27/06/12

madres coraje

Lo sé: en más de una ocasión amenacé con escribir una entrada dedicada a las madres coraje, pero por unas cosas u otras, al final la idea permanecía en el tintero y no veía la luz. Pues bien, ha llegado el momento de adentrarse en el apasionante mundo de estas madres y, con ellas, en el siempre delicado terreno del melodrama, ese género para el que no suele haber un término medio: o brilla o... produce espasmos.

No se trata de hacer un listado de más a menos (madre preferida, madre melodramática, madre sufridora....madre coraje al fin y al cabo) sino de citar aquéllas que, a bote pronto, llegan a mi memoria. En definitiva, una suerte de brainstorming cinéfilo-maternal que espero y deseo completéis. Vamos allá.

Hace casi un año, remataba una de mis entradas así: "Yo confieso: si algún día me animo a realizar una lista de madres coraje, Stella Dallas estará en primer lugar". Dicho y hecho. Stella Dallas (King Vidor, 1937) es, posiblemente, la madre coraje que más me ha emocionado. Quizás, que la gran Barbara Stanwyck sea la encargada de dar vida al personaje, es el motivo principal. Otro, podría ser la dirección de King Vidor. Con todo, estamos ante el típico caso de madre capaz de renunciar a su propia hija con tal de garantizar su felicidad pero... ¿Qué manera de renunciar? Stella es un ser patético pero delicioso, ingenuo pero ambicioso. Y, sobre todo, madre, madre incondicional. Con este personaje, Barbara Stanwyck consiguió la primera de las cuatro nominaciones al Oscar de su carrera. Como sabéis, sólo recibiría una estatuilla honorífica en 1982.



Madre coraje similar, es la encarnada por otra de las diosas veneradas en YO CONFIESO: Olivia de Havilland. En La vida íntima de Julia Norris (To each his own, 1946), de Mitchell Leisen (director a quien, por cierto, dedicamos capítulo en Hollywood revelado), la historia es, quizás, un poco más rocambolesca. Aquí se juega con la información que el espectador posee y los personajes ignoran, lo que genera mayor desasosiego. Julia Norris, por una serie de circunstancias, se verá apartada de un hijo que será educado por una amiga autoproclamada única madre legítima. A lo largo de muchos años comprobaremos cómo, desde la sombra, la madre coraje mueve los hilos en beneficio de un vástago que ignora su verdadero y triste origen. Aunque tenemos un happy ending, nos quedamos con un sabor agridulce, posiblemente porque el final del vía crucis que emprende en solitario Julia Norris llega demasiado tarde.

Con este papel, Olivia de Havilland conseguiría el primero de los dos Oscar que debe tener en su mansión de París. El segundo, como sabéis, le llegaría con La Heredera (1949).




¿Hay madre coraje más sufrida y sufridora que Mildred Pierce? En Alma en suplicio (Michael Curtiz, 1945), Joan Crawford se autoinculpa de un asesinato cometido por su hija, la insufrible Veda, encarnada por Ann Blyth. Film negro melodramático por todos conocido y del que ya hemos hablado largo y tendido en YO CONFIESO. Recordemos, eso sí, que con este papel de mamá con visón Joan Crawford recibió el único Oscar de su carrera. El que recogió en nombre de Anne Bancroft por El milagro de Anna Sullivan (Arthur Penn, 1962) no cuenta.



Sintiéndolo por Drama Turner, en Imitación a la vida (Douglas Sirk,1959), la madre coraje es Joanita Moore, quien da vida a Annie Johnson, la fiel, solícita y humilde asistente negra cuya hija blanca se averguenza del color de su madre. Aunque tener como hija a Sandra Dee da muchos puntos, es Joanita quien sufrirá hasta la extenuación definitiva los desplantes de su tierna niña. Douglas Sirk fue uno de los reyes del MELODRAMA con mayúsculas, y aquí deja buena muestra de ello. Joanita Moore, por su parte, borda un papel por el que fue nominada a Oscar y Globo de Oro en 1960.



Curiosamente, todas estas madre coraje recibieron premios y nominaciones, alabanzas y parabienes. Pero, estoy seguro de que me he olvidado de muchas otras madres sufridoras. Así que ya sabéis....

19/06/12

vaya par de gemelas

Que Olivia de Havilland y Bette Davis no contaban con muchos amigos dentro de Hollywood, no es ninguna primicia. Pero, contra todo pronóstico, ambas forjaron una amistad fraternal que perduró hasta el fallecimiento de Davis. Aquí podemos ver cómo Olivia sorprende a La Loba en un programa de televisión. Creo que el encuentro transmite cariño y admiración mutuos. Ambas,  de las mejores intérpretes que ha dado Hollywood, trabajaron juntas en tres películas: La vida privada de Elizabeth y Essex (Michael Curtiz, 1939), Canción de cuna para un cadáver (Robert Aldrich, 1964) y  Como ella sola (John Huston, 1942). En las tres, exisitía algún vínculo entre ellas: doncella/reina, primas y hermanas, respectivamente. 

Como ella sola (cuyo título original es In This Our Life), es un film que siempre desagradó a Davis ("La peor película de la historia del mundo", llegó a decir) quizás porque, como muchos sostienen, en él sobreactúa. Abro un paréntesis ( Sobre esta cuestión se ha debatido bastante a la hora de buscar al culpable de la supuesta extralimitación interpretativa. Pero, el propio Huston parece autoinculparse en su autobiografía: "Bette me fascinaba. En ella hay algo elemental: un demonio interior que amenaza con salir y comerse a todo el mundo, empezando por las orejas. El estudio le tenía miedo a Bette, a su demonio. Para ellos era sobreactuación. Yo di rienda suelta al demonio, a pesar de sus protestas"). Yo confieso: no aprecio esta sobreactuación, sólo una egomanía que define a Stanley, el personaje de Davis. 

La trama básica es sencilla: dos hermanas (una buena, otra desquiciada) y un hombre de por medio. La trama "social": Stanley atropella a una niña y se da a la fuga, acusando de la muerte a un negro (drama racial servido). Pero, Davis, Havilland, Charles Coburn (habitando al tío verde, demasiado cariñoso) y John Huston, son excusa más que suficiente para visionarla. 

Al dar vida a personajes totalmente antagonistas, Havilland y Davis se contrapuntean a la perfección, brindando interpretaciones notables. Incluso, los momentos más delirantes de Davis son creibles (ya quisiera Drama Turner desquiciarse en un coche con la misma gracia que Davis, ejem!), así como los más píos de Havilland  que, en ocasiones, retoma esa bondad tan Melita Hamilton.



Que Olivia y Bette fueran hermanas en la pantalla, debió resultar una suerte de shock para los fans de la época. ¡Para mí lo sería, desde luego! Pero, que ambas interpretaran a sus propias hermanas gemelas ya es el delirio para el fan fatal.

A Stolen Life (Una vida robada, 1946), de Curtis Bernhardt, nos permite contemplar escenas perturbadoras. ¿Acaso no es inquietante ver cómo Bette Davis hunde a Bette Davis? El argumento no es gran cosa: dos hermanas gemelas rivalizan por el amor de Glenn Ford. (Bueno, en realidad, una se lo levanta a la otra). Nuevamente, dos personajes antagónicos y, claro está, suplantaciones de identidad típicas de las relaciones gemelares. Pero, lo verdaderamente interesante de este film, es observar con detemimiento cómo Bette Davis modula la voz o trabaja su lenguaje corporal para marcar la diferencia entre hermanas. Dignas de alabanza también son las escenas en las que ambas Bette Davis ¡en el mismo plano! conversan o, directamente, se odian, y que, para la época, están perfectamente conseguidas. Si bien es cierto que al espectador más aguililla no se le escapará la presencia de una doble, en general, la multiplicación de Davis es más que notable técnicamente.






Curiosamente, del mismo año es The Dark Mirror (A través del espejo, 1946), de Robert Siodmark, esta vez con una doble Olivia de Havilland como protagonista. Aquí nos acercamos más a un ejercicio de thriller con toques de noir, con una de las hermanas padeciendo serios problemas mentales. Pero, ¿cuál de las dos es? El punto de partida es un asesinato y todos los indicios apuntan a las gemelas como culpables o, al menos, a una de ellas. Un psicoanalista atraido por el caso tendrá que descifrar el dilema. En la película tenemos dos tendencias imperantes en la época: los hermanos gemelos y los dramas psicoanalíticos. En cualquier caso, y al igual que su amiguísima Bette, Olivia brida una interpretación repleta de matices (muchos más que los de Davis, teniendo en cuenta que una de las hermanas sufre un desequilibrio psíquico) que demuestra, una vez más, que nos hallamos ante una de las actrices con mayor número de registros de la historia del cine.



¿Acaso pensabais que todo iba a ser Tú a Boston y yo a California? No, queridos confesos, a veces, un hermano gemelo, es una tragedia.





11/06/12

Hollywood revelado. Diez directores brillando en la penumbra.

Primeramente, gracias por participar. Muchos de vosotros habéis ganado unas pesetillas y la posibilidad de llegar a la subasta. He de confesar que me he llevado alguna que otra sorpresa como, por ejemplo, que nadie haya mencionado  Bonnie&Clyde (Arthur Penn, 1967). Pero, vayamos a las explicaciones.

Hollywood revelado. Diez directores brillando en la penumbra. He aquí el título del libro que me ha tenido tan entretenido durante estos últimos meses. Cinco autores ( Hilario J. Rodríguez, Josep Carles Laínez, Carlos Tejeda, el maestro Fernando R. Genovés y un servidor), hemos rescatado de la sombra a diez directores asombrosos que, ¿injustamente?, han quedado relegados, junto con su filmografía, a un segundo plano. Todos ellos poseen, al menos, uno de esos títulos que por derecho propio ocupa un lugar privilegiado en el firmamento de Hollywood.  Pero, ¿qué ha pasado con las otras películas? 

John Cromwell, W.S. Van Dyke, Clarence Brown, Frank Borzage, Rouben Mamoulian, Mitchell Leisen, Gordon Douglas, Robert Wise, Robert Mulligan y Arthur Penn. ¿Por qué brillan en la penumbra? Partiendo de esta cuestión, hemos abordado la obra (y milagros) de estos realizadores. 

Durante estos meses he convivido (me atrevería a decir que muy intimamente) con Robert Mulligan y Arthur Penn, mis dos directores brillando en la penumbra. Yo confieso: cuando uno dedica tanto tiempo a investigar, estudiar, interpretar y disfrutar la filmografía de un director, se crea un cariño especial, una conexión difícil de explicar. 

Mulligan y Penn comparten orígenes profesionales. Ambos pertenecen a la denominada Generación de la Televisión y ambos dan el salto al cine a finales de los 50, en un momento sumamente interesante en la historia de la fábrica de sueños. Eran tiempos difíciles para un Hollywood comatoso, desesperado por la pérdida de espectadores y abrumado por el éxito imparable de la televisión.

Aunque ya lo sabía, después de empaparme con la filmografía de Robert Mulligan, he (re)descubierto a un director con una sensibilidad maravillosa. Muchas de sus secuencias son poesía, lírica cinematográfica. Experto en las etapas iniciales de la vida, Matar a un ruiseñor (1962) es tan solo un ejemplo de la maestría para adentrarse en los siempre difíciles caminos que conducen a la madurez. Y es que la pequeña Scout no está sola en la obra de Mulligan. La acompañan Daisy Clover (La Rebelde, 1965), Hermie (Verano del 42, 1971), Dani (Verano en Louisana, 1991) o los inquietantes Niles y Holland (El Otro, 1972). Todos ellos, además de ser hijos de un mismo artesano, son los protagonistas de las memorias filmadas de un director que supo hacer de los viajes iniciáticos una aventura aterradora pero necesaria.




Arthur Penn es un director más complejo de lo que a simple vista pueda parecer. Violencia inusitada. Esta es la etiqueta que suele acompañar a sus películas pero, si sólo nos quedamos con la violencia, nos perderemos una filmografía bastante coherente, con fuerte carga crítica y un espíritu revisionista de la historia reciente de los Estados Unidos. Los personajes de Penn siempre están huyendo, pero nunca toman atajos, al igual que el realizador. Bonnie&Clyde (1967) es la huida por antonomasia de la filmografía pero, qué ocurre con El Zurdo (1958), El milagro de Ana Sullivan (1962), La jauría humana (1966) o, incluso, La noche se mueve (1975).
















Y siguiendo con el Un, dos, tres... hasta aquí puedo leer.

Hollywood revelado. Diez directores brillando en la penumbra (Editorial Ártica), sale a la venta el próximo otoño. Mientras tanto, podéis seguir la siempre interesante preproducción en esta página de facebook: hollywood revelado libro


Fotografía 1: Redford y Mulligan conversan durante el rodaje de La Rebelde (1965)
Fotografía 2: una jovencísima Melanie Griffith discute junto a Penn detalles del guión de La noche se mueve (1975)














05/06/12

Un, dos, tres, responda otra vez...¿Juegas?




Por 25 pesetas, películas dirigidas por Gordon Douglas ¡Un, dos, tres, responda otra vez! 

¿Ganaríais mucho dinero? 

Escuchemos la voz de los super tacañones y cambiemos a Douglas por Clarence Brown ¿Así tampoco? ¿Y Mitchell Leisen? ¿W.S.Dyke, quizás? ¿Qué tal Frank Borzage o John Cromwell? Valeeee, algo más fácil: ¿Rouben Mamoulian? ¿Robert Wise? Seguro que Robert Mulligan o Arthur Penn os hacen un poquito menos pobres...

Me atrevo a afirmar que entre todos somos capaces de citar alguna de las películas dirigidas por estos diez cineastas ¿Jugamos? ¿Nos atrevemos? No vale hacer trampas, eh? Las reglas son sencillas: sin mirar wikipedias, imdb, la estantería del salón: películas firmadas por alguno de estos maestros. Si no sabemos ninguna, pues lo decimos sin tapujos, que aquí estamos todos para aprender. Aquí sí valen las repeticiones. No importa que el colega ya haya mencionado el film, podeis citar todas aquellas que "de memoria" se os ocurran.

Así que... ¡UN, DOS, TRES, RESPONDA OTRA VEZ!

Genovés, tu actúas de super tacañón, vale? Jejej!

Saludos, queridos confesos, y gracias por participar en este experimento.

Pd: evidentemente, todo esto tiene una razón. En el siguiente post lo contamos.