29/09/11

bonnie&clyde: epílogo


Antes de las 10 nominaciones, los dos oscars y el honor de convertirse en un film de referencia dentro del género, Bonnie&Clyde (Arthur Penn, 1967) atravesó numerosas vicisitudes, tanto durante su producción como durante su exhibición.

El empeño de un Warren Beatty que además de protagonista ejercía como productor de la cinta, fue, quizás, una de las bazas más importantes para que Bonnie&Clyde viera la luz. Y es que la empresa no se presentaba nada fácil.

Junto a Beatty, Faye Dunaway, Estelle Parsons (mejor oscar como actriz secundaria) Gene Hackman y Michael J. Pollard, recreando, todos ellos, la banda de intrépidos forajidos que tuvo en vilo a las autoridades de varios estados a comienzos de los años 30. Y todos ellos dirigidos por la atenta e inteligente mirada de un Arthur Penn que convertiría Bonnie&Clyde en una de las obras maestras de la década de los 60.

Pero el resultado del público no fue el esperado. La inusitada violencia (extrema, la llamaron algunos) con la que Penn y su director de fotografía, Burnett Guffey (ganador del segundo oscar de la cinta) retrataron la historia de la pareja de criminales más célebre y romántica de la historia, no gustó nada en Estados Unidos, provocando un cisma dentro de la crítica especializada. Sin embargo, en Europa Bonnie&Clyde surtió el efecto contrario. A modo de nota anecdótica, sólo en el otoño de su estreno, en el viejo continente se vendieron decenas de miles de boinas similares a la que Faye Dunaway lucía en la película. La inesperada buena acogida que el trabajo de Penn y Beatty cosechó en el viejo continente sirvió para darle una segunda oportunidad en los cines americanos. Esta vez, el éxito fue rotundo. Esta vez, Warren Beatty había cumplido uno de sus sueños.

Cuando fui yo el que decidió llevar a cabo uno de sus sueños, abrir una tienda (arriba el logo que creé para ella), tuve claro que el cine debería estar muy presente en ella. Al fin y al cabo abrir y estar en una tienda es una verdadera película: yo confieso. La historia del rodaje de Bonnie&Clyde y su posterior acogida me parecieron lo suficientemente adecuadas para crear otro Bonnie&Clyde. Además de la pared para fotografiar detenidos, que es la seña característica de este espacio desde el que escribo la mayoría de mis confesiones, los originales Bonnie&Clyde presiden la entrada al probador. Libros de cine se mezclan entra la ropa junto a horarios con toques cinéfilos, publicidad con olor a celuloide, escaparates con algún guiño.....El cine siempre ha estado presente, incluso ahora, en donde una imagen de Warren Beatty y Faye Dunaway acribillados anuncian una liquidación por cierre.

Hoy cumplo 3 años y hoy comienza el epílogo de esta aventura. En menos de un mes Bonnie Parker y Clyde Barrow serán acribillados sin piedad en un cruce de carreteras. Sin embargo yo podré decir que un día realicé uno de mis sueños.

Y una nueva película comenzará....


"Tenemos los dos una buena coartada"
Poema de Bonnie Parker


21/09/11

mildred pierce:alma en suplicio


Cuando hace unos meses leí que la HBO preparaba la versión televisiva de Mildred Pierce (Michael Curtiz, 1945) yo confieso: me eché a temblar, a pesar de que, viniendo de la HBO, seguramente sería un producto de calidad. No me equivocaba. Temblé ¡vaya si temblé! pero de placer: la HBO se había sacado de la manga una Mildred Pierce 2.0 que lejos de ser un remake de la película protagonizada por Joan Crawford era algo nuevo, bellísimo y delicioso. Con Todd Haynes como director de orquesta y Kate Winslet en el papel protagonista, la miniserie es una joyita que deja a un lado el cine negro para convertirse en un melodrama de tonos cálidos y ambientaciones exquisitas, con una fotografía y una dirección artística sublimes y unas interpretaciones que no defraudan. Si no la habéis visto ¡ya estáis tardando! Aquí os dejo el trailer para ir abriendo boca ( y ojos).

En más de una ocasión he hecho referencias a la "Mildred Pierce" de Michael Curtiz, bien sea para hablar de hijas odiosas/madres coraje, bien sea para proclamar a los cuatro vientos que siempre me ha gustado más que "Casablanca" (sin tener nada que ver una con la otra), pero nunca le había dedicado el tiempo que merece. Después de ver la serie (mucho más fiel a la novela de James. M. Cain) decidí volver a Curtiz. Así que vamos allá.

La grandeza de "Mildred Pierce" (o "Alma en suplicio", título con el que llegó a España y que, sin que sirva de precedente, yo confieso, me parece muy acertado) es que consigue conjugar a la perfección todos los ingredientes del cine negro y todos los ingredientes del melodrama. Ergo ¿ nos encontramos ante un melodrama negro? Pues ignoro si existe el género como tal, pero me permito esta licencia porque el noir y todas sus reglas quedan más que patentes en el presente perfecto de la historia para ser abandonadas en favor de la luz cuando, a través de flashbacks, vamos descubriendo por qué Mildred Pierce está en una comisaría.

Parafraseando otra película, "La boda de Muriel", tan pronto aparece Joan Crawford ( y su visón) pensamos casi inconscientemente "Has sido mala, Joan" y es que ¡Cuánto daño puede hacer alguna película a la reputación de un personaje! La pobre Mildred aún no ha abierto la boca y nosotros ya la estamos acusando de asesinato. Pero es que es Joan Crawford ¿Qué pretendía Curtiz? ¿Que pensáramos que era un angelito? Pues no. Así que la vemos en esa comisaría agobiante, oscura, en donde suenan teléfonos, máquinas de escribir, puertas...y Mildred aguanta el tipo (y el visón) con la falsa dignidad que sólo las malas malísimas pueden enarbolar. Los primeros planos de su cara parcialmente iluminada, ese rostro que apenas se inmuta, nos ayudan a acrecentar nuestras sospechas. Los planos secuencia de la comisaría, de los sospechosos que entran y salen, quizás cómplices los unos de los otros, esos techos claustrofóbicos, esa oscuridad tenebrosa por el humo de los cigarros, las sombras, las luces....En definitiva, vemos un film noir (que dicen los entendidos).

Pero Mildred comienza a contarle al detective su historia. Y se hace la luz. Comienza el melodrama: Mildred Pierce es una madre que se desvive por sus hijas. Quiere darles todo aquello que ella nunca tuvo, incluido un status social que la mayor de las hermanas, Veda (Ann Blyth) quiere conseguir a toda costa. Nunca ha existido una hija tan odiosa como Veda o, yo confieso, nunca ha existido una actriz tan odiosa como Ann Blyth. Mildred progresa y deja de ser camarera para ser propietaria de su propia cadena de restaurantes. Pero la escalada empresarial (y económica) de Mildred es directamente proporcional a las exigencias y desmanes de su hija... Y hasta aquí voy a leer.

La película, por lo tanto, va transitando del cine negro al melodrama, de la luz a las sombras, adoptando todos y cada unos de los clichés típicos de ambos géneros. La música original de Max Steiner también transita entre claroscuros, ayudando a crear este melodrama negro, que juega con los primeros y medios planos en su parte negra para dejar al servicio del melodrama los grandes planos y exteriores. La inteligente utilización de los espejos a lo largo de toda la película es una especie de profecía sobre el destino de los personajes, que irán evolucionando hasta la gran catarsis, momento en el que se producirá una simbiosis perfecta entre cine negro y melodrama.

Joan Crawford (que por fin había sido liberada de su contrato con la MGM para trabajar a las órdenes de la Warner) consigue realizar una de sus interpretaciones más brillantes y por la que recibiría el único oscar de toda su carrera (supongo que iría a recogerlo con el visón). Kate Winslet, hace unos días, recogió un Emmy por su interpretación en la serie de Todd Haynes.

Ann Blyth se impone como la gran revelación de la película, quizás más por el personaje (al que terminas odiando sin ningún sentimiento de culpa) que por sus dotes interpretativas. En la miniserie de la HBO su papel lo interpreta magistralmente la reina de los vampiros de True Blood Evan Rachel Good.

Y junto a ellas, que llevan el peso de la película, un elenco de caras conocidas como Jack Carson, Eve Arden o la inolvidable (y encasillada) Prissy (Butterfly McQueen) de "Lo que el viento se llevó" y otras no tan conocidas (al menos para mí) como las de Zachary Scott o Bruce Bennett, pero que tienen su peso dentro de la trama.

Cine negro, melodrama, Joan Crawford (y su visón), Michael Curtiz, hijas odiosas, madres coraje, crímenes pasionales ¿necesitais más?




Quiero agradecer a los compañeros de La noche de los wasabis verdes fritos el premio que me han concedido: un WASABI (genial!) al mejor vestuario, como si no me gustaran a mí nada los trapitos...Gracias chicos!!!






19/09/11

cómo robar un millón


Cuando en 1.966 se estrenó "Cómo robar un millón" (William Wyler) la crítica estadounidense sentenció "agradable pero sin sustancia", sin embargo se preocuparon (y mucho) de eximir de toda culpa al director y a sus actores, centrando toda su (mala) crítica en un guión carente de realismo y a cargo de Harry Kurnitz (co-autor junto a Billy Wilder de "Testigo de cargo"). Claro - pienso yo - hacer una mala crítica a William Wyler en 1.966 obviando toda su trayectoria no debe ser una tarea fácil e, incluso, no sería cinematográficamente correcto. El mismo argumento podría ser empleado para juzgar la labor interpretativa de Hepburn y sus compañeros, entre ellos un Peter O´Toole que no sólo no se hace pequeño al lado de la ya icónica Audrey Hepburn, sino que se crece, por no hablar del selectísimo elenco de secundarios encabezado por Hugh Griffith y que incluía nombres tan importantes para la época como Eli Wallach o Charles Boyer.

Yo confieso: estamos antes un gran dilema a la hora de juzgar esta película, casi de magnitudes semejantes al que viven los protagonistas a la hora de planear y perpetrar el robo del siglo.

Existe unanimidad a la hora de posicionar la película en la categoría de comedia romántica, sin embargo hay peculiaridades que la alejan de los cánones que se esperan de una comedia. La más importante de todas es que no posee ese ritmo vertiginoso que se le presupone al género.

Para mí, yo confieso, la mayor de las peculiaridades de "Cómo robar un millón" se llama William Wyler. Estamos ante una comedia romántica realizada por William Wyler (director) en un momento en el que William Wyler (maestro) no debía demostrar nada a nadie. Y es precisamente por ello, por ese aventurarse en territorios no explorados, por lo que podríamos alabar su interés o curiosidad a la hora de encontrar y experimentar nuevos registros. El ritmo pausado que se alega en contra de la cinta es, para mí, un aliciente más que una objeción porque, en su conjunto, la película y la historia funcionan, por más que se tilde de guión insustancial (no todo iba a ser nouvelle vague en los 60, señores críticos).

Wyler y su director de fotografía, Charles Lang (Sabrina, Con faldas y a lo loco, Charada) se decantan por las panorámicas y los exteriores parisinos y reservan los primeros planos para introducirlos, casi abruptamente, en beneficio de lo que para mí es la gran protagonista de esta película: la ironía. Hay ironía en la música (un novato John Williams con una música puesta al servicio de la intención del film), hay ironía en los diálogos (Peter O´Toole diciéndole a Audrey Hepburn que le de un día de vacaciones a Givenchy), hay ironía en las interpretaciones (los guiños del protagonista al "estilo Cary Grant" son bastante evidentes; la secuencia en la que Audrey Hepburn se "impregna" del cuartucho en el que nace la historia de amor es una clara alusión a la Greta Garbo de "La reina Cristina"), hay ironía en el suspense (Audrey Hepburn tapándose la cara con un libro en el que aparece la cara de Alfred Hitchcock) y, sobre todo, hay una gran ironía en el tratamiento que se da del "negocio del arte".

Junto a la ironía, la historia de amor, también muy irónica, pero totalmente creible gracias a la química que desprende el tándem Hepburn- O´Toole.

Audrey consigue con su interpretación la sublimación (si me permitís la expresión) de mujer a icono en su última colaboración cinematográfica con Givenchy. Todos los modelos sin excepción llevan el sello Givenchy-Hepburn (hasta me atrevería a decir que incluso hay Givenchy cuando Hepburn está vestida de fregona) al que hay que añadir las joyas de Cartier. Si a ello le unimos los exteriores en París, el Ritz, el descapotable rojo... Pero más allá de la Hepburn icono ¡¡¡por fin!!!! Audrey tiene un compañero de reparto que no puede ser su padre. Por fin Audrey es un ser sexual, tímidamente sexual, pero sexual, y ella consigue imprimir a su personaje ese deseo sin perder la clase que por exigencias de guión, pero también por trayectoria profesional, le corresponde. Con todo, nos encontramos con una Audrey Hepburn cómica, que transita entre la responsabilidad de la que carece su padre y la locura que da el amor.

Peter O´Toole, por su parte, está como pez en el agua. Con un papel que parece escrito para él, se desenvuelve con soltura en la ambigüedad de su personaje, manteniendo la duda sobre sus verdaderas intenciones y, por lo tanto, sobre su verdadera naturaleza. ¿Es el chico bueno o es el chico malo?

Y junto a ellos todos esos actores secundarios que dan color ( y mucho) a una película elegante, totalmente visual, entretenida y que termina con una sonrisa en tu cara.




No puedo cerrar este post sin darle mis más sinceras felicitaciones a mi productor ejecutivo Alberto Ríos Mosteiro de lo pienso, lo escribo por la fantástica entrevista que le han hecho en La Voz de Galicia: amigo, tú lo vales!!







15/09/11

and the oscars goes to....you


No sé si ayer hubo una gala clandestina de oscars blogueros o qué ocurrió exactamente, sólo sé que el compañero Daniel de Cine Puro y la compañera SqS Maravillosa de Divas del Cine, tuvieron a bien otorgar un "premio" a "yo confieso" y, por extensión, a mí.

¡Muchísimas gracias a los dos! Con vuestras visitas y comentarios ya me siento totalmente premiado.

Ambos premios son diferentes, esto es, proceden de distintas cadenas, pero en ambos casos me otorgan la posibilidad de conceder 10 premios a los blogs que considere oportuno. En ambos premios también se indica que he de incluir una frase (en uno cinéfila, en el otro no necesariamente) y explicar por qué la he elegido.

Yo confieso: aunque lleve dos años en el mundo blog a veces me sigo sintiendo un poco novato. Comprobar que algo que he escrito puede suscitar un solo comentario ya me parece bastante premio. En cualquier caso, estos premios tienen trampa: conceder otros 10 premios. Así que aquí me tenéis, en modo decisióndesophie por un lado, y en modo, aquiénlepasoelmarrón por otro. Ergo, me siento bipolar.

Así que he decidido lo siguiente, ignorando si es "bloggeramente correcto": voy a conceder nosécuántos premios (creo que dispongo de 20) pero exonerando a los destinatarios de la obligación de que, a su vez, otorguen otros tantos. Muchos de los posibles "ganadores" que habitualmente visitan "yo confieso" ya han recibido su premio, por lo que no me parecería justo otorgarles otro. Hablo de compañer@s como Javi, Lala, Atticus, David Amorós, Isabel, Miquel, Abril, Jota, Mario, Sidhe, Susan, Emilio y, claro está, Daniel y SqS. Chic@s, me siento afotunado de compartir el premio con todos vosotr@s y vuestros exquisitos blogs. Yo también os concedería un premio y desde aquí sólo puedo agradeceros, por una parte, vuestros textos y, por otra, vuestras visitas y comentarios. Sois muy grandes!

Como a mí me gusta personalizar todo he decidido regalaros (a los citados y a los que citaré) una pequeña parte de mi otro gran vicio confesable: la fotografía. Espero que la foto que veis arriba (que subida aquí pierde bastante calidad, pero bueno...) que titularemos "acumulando luz", os sirva para encarar el otoño con fuerzas y sin sobresaltos, y cuando los casi terminales días de verano empiecen a desaparecer y la oscuridad protagonice las tardes noche, podáis contemplarla en busca de luz.

Procedamos pues a abrir los sobres después de una dura, durísima selección, pero antes la frase, que en este caso no es cinéfilia:

"Aprender a vivir con incertidumbre es el gran arte de vivir"
B.K.S. Iyengar.

Con los tiempos que corren, creo que sobran las explicaciones.

And the oscar goes to:


* Por ser una buena y gran iniciativa: a las compañeras de Zinéfilaz y por extensión, a sus blogs.
* Por sus relatos, que son cine puro: Antonio de Castro de Panama Blues
* Por su positivismo: no.me.pises.que.llevo.chanclas. de El reino de la música es el corazón
*Por el placer y el conocimiento que otorgan leer sus posts:Fernado Genovés de Cinema Genovés
* Por su valentía y sinceridad: Alforte de Mullholand World
* Por su buen hacer: los compañeros Bruja Truca y White Gold de 24 veces por segundo
* Por conjugar a la perfección moda, cine y fotografía: Calamarin de Cool Frenesí
* Por hacer que me sienta enamorado, sin estarlo: Ene de Birritas bajo el sol
* Por descubrirme nuevas imágenes: Lorenzo de El retronauta
* Por descubrirme nuevos decorados: PoeMa Bat Soilik de PoeMa Bat Soilik
* Por sus detallados análisis y conexiones: Clementine, de La gran pantalla
* Por sus "juegos" de versiones: Néstor, de Ideario de un "superehore"
* Por despertar siempre una sonrisa y mis pies: Raúl, de Interpreta-sones
* Porque siempre me gano un acre cuando lo visito: Roy Bean, de Ganarse un acre
* Porque tiene las cabeceras con más estilo de la blogosfera: Cinexim, de Cinexim
*Porque siempre es un gusto volver a Manderly: William de Baskerville de Retorno a Manderly

Bicos para tod@s!

13/09/11

cecil beaton


" Es torpe, es fea, su interpretación mecánica...Su piel es repugnante y como no se aplica suficiente maquillaje da la impresión de haber pasado la viruela. En vivo su aspecto es horrible...es inconcebible que continúe exhibiéndose en público".

Puede resultar contradictorio que la misma persona que afirmó que la belleza es la palabra más importante del diccionario pudiera escribir esa frase que muestra de todo menos belleza (al final descubriremos a quién iba dirigida para tratar de no perder objetividad sobre nuestro personaje). Pero tampoco debe extrañarnos si, como se dice, elegía a sus invitados por sus cualidades fotogénicas y hablaba de sus amantes como ornamentos hogareños, complementos de su preciosa decoración.

Cecil Walter Hardy Beaton (Londres, 1.904- Salisbury, 1.980), fotógrafo de realezas, celebridades y paisajes bélicos, era un esteta obseso y obsesionado, que había conseguido convertir en un escenario todo lo que le rodeaba. Bebía de la pintura y la escultura para crear un estilo propio siempre repleto de glamour pero también de dramatismo. Brando, Cooper, Monroe, Garbo, Dietrich, Wayne pero también Dalí, Picasso, Warhol, Jagger, los Windsor....fueron presas de su mirada, la cual se mantuvo en la vanguardia durante más de cuatro décadas.

Pero no sólo fue fotógrafo. Cecil Beaton encarnó una de las personalidades más renacentistas del S. XX: fotógrafo, decorador, escritor, diseñador, caricaturista, ilustrador, actor, escenógrafo... Según cuenta en sus memorias, a los 3 años decidió que quería ser fotógrafo cuando reparó en la postal de una actriz sobre la cama de su madre. Lo que comenzó como un juego terminó convirtiéndose en un contrato para la revista VOGUE que duró varias décadas.

Cecil Beaton y My Fair Lady

Cecil Beaton llega a Hollywood en 1.930 de la mano de Anita Loos y su marido. Allí es donde comienza a realizar fotografías de los actores y actrices más importantes de la época, con excepción de Greta Garbo que durante más de dos años lo esquivó para, finalmente, acabar siendo buenos "amigos". Entrecomillamos "amigos" porque uno de los grandes pecados de Beaton fue desvelar su relación (más que amistosa) con Greta Garbo: " Era la única vez que me había querido casar . Hubiera sido un logro. Ya lo era el mantenerse en contacto con ella (pero) no podía casarse. Insistía en que si lo hacía se sentiría como enjaulada. La idea del matrimonio la asustaba y puede decirse que alteró nuestra relación". Esta confesión supuso un distanciamiento con la actriz que sería solventado cuando Beaton comenzaba el epílogo de su vida.

Tras participar en multitud de películas como director artístico, a Beaton se le encomienda la tarea de crear la escenografía y el vestuario de "My Fair Lady" tras el apabullante éxito que su trabajo cosechó en la representación de Nueva York.

Beaton siempre consideró "My fair lady" como una película suya, afirmaba que, en cierto sentido, lo era, pero que él no era el director: " Cuando hice My Fair Lady sabía que me hallaba en mi mejor momento como creador. Podía echar mano de mis conocimientos - por aquel entonces bastante vastos - sobre historia, arte, fotografía, diseño, etcétera".

Y es que si el argumento de debía en último término a Bernad Shaw y la dirección a George Cukor, es justo reconocer que la estética y, por extensión, el espíritu de la película es obra de Cecil Beaton. Y ya no sólo porque él fue el responsable de los escenarios y el vestuario, sino que también influyó bastante en la fotografía y en la publicidad de la película. Como no podía ser de otra forma, todo este despliegue de talento provocaron unas más que sonadas desaveniencias con Cukor: " Hice varias fotografías de Ms. Hepburn, con su propio vestuario y el de otros actores. A Cukor le pareció que no era el momento ni el lugar, aunque lo era. No quería que su estrella estuviera cansada, que no lo estaba. Si lo consideró como una usurpación de su autoridad o no, es algo que nunca vi claro. Estaba enfadado, y en aquella medida de fuerzas salió como el ganador; Ms. Hepburn no tuvo más remedio que ponerse de su parte. Pero yo hice las fotos. Ms. Hepburn era una modelo ideal. Conseguí convencerla para que se quitase el pesado maquillaje de los ojos y desarrollamos lo que ella llamó su aspecto flamenco".

Cecil Beaton obtuvo 2 oscars por sus diseños y su dirección artística en My Fair Lady (ya poseía otro por su participación en Gigi de Vincente Minnelli) y se convirtió en uno de los protagonistas principales de fiestas y saraos.

Su genialidad está fuera de toda duda. De su humildad, yo confieso, no puedo decir lo mismo. En culquier caso fue una persona imprescindible en la evolución de la dirección artística del cine de Hollywood. Venenosa, en ocasiones, pero imprescindible.

Tras su muerte se encontaron tres fotografías en un cajón: una del multimillonario y mecenas Peter Watson; otra de su amante Kin y, por último, una fotografía de Greta Garbo. Quizás, al final de sus días, descubrió que toda aquella belleza que le obsesionaba se podía condensar en estas tres personas.


pd.: la primera frase de esta entrada va dirigida hacia Katharine Hepburn.




07/09/11

welcome to galicia


Hace unas semanas, los compañeros de welcome to galicia me invitaron a escribir un artículo sobre el lugar de donde procedo. Mientras lo escribía, precisamente allí, desde ese lugar, reflexionaba acerca de los conceptos de "pertenencia" y "morriña" y al mismo tiempo recordaba al George Bailey de ¡Qué bello es vivir! y su necesidad casi enfermiza de abandonar Bedford Falls para conocer mundo.

Como la Escarlata O´Hara que desea a toda costa regresar creyendo que encontrará la felicidad que un día dejó atrás, los que nos hemos ido - por unos u otros motivos - siempre volvemos tratando de encontrar Tara intacta, sin telarañas ni muros derruidos. Porque Tara es ser de, pertenecer a , venir de... Es raíz, es pasado, es arraigo, es querencia.

Esa obsesión tan humana como enfermiza de "pertenecer a", de saberse parte de un lugar, de conocer tu origen, es la que desencadena la morriña, tan presente en los gallegos pero, al mismo tiempo, tan universal.

George Bailey nunca pudo abandonar Bedford Falls. Yo sí. Pero a veces vuelvo, y para mi asombro descubro que no es Tara la que ha cambiado, sino yo. Y entonces pienso en Dorothy cuando dice " como en casa no se está en ningún sitio" y pienso que mientras no consiga convertirme en caracol y llevar mi propia casa a cuestas, la morriña seguirá llamando a mi puerta.

¡Qué le voy a hacer! Al fin y al cabo....soy gallego.


Si quereis leer esas tres pequeñas entradas sobre mi Bedford Falls o mi Tara particulares, aquí teneis la primera, la segunda y la tercera. Y perdonad el "cambio de tercio".


05/09/11

breve encuentro 2.0


Quizás, si hoy se rodara "Breve encuentro" (David Lean, 1945), la música de Rachmaninov sería sustituida por algo más "moderno". Algo que tuviera la siguiente letra:

In the privacy of our love
There is nothing
Outside our love
In the privacy of our love
We're in each other
As hand in glove

In the privacy of our love
There is nothing outside, above
If there's nothing outside, above
We're in the privacy of our love

I've never seen your love again
I'll never be your love for sure
I've never seen your love again
I'll never be your love for sure
I've never seen your love again
I'll never be your love for sure
Except for that day
Except for that day
Except for that day
Except for that day

Hot Chip (Made in the dark, 2008)

Y es que lo grande de "Breve encuentro" es precisamente eso, lo que esta letra refleja tan bien: no hay nada más allá de la privacidad de nuestro amor, ni siquiera los remordimientos, sólo hay lo que tiene que haber: amor.

Yo confieso: siempre que veo "Breve encuentro" la paro antes de que termine. Para mí ese amor no puede ser efímero, no puede ser "except for that day" y aunque sé que uno de los puntos fuertes de la película es su final, que a la vez es principio, yo no me conformo con él.

He dicho.