31/01/12

El árbol de la vida


¡Ays! Queridos confesos ¡Cuán inspiradores sois!

Uno se da un paseo por el blogroll e inmediatamente se le enciende una lucecita: la cabeza empieza a funcionar, a atar cabos, y los dedos empiezan a correr por el teclado. Yo confieso: estas entradas son las mejores por improvisadas y espontáneas.

Os cuento.

El año pasado hubo tres películas especialmente mediáticas dada la repercusión y presencia que tuvieron en medios y blogs. Hablo de "La piel que habito" (Pedro Almodóvar), "El árbol de la vida" (Terrence Malick) y "Melancolía" (Lars Von Trier). Cuando se estrenaron, en mi blogroll parecía haber unanimidad (cuando menos) temática. Pero yo confieso: suelo huir de las películas tan inminentemente celebradas o vilipendiadas. Primero porque creo que toda obra necesita un marinaje y segundo porque creo que dada la tormenta de opiniones mi subjetividad/objetividad y mis expectativas pueden verse alteradas.

Toda esta introducción - necesaria, como veréis- surge por las últimas entradas relativas a "The artist" esa, aparentemente, obra maestra que ha encandilado a crítica y público y que, al parecer, se va a llevar a Francia todos los premios habidos y por haber. Todas las reseñas/críticas que he leído son fantásticas, pero muestran todas la misma cara. Por eso me ha encantado leer la reseña de Cinema Genovés pues, aun a riesgo de ganarse la antipatía del respetable, muestra la otra cara de la moneda. También he disfrutado - lo sigo haciendo - del debate creado entre detractores y defensores de la cinta y, lo mejor de todo, los inteligentes argumentos que se esgrimen para defender una u otra postura. Conocedor del conocimiento (valga la redundancia) que posee el amigo Genovés sobre el cine silente (maravilloso epíteto) su reseña merece toda mi credulidad sin que ello reste veracidad a las demás ¡Faltaría más!

No, no he visto "The artist" y no tengo pensado verla hasta que pasen unos meses, sobre todo, hasta que pase la resaca de premios que se avecinan. Pero sí he visto "El árbol de la vida" y sólo puedo decir: ¿dónde está la polémica?.

Sin duda alguna, medios y blogs han hecho una estupenda e impagable campaña publicitaria de la última película de Malick. Mientras las salas se llenaban (en algunos casos para vaciarse a los diez minutos) yo asisitía atónito a la película paralela que se formó y os puedo asegurar que visto desde fuera (desde la butaca de los que decidimos esperar), fue de lo más entretenida.

Leí todos y cada uno de los artículos (en prensa o en blogs) que se pusieron a tiro sobre "El árbol de la vida" y en muy pocos (podríamos decir que la cantidad fue anecdótica) encontré referencia alguna al trabajo anterior de Malick. Si estuviéramos ante una filmografía de 30 títulos lo entendería, pero lo teníamos muy fácil amigos: Terrence Malick, hasta la fecha, sólo tiene (con "El árbol de la vida") 5 largos. Yo había visto todas sus películas, así que traté de poner la mente en blanco y descubrir qué ocurría.

Desde el primer segundo me quedé literalmente fascinado.

"El árbol de la vida" es una película muy coherente con la trayectoria de su director, que conserva sus señas de identidad estilística (la voz en off, la maravillosa fotografía y la importancia de la música ) pero dando un pasito más al emplear los actuales medios técnicos para componer bellísimas escenas (sí, me refiero a la parte "documental" de la película). Los distintos planos narrativos a través de monólogos internos y esa increible cámara subjetiva que invita a (re)descubrir la grandiosidad de la naturaleza.

El argumento. Supongo que aquí radica el foco de la polémica. Yo sinceramente opino que de nada sirve disertar sobre los motivos, las intenciones, las pretensiones de Malick en "El árbol de la vida" porque creo que está hecha, precisamente, para que cada uno saque las conclusiones que considere más oportunas en función de sus creencias (no sólo religiosas, no caigamos en lo fácil). Aunque la primera frase que oimos es "hay dos caminos que puedes seguir en la vida: el de la naturaleza y el de lo divino" quedarnos sólo con la parte ciencia vs. Dios sería desperdiciar mucha película a pesar de que Malick se moje (sino a qué viene presentarnos la teoría del Big Bang). La infancia, la pérdida de la inocencia, el miedo, el dolor, la maldad, la bondad, la madre, el padre, los hermanos, la naturaleza, la violencia, la religión, la muerte....Tenemos un amplio catálogo de temas y subtemas en "El árbol de la vida".

Yo confieso que me emocioné con algunas secuencias de "El árbol de la vida", sobre todo aquellas que me transportaron a mi infancia, y también confieso que me quedé bastante pensativo cuando terminó, pero no porque tratara de descifrar la película, sino porque me ayudó a realizar un ejercicio de introspección. Entiendo que para muchos la película sea tediosa, pesada, lenta e, incluso, incomprensible. Lo que ya no entiendo es que tratándose de Malick la gente esperara encontrarse con puro cine de entretenimiento.

Y aquí enlazo con el principio: no nos dejemos camelar ni tampoco ayudemos a crear campañas publicitarias sustentadas en humo (y no me refiero a "The artist" porque no la he visto). Somos espectadores, y, por lo tanto, libres para ir en contra de la crítica, de la mayoría, de la minoría, de los premios.... Confieso (y ahora sí me refiero a "The artist") que hace unas semanas tenía mucho interés en esta película neo-muda pero cuando supe que detrás estaban los Weinstein comenzó a olerme a tongo ¿Será que los oscars se acercan? Los que estais al tanto de los últimos gritos musicales entenderán la comparación. El bombo y platillo de "The artist" me recuerda al de Lana del Rey: no había salido el disco y medio globo ya hablaba de ella e, inevitablemente, escribiendo esto, ya me he unido a la tremenda e inexplicable campaña promocional de esta debutante.

Amén.

26/01/12

otras imágenes: mamita querida


Respondía yo a vuestros inteligentes, recurrentes y agradecidos (¿se me nota el peloteo? ejem!) comentarios sobre Davis y Hopkins cuando el amigo Calamarin de coolfrenesie me hizo reflexionar sobre la pregunta que planteaba:


Se atreverá alguien algún día a llevar la vida de Bette al cine...? ¿cuanto tiempo debería durar ese film, para contar tantas cosas importantes sobre la Davis?


Mi respuesta fue que, ya puestos, preferiría una miniserie de la HBO aunque tendríamos el eterno problema de siempre: ¿Quién resucitaría a Bette Davis? Porque sí, se trata de resucitar, o corremos el riesgo de caer en la parodia y la gracia se pierde en el camino. Entonces recordé a Faye Dunaway dando vida a Joan Crawford en esa especie de telefilm que aquí (creo) se llamó "Mamita Querida" y fue dirigida por un tal Frank Perry en 1.981.

"Mommie Dearest", su título original, narra la vida de la Joan Crawford madre y se basa en la novela (casi diríamos autobiografía) de su hija, que no he tenido ocasión de leer pero me temo debe ser aterradora (por lo que cuenta y por cómo lo cuenta).

Sin entrar en la calidad de la película, que poco interesa, sí es cierto que hay momentos en los que Dunaway es el vivo retrato de Crawford. También es cierto que asistimos a escenas aterradoras que, si fueron ciertas, sólo nos permiten concluir que Joan Crawford estaba algo desequilibrada (recuerdo la terrorífica pero, al mismo tiempo, desternillante escena de las perchas) y su hija fue una víctima de su estrellato.

En cualquier caso, para quienes no la hayáis visto, os dejo el trailer (presentado como un film de terror, ya me contaréis...) para que juzguéis el parecido, razonable o no, entre Dunaway y Crawford.




20/01/12

(la solterona) davis y hopkins: vieja amistad


En una ocasión leí (lo siento, no recuerdo dónde) unas declaraciones de Bette Davis en donde venía a restarle importancia a sus sonadas y sonoras trifulcas con Joan Crawford para confesar, justo a continuación, que si en realidad tuvo una enemiga real en Holywood esa fue Miriam Hopkins. Sé que sois muchos los que conocéis la vida de Bette Davis como la palma de vuestra mano, así que os pido que me rectifiquéis o ratifiquéis según sea el caso (y de paso me entero yo) porque aunque de lo que vamos a hablar hoy sea de las dos películas que hicieron juntas, sin querer evitarlo, saldrán a la palestra pormenores relativos a la tormentosa enemistad que mantuvieron.

Al parecer todo empieza a finales de los años 20, en la compañía teatral que dirigía el joven George Cukor en Nueva York, en donde ambas actrices coinciden por un pequeño lapso de tiempo (lo que allí ocurrió, lo desconozco por completo). Hopkins alcanzó el status de estrella mucho antes que Davis gracias a películas como "Dr. Jekyll and Mr. Hyde" (Rouben Mamoulian, 1.931). Con todo, no había abandonado el teatro, y en 1.933 protagoniza "Jezabel" en Broadway así que cuando años después se prepara la adaptación cinematográfica da por hecho que el papel será para ella. Como sabéis, esto no fue así. La historia cuenta que cuando Bette Davis consiguió su segundo óscar , Hopkins lloró desconsoladamente (¡quién sabe!).

Ese mismo año, 1.938, Miriam Hopkins firma un suculento contrato con la Warner por dos películas. La primera de ellas, "The old maid" (La solterona, 1.939) sería dirigida por Edmund Goulding y co-protagonizada por Bette Davis. El rodaje no fue fácil. Al parecer el primer día Hopkins apareció vestida con un traje idéntico al que luciera su compañera en "Jezabel" (W.Wyler, 1.938) y no contenta con ello, trató, durante todo el rodaje, de robarle protagonismo en las escenas compartidas.

"La solterona" promete mucho pero da poco. Una de sus frases publicitarias reza: " ¡Es una solterona amargada que me odia porque soy joven y atractiva y estoy enamorada!" Sí, estamos ante un melodrama, cuyo hilo argumental se sustenta sobre la relación, ora de odio, ora de amor, que tienen dos primas. (Atención: spoiler) Delia Lovell (Hopkins) está a punto de contraer matrimonio con un joven muy bien posicionado cuando recibe la noticia de que el gran amor de su vida ( George Brent) ha regresado de la Guerra Civil. Charlotte Lovell (Davis), secretamente enamorada de él, va a recibirlo a la estación y le ruega que no impida esa boda. Como era de esperar, Charlotte y el ex-novio de su prima tienen un escarceo del que nace, en la clandestinidad, Tina, quien crece ignorando que su madre es la misma persona que regenta un orfanato para huérfanos de la guerra. El paso de los años agria el carácter de Charlotte, quien no puede confesarle a su hija que ella es su verdadera madre para no arruinar su futuro, accediendo, incluso, a que su tía Delia, ya viuda y muy bien posicionada, la adopte legalmente para que pueda casarse con el heredero de una de las mayores fortunas de la ciudad.

Sí, queridos confesos, un culebrón....

El problema de "La solterona" estriba en que las tiranteces que tienen las primas (ya no sólo por la educación de Tina sino por las puñaladas pasadas y presentes) no se resuelven en pantalla. No se entiende cómo no se saca más partido al duelo interpretativo de ambas actrices, ya que creo que podríamos haber tenido un par de escenas de esas que se convierten en antológicas. Por otra parte, el tiempo avanza rapidamente a través de fundidos en negro. Vemos como la niña se hace mujer, vemos como Charlotte envejece inexorablemente y se convierte en una solterona de libro y vemos como Delia permanece intacta (nótese la ironía). Aunque estamos hablando de dos grandes actrices, sus interpretaciones quedan un poco deslucidas por estos motivos y si tuviéramos que valorar a ambas, creo que Davis está mucho más convincente que Hopkins, la cual abusa un poco a la hora de abrir los ojos y poner cara de circunstancias.

"La solterona" fue un taquillazo. La Warner explotó la rivalidad entre ambas actrices, las cuales, con bastante sentido del humor, permitieron que se les tomara la fotografía que veis arriba, junto a un Goulding aparentemente desesperado.

Miriam Hopkins estaba casada con el director ucraniano Anatole Litvak. Ella estaba convencida de que entre él y su enemiga había algo más que un "hola, cómo estás". No es muy probable que esto fuera verdad, ya que en 1.939 Davis pasaba su tiempo con Wyler, pero sí hay constancia de que en 1.940, con el matrimonio Litvak ya disuelto, hubo un pequeño affaire que, sin duda alguna, ayudó a acrecentar el odio que Hopkins sentía hacia Davis (sobre este capítulo pido la inestimable ayuda de los cronistas rosas).

Aunque se piense que la Warner quiso repetir fórmula con "Old Acquaintance" ( Vieja amistad, 1.943) no es así. Como en otras muchas ocasiones, a Davis le llegó el guión de rebote, después de que Rosalind Russell e Irene Dunne lo rechazaran. Cuando a Warner le nombraron a Miriam Hopkins para acompañar a Davis (se dice, se cuenta, se rumorea) exclamó: "¡Sí, esa es una auténtica zorra!" Para la dirección ¿quién mejor que Edmund Goulding? Al fin y al cabo ya había lidiado con ambas actrices....Sin embargo, poco antes de empezar el rodaje sufrió un ataque al corazón y como Hollywood no espera a nadie fue sustituido por Vincent Sherman. (Warner nunca se creyó lo del ataque. En realidad estaba convencido de que lo había fingido para no soportar, nuevamente, a las grandes enemigas).

Comienza el rodaje y, nuevamente, Hopkins quiere su lugar. Davis desconfía al principio del proyecto. Además del odio que se profesaban las actrices no había trabajado antes con Vincent Sherman y, como sabéis, Bette tenía que controlarlo todo. Después de haber visto las primeras tomas se queda más convencida y se pone manos a las obras. Una buena mañana, durante el rodaje, Miriam Hopkins está saliendo de la bañera cuando pisa una pastilla de jabón, cae al suelo y se parte una oreja. Veredicto: "Bette Davis me quiso asesinar".

"Vieja amistad" es, al parecer, un drama (para mí es una comedia) con momentos francamente divertidos. Kit Marlowe (Bette Davis) regresa a su pueblo natal convertida en una escritora de éxito. Allí la espera su mejor amiga, Millie Drake (Miriam Hopkins) quien está felizmente casada con Preston Drake (John Logan). Poco a poco comenzamos a ver cómo Millie, siempre quejándose y victimizándose, desea imitar a toda costa la vida de su amiga, convirtiéndose en una escritora de novelas pret-a-porter de éxito.

Aquí sí nos encontramos ante dos interpretaciones notables. Ambas actrices se dan la réplica a la perfección. Frente a una Bette Davis con un personaje comedido, comprensivo, que ante todo quiere a la amiga, con independencia se sus actos, Miriam Hopkins interpreta al ego, la vanidad, el exceso. Está sobreactuada porque tiene que estarlo. El momento cumbre llega cuando Kit, harta tras aguantar durante años las tonterías de su amiga, decide tomar cartas en el asunto. Estamos ante una de las escenas más memorables del cine, no tanto por lo que implicaba en la historia, sino por la trastienda.


Ese día el plató estaba lleno de gente. Nadie quería perderse el momentazo. Pero Hopkins no quiso darle el gusto a una audiencia ávida de venganza y, como habéis visto, se convirtió en un auténtico muñeco de trapo al servicio de Bette Davis. La escena quedó más cómica que dramática pero no desentona con el espíritu de la película ¿No es genial?

Yo confieso: más de una vez he querido hacer eso.

Feliz fin de semana!!!

12/01/12

yo confieso: yo confieso


Hace unos días, mientras esperaba a que el azar me soprendiera con una película ya vista pero que necesariamente había que volver a ver, me encontré con "Yo confieso" (Alfred Hitchcock, 1.953) y me pregunté: ¿es posible que no haya reseñado "Yo confieso" en YO CONFIESO? Pues sí, totalmente posible, así que vamos a subsanar este "olvido" y retomar, de paso, el cine propiamente dicho, que ya llevábamos tiempo perdiéndonos con crónicas amarillas y rosas (tranquilos, cuando mis informadores me suministren nuevos y jugosos detalles de las celebrities os los comunicaré) y corríamos el riesgo de convertirnos en una sucursal de Louella Parsons en esta dimensión en la que tratamos de vivir.

Yo confieso que "Yo confieso" es una película extraña en la filmografía de Hitchcock. Es cierto que nos hayamos de nuevo ante una transferencia de culpas, sin embargo, la novedad estriba, quizás, en el dilema moral que se introduce en la trama y que lejos de atormentar al protagonista (que tiene muy claro su silencio) atormenta más a un público que no comprende porque no confiesa.

Tratando de no hacer un tragalenguas con el verbo "confesar", comencemos a confesar qué se confiesa y qué no se confiesa en "Yo confieso".

La película arranca con un asesinato y un asesino que, con sotana, escapa de la escena del crimen cuando dos jovencitas pasan por delante del lugar de los hechos. No olvidemos que Hitchcock nos ha llevado a la escena del crimen siguiendo unas flechas en donde se puede leer la palabra "direction" ¿Nos conduce al hecho delictivo o nos advierte de que vamos a presenciar una historia sobre la rectitud moral? Pronto, muy pronto, sabemos lo que ha ocurrido: el asesino, un emigrado alemán de nombre Otto Keller (Otto E. Hasse) y que ejerce como sacristán en una iglesia de Québec, ha matado al abogado Villete después de que éste lo haya soprendido robando. Keller confiesa todo ante el padre Logan (Montgomery Clift) que se verá obligado a guardar secreto de confesión. Por su parte, el padre Logan estaba siendo extorsionado por Villete, quien sabía que, antes de ser ordenado sacerdote, había mantenido una relación con Ruth Grandford (Anne Baxter).

"Yo confieso" posee casi todas las marcas de la casa. Desde la (prematura) aparición de Hitch hasta las dicotomías entre cámara y diálogos ( la escena del desayuno en donde nos interesa más la actitud de la encubridora mujer de Keller que el diálogo entre los curas, por poner sólo un ejemplo). Pero decimos casi porque la gran carencia que presenta la historia es la ironía. Y aquí radica, quizás, el pero de la película, reconocido por el propio director: " Al tratamiento del tema le faltaba humor y sutileza. No quiero decir con esto que hubiera sido necesario introducir más humor en la película, pero, personalmente, debiera haber introducido más en mi manera de contarlo, como en Psicosis: una historia seria contada con ironía" ("El cine según Hitchcock". Francois Truffaut).

Por otra parte, las imprecisiones en el guión (entiendo que bastante asumidas por el propio Hitch) no permiten entender por qué el sacerdote no quiere confesar un hecho pasado (un romance) que, quizás, perjudicaría más a su "amiga" que a él mismo, sobre todo cuando conocemos por boca de Ruth Gordon que su actual marido es conocedor de una historia que a nosotros se nos presenta a través de flashbacks.

Yo confieso que si bien es cierto que a "Yo confieso" le falta ironía también lo es que le sobra sutileza porque el crimen parece plantearse como una excusa para adentrarse en el pasado (¿oscuro?) de un sacerdote que antes de tomar sus votos tuvo una vida, sin embargo ese pasado nos parece insustancial y poco pecaminoso (quizás para el público de 1.952 fuera más que suficiente). En resumidas cuentas a lo largo de la película no sabemos si nos hayamos ante una película en la que hay que descubrir al verdadero asesino o ante una historia de amor prohibido, porque lo que sí parece claro es que no nos hayamos ante una historia en la que su protagonista se siente atormentado por un dilema moral pues en todo momento el padre Logan tiene clara su postura. Al final hasta el título nos parece engañoso porque confesión, lo que se dice confesión, no hay por ningún lado.

Rodada en blanco y negro y haciendo especial hincapié en planos contrapicados de santos edificios, todo ello para acrecentar la sensación de agobio, a priori "Yo confieso" es una película que puede despertar morbo, pero a medida que avanza se va desinflando y se vuelve algo tediosa. Y aquí radica la extrañeza que me produce el film, porque conociendo la filmografía de Hitchcock creo que posee todos los ingredientes para, al menos, facturar una obra irónica y entretenida. Aún así, podemos disfrutar en ella de fantásticos planos (100% cine) y de una gran interpretación por parte de Clift, siempre tan resuelto en papeles de gran contención.




10/01/12

me han traído un munchkin!!!!


Sí, sí, cómo lo veis, o mejor dicho, cómo la veis, una munchkin de nombre Kelly perteneciente a la cofradía de la canción de cuna. No os voy a contar la cara que se me quedó cuando abrí el paquetito y lo agradecido que le estoy a SS.MM los Reyes Magos de Oriente porque sé que han movido Roma con Santiago para conseguir que mi sueño se hiciera realidad.

Gracias, gracias, gracias! He debido de ser muy bueno!

Queridos confesos: ahí fuera hay un mundo extraño pero tentador repleto de munchkins de barbie. Avisados y prevenidos quedáis. Ellas se llaman Kelly. Ellos se llaman Kenny. También hay Dorothys, Glindas, brujas malas, hadas buenas, hombres de hojalata, espantapájaros, leones....y todo de barbie, claro está.

Ahora me debato entre seguir la colección o comenzar la carta para las siguientes navidades, porque he visto una barbie-tippi hedren con pájaros en la cabeza que me ha dejado sin palabras.

¿Qué poco explorado tenía yo este mundo! Con lo feliz que está uno viviendo en la ignorancia....


02/01/12

títulos de crédito

Triste pero cierto. No comenzamos el año haciendo una nueva confesión, más bien todo lo contrario, volviendo a confesar una y otra vez lo que nos gustan en "yo confieso" los títulos de crédito. Mea culpa. Pero no cualquier secuencia inicial es digna de admiración, no, no. Hay títulos y títulos y, por ende, diseñadores y diseñadores. Lo que ocurre es que salvando a la Reina Madre de la disciplina, oséase, al venerado Saul Bass, pocos (o ninguno) nombres propios son tenidos en cuenta a la hora de poner en el lugar que le corresponde a esta parte de la película - sí, forman parte de la película, claro que sí - que debería tener su propia categoría en cualquier certamen cinematográfico. Ahí queda la sugerencia.

Pongamos pues nombres y apellidos a todos esos artistas (que lo son) que con su talento e ingenio revolucionaron ese microcosmos llamado "títulos de crédito" y que también tiene su historia.

Hace años, muchos años, cuando el cine sonoro todavía gateaba, la mayoría de los títulos de crédito se pintaban con pincel sobre fondos estáticos, era un trabajo artesanal y, por lo tanto, hecho por artesanos que se limitaban a enumerar el elenco artístico y técnico de la película. Con un poco de suerte, en el Hollywood más dorado, se podían encontrar secuencias de crédito insertadas sobre paisajes u otras imágenes más o menos sugerentes e, incluso, algún asomo de originalidad, y decimos sólo originalidad, porque si bien es cierto que unos títulos de crédito han de ser atractivos, también lo es que han de ser funcionales. Lo mismo ocurría con la tipología de las letras empleadas: habría que esperar casi tres décadas para comenzar a dotar de personalidad propia a ese conjunto de caracteres que unidos formaban nombres, apellidos, disciplinas y, claro está, títulos.

Para ser justos, encontramos los primeros atisbos de esa funcionalidad en la época del cine mudo, y más concretamente en la colosal "Intolerancia" (W.D. Griffith, 1916) que con ese majestuoso prólogo, supone un antecedente de lo que años más tarde sería la auténtica finalidad de la secuencia de creditos: anticiparle al respetable el sentido y fin de la película. En consecuencia, en "Intolerancia" se presentan una serie de imágenes y palabras que van contextualizando históricamente los fotogramas que el espectador va a disfrutar. (aviso: no necesitais ver los 20 minutos de video, sólo unos minutos para entender el antecedente que creó "Intolerancia")




También es justo, antes de llegar a la "Primera Revolución de los Títulos de Crédito" mencionar esas películas de fantasía y horror de los años 20 que, como "King Kong", condicionaban al público para pasar un mal rato, o los progresos que en el campo del diseño gráfico consiguió Walt Disney.

Pero como muy bien sabeis, queridos confesos, es Saul Bass el que se erige como auténtico transgresor en la materia cuando en 1954 Otto Preminger le encarga la antesala de "Carmen Jones". Aquí no tenemos querencia hacia Saul Bass, tenemos lo siguiente, pero no es necesario explayarse en los logros y virtudes de Bass, pues ya lo hemos hecho, en su día, aquí. Con este genio se abre la veda para esas joyitas que durante los últimos 50`s y la década de los 60´s nos dejó el cine, y con él se puede decir que se crea esta disciplina artística como categoría con personalidad propia.

Presententemos pues, sin más dilación, a algunos de los creadores más emblemáticos de la primera era dorada de los títulos de crédito.

Maurice Binder

Es Stanley Donen quien le da su primera oportunidad en el diseño de los títulos de crédito al encargarle los opening titles de "Indiscreta" (1958), pero es su trabajo en "The grass is greener" (Stanley Donen, 1960) el que atrae las miradas de los responsables del Agente 007 y así, en 1962, crea la marca de la Casa Bond para la posteridad (o eternidad) con los títulos de "Agente 007 contra el Dr. No" (Terence Young). La genialidad de Binder no radica en haber creado los títulos de crédito de varias películas de la saga sino en haber creado una imagen de marca de 007.
Con Binder comienza la era pop del diseño gráfico y a él también le debemos una de las secuencias iniciales más recordadas, la de "Charada" (Stanley Donen, 1963) obra cumbre de la animación abstracta y continuada por Binder con títulos como "Arabesque" o "Kaleidoscope"

Si bien es cierto que no tiene muchos títulos en su haber (su carrera se dirigió más hacia el diseño gráfico) sí es necesario mencionar como sucesor de Binder en alguna de las películas de 007 a Robert Brownjohn artífice de los títulos de "Desde Rusia con amor" (1963) y "Goldfinger" (1964), muy inspiradores para la posteridad al proyectar sobre cuerpos imágenes y letras. Aunque su trabajo fue continuista con la psicodelia que despuntaba en los 60´s sí aportó originalidad y trangresión a la disciplina.



Pablo Ferro
" En un segundo caben, por lo menos, 24 ideas,
porque para triunfar siempre es necesario contar una historia"

Este americano de origen cubano, todavía en activo a sus casi 77 años, comenzó a tomar fuerza con el diseño de los títulos de "Dr. Strangelove" (Stanley Kubrick, 1964). Considerado un genio por el propio Kubrick, a Ferro le debemos la técnica quick out (corte rápido) consistente en un vertiginoso montaje de imágenes y tipografías manuales y que más tarde utilizaría la MTV como emblema de la cadena. Precisamente, esta tipografía imperfecta y manual es uno de sus sellos característicos: ignorando los avances técnicos a su disposición, Ferro ralla las letras directamente sobre el fotograma hasta alcanzar, casi, la inelegibilidad. Otra marca de la casa es la multipantalla, muy empleada a finales de los 60´s y que podemos ver por primera vez en "El caso de Thomas Crown" (Norman Jewinson, 1968).



Con permiso de Bass, Ferro es un pilar fundamental en el diseño de los títulos de crédito, capaz de poner al servicio de la secuencia inicial el poder de la música y de sintetizar el trabajo del director en un minuto. Sus trabajos son, en muchos casos, auténticas minipelículas con una poética y un lenguaje propios. A pesar de sus señas de identidad, yo confieso que Pablo Ferro me parece uno de los diseñadores más eclécticos del panorama. El maravilloso lirismo de "Dr. Strangelove", la "modernidad" de "El caso de Thomas Crown", el manejo de la tipografía de "Bullitt" (Peter Yates, 1968) o la locura del trailer promocional de "La naranja mecánica" (Stanley Kubrick, 1971) por poner sólo cuatro ejemplos, son una buena muestra de ello.

Recientemente se ha hecho un documental sobre su trabajo en el que caras muy conocidas del séptimo arte ofrecen sus opiniones mientras animaciones hechas por el propio Ferro van jugueteando en la pantalla.

Mención aparte merece Stephen Frankfurt por su anecdótica (sólo se le conoce este trabajo) pero imborrable huella en la historia de los títulos de crédito pues a él le debemos uno de los trabajos más poéticos y, a la vez, funcionales de la historia del cine, los de "Matar a un ruiseñor" (Robert Mulligan, 1962), capaces de condensar en poco más de dos minutos la maravillosa sensibilidad que desprende la película.

A finales de los 60´s se acaba la era dorada de los grandes diseñadores y comienzan a surgir los herederos y alumnos de algunos de los genios a los que muy justamente les hemos dedicado esta primera entrada del año. Pero esa será otra historia...

Feliz año nuevo a tod@s!

pd.: No, no me han traido ni un sólo munchkin :-(