
Hace unas semanas, la compañera
Clementine hacía un detallado (como todos sus posts) repaso de las adaptaciones cinematográficas de Tennessee Williams y pude comprobar, casi asustado, yo confieso, que todavía me faltaban muchas películas por ver. Evidentemente había visto las míticas, las que todos hemos visto, pero había algún título que se me había escapado.
Manos a la obra pues (sigo en ello) me puse a buscar y buscar para ir acortando la lista de tareas pendientes. Hoy abordaré (esa es la palabra) dos de ellas: La primavera romana de la Sra. Stone (José Quintero, 1961) y Propiedad Condenada (Sydney Pollack, 1966).
La primavera romana de José Quintero es, para mi gusto, eso, una primavera romana de este director teatral que con su primera y última incursión en el cine adapta la novela de Williams contando, para ello, con Vivien Leigt. Los ingredientes parecen augurar una película interesante. Además de Vivien (de la que presuponemos una interpretación redonda) la temática se nos antoja interesante para la época. La Sra. Stone, una afamada actriz cercana a los 50 que ve como su decadencia profesional y personal están llamando a la puerta de su camerino, se queda viuda repentinamente, por lo que decide alejarse de todo y todos refugiándose en Roma. Allí, a través de la Condesa Magda ( Lotte Lenya), la cual posee una red de gigolós para las mujeres de la alta sociedad, conoce a Paolo DiLeo (Warren Beatty) un hombre mucho más joven que ella que sólo busca dinero.
Este es el planteamiento inicial pero ¡ays! no llega a calar en el espectador. Ni la historia de Williams, ni los exteriores romanos, ni el sobreactuado Beatty (aún reconociéndole el esfuerzo por imitar el acento italiano) consiguen, para mi gusto, levantar la película. Quizás por inexperiencia del director; quizás por un guión ineficaz y, en algunos momentos, carente de interés; quizás porque abunda el cartón piedra en los interiores; quizás porque la música a veces sobra; quizás porque los planos son monótonos.... No lo sé. Sólo Vivien Leight consigue salir airosa pero con reservas.
El personaje de Karen Stone es muy jugoso: una actriz madura, retirada más por miedo que por convicción, que le da una nueva oportunidad al amor con un gigoló, y que se esconde en Roma creyendo que así también se esconde de sus propias miserias. Promete pero no llega a cuajar quizás por una equivocada dirección de actores. O quizás por las circunstancias vitales de Vivien Leight, que acababa de atravesar una de sus crisis. Con todo sigue teniendo la misma presencia que años ha (ayudada por el vestuario de Balmain), y esa mirada similar a la Blanche de "Un tranvía llamado deseo" que quizás, en este personaje, no sea necesaria, pero sí le confiere ese halo de desesperación. Por otra parte, Beatty no está a la altura por mucho que despliegue todas las clases tomadas en el Actors Studio.
Propiedad Condenada, segunda película de Sydney Pollack y primera de sus muchas colaboraciones con Robert Redford, está protagonizada por Natalie Wood o, al menos, es la actriz resaltada en los títulos de crédito dejando para el casi debutante Redford el primer lugar del co-starring junto a Charles Bronson, Kate Reid y Mary Badham (sí, la niñita de "Matar a un ruiseñor" pero en versión preadolescente).
Con guión adaptado por (entre otros) Francis Ford Coppola (aquí sólo Francis Coppola) "Propiedad Condenada" es un retrato de una madre sin escrúpulos que obliga a su hija Alva Starr (Wood) a mantener buenas relaciones con hombres bien posicionados para poder mantener la pensión que aloja a los trabajadores del ferrocarril de Dodson (Mississippi). Un buen día llega al pueblo y a la pensión Owen Legate (Redford) para hacer un ajuste de plantilla y despedir a la mayoría de los trabajadores del ferrocarril. Al final, la relación entre Wood y Redford será la que termine absorviendo el protagonismo de una película bastante poliédrica en sus inicios pero irregular en su intensidad.
Para empezar, la película comienza desvelando practicamente el final. Es Mary Badham, encarnando a la hermana pequeña de Natalie Wood, la que comienza a narrar la historia de por qué esa propiedad (la pensión) está condenada y de lo que ocurrió para llegar a tal situación.
Hay química entre los protagonistas, los guapos Redfod y Wood, que quedan de maravilla en cámara y están perfectamente fotografiados (por James Wong Howe), sobre todo ella, con unos primeros planos como yo nunca he visto de Natalie Wood. Sin embargo su personaje nos recuerda en ocasiones a la Dennie Loomis de "Esplendor en la hierba" y esto, yo confieso, no es bueno. Redford está correcto, sin más, en un papel que le sienta como anillo al dedo. La joven Badham sigue siendo la misma niñita del ruiseñor pero con más años y la madre de Alva, Kate Reid, derrocha con maestría ordinariez. Charles Bronson, por su parte, sin pistolas no es nadie. Y aquí radica uno de los grandes "peros" de la película; el guión. Mal desarrollado no permite ahondar en las personalidades de los personajes, sobre todo los secundarios, por lo que a veces no entendemos muy bien qué finalidad tienen determinados diálogos. Además de el the end, torpe y precipitado, falta intensidad dramática, más si hablamos de una adaptación de Williams.
Pollack, por su parte, ofrece algún movimiento de cámara interesante en el acercamiento a los personajes pero no es, todavía, el Pollack de "Danzad, Danzad malditos" o "Memorias de África".
dimes y diretes
Durante el rodaje de "La primavera romana de la Sra. Stone" Warren Beatty mantenía una relación con Joan Collins, la cual no se perdió ni un día de rodaje, atenta, en todo momento, a los movimientos de su chico. Un día Vivien Leight se acercó a ella y le dijo:
- Querida, no debes tener celos, es totalmente imposible que tengamos algo. Yo estoy enamorada de Jack (Merivele) y él de tí. Ni siquiera me cae bien....
A lo que Joan Collins respondió:
- No tengo celos de él, tengo celos de tí. Trato de acercarme todo lo posible para aprender de tí todo lo que pueda. Eres una actriz increible.
Vivien estalló en una gran carcajada y durante todo el rodaje la relación entre ambas fue muy amistosa.