear un producto, buscar fuentes de financiación, posicionarse en la carrera hacia los premios y, sobre todo, poner en marcha toda la maquinaria del marketing para crear humo. No podemos negar que, en este sentido, Almodóvar es el director español más hollywoodiense de todos los que pueblan el (casi siempre aburrido) panorama cinematográfico patrio. Así -y al más puro estilo Woody Allen de Vicky Cristina Barcelona (2008)Castilla la Mancha y Galicia financian parte de la cinta a cambio de postales, cuberterías de Sargadelos y rótulos. Yo confieso: que parte de la cinta esté rodada en mi ciudad, dificulta en gran medida que pueda disfrutar de forma objetiva la película (más aún cuando en la boda te encuentras multitud de caras conocidas), porque uno sabe que la comisaría es un colegio, que en la calle donde está la tienda de la madre del protagonista no hay tráfico o que en el Pazo de Oca es prácticamente imposible celebrar ninguna boda. 

Continúa también la tendencia de incluir una actuación estelar en la historia (en este caso la fantástica Concha Buika) y la hitchcockniana aparición del hermano del director que, en este caso, está metida con calzador. 

En resumen: uffff! Pero, al menos le agradezco que no haya facturado una historia sobre la guerra civil porque, a este paso, el cine español acabará siendo monográfico. Amén.