31/08/11

billy wilder speaks


En 1.988 Volker Schlöndorff realizó y grabó, a lo largo de dos semanas, una extensa entrevista a Billy Wilder en su despacho de Brihgton Way (Beverly Hills). Aunque inicialmente el maestro rehusó la propuesta de Schlöndorff, acabó aceptando con la condición de que su contenido no viera la luz hasta después de su muerte. Finalizado el rodaje, Wilder levantó esa condición y le dejó al autor vía libre para hacer con el material lo que quisiera.

Muchos de vosotros seguro que ya habeis visto esta entrevista-documental, pero me he permitido traeros aquí un resumen de las interesantes reflexiones y opiniones de un Billy Wilder de 83 años, perfectamente lúcido y con las cosas muy claras.

Sobre cómo se hizo director: Rodé mi primera película en defensa propia, contra los directores. Una de las cosas por las que me odiaban era porque cuando me preguntaban si los directores también tenían que saber escribir yo decía que era más importante que supieran leer.

Sobre la creación de un guión: En un guión no debe constar nada, sólo la escena y si es de día o de noche para que el cámara pueda preparar su instalación.

Sobre su método: Mi método es trabajar deprisa e intentar rodar los menos planos posibles, planos buenos e interesantes, pero no el tipo de planos ante los que el espectador se indigne por su mala calidad. Cuando eso ocurre, ya has perdido la partida. El poder de la película son los planos que hacen temblar la casa. Una gran escena superflúa para una película es una mala escena.

Sobre las películas: Hay dos clases de películas: unas para un público con una trama sencilla, adornos rococó y bonitos decorados. Te lo puedes permitir porque la trama es muy sencilla. Y otras con tramas complicadas que simplemente se plasman en película. En éstas, si colocas demasiados adornos la gente no es capaz de seguirlas (...). Cada espectador es un idiota, pero todos juntos son un genio.

Sobre el teatro: Dicen que es difícil contar una historia sobre un escenario y que nosotros, los cineastas, como podemos llevar la cámara a todas partes, no tenemos que limitarnos a un escenario. Eso es lo que se piensa. Pero poder colocar la cámara en cualquier parte es mucho más difícil porque no sabes dónde colocarla. Tenemos libertad para decidir pero eso puede ser desastroso. En el teatro las elecciones suelen ser más limitadas (...) pero como podemos hacer cualquier cosa es mucho más difícil.

Sobre Hollywood y la política: El gran peligro de involucrarse en política es rodar películas que pierdan dinero. Yo estoy en contra de enarbolar banderas y de los dircursos largos porque no es mi estilo. Hay ciertas reglas éticas en las que creo y no quiero traicionarlas sea cual sea la trama. Puede que haya rodado películas malas, temas repetitivos, pero nunca he rodado ninguna cuyo contenido me avergüence. Nunca me he vendido.

Sobre el éxito: Tengo demasiada experiencia para engañarme a mí mismo. Cuando una película no tiene éxito sueles decir que se adelantó a su tiempo, que se estrenó antes de navidad (...) Se utilizan todo tipo de excusas, normalmente que no era la película adecuada para esa época. No nos gusta que nos confronten con cosas que son verdad y duelen (...) pero no puedes hacer películas que gusten a poca gente y que a los demás no le importen. Al espectador tienes que hacerle lo que en el argot estadounidense se llama "pillarle por los huevos con las rodillas". Resulta muy gratificante que una película tenga éxito y que además enseñe algo que no sabía o le haga interesarse en algo nuevo. Esas son las pequeñas victorias que obtienes.

Sobre Raymond Chandler (co-guionista de "Perdición"): No tenía ni idea de escribir guiones. Sólo escribía sobre movimientos de cámara. Quería resultar cinematográfico pero no hacía falta. No se sabía las reglas, tuve que explicarle la escena paso a paso. No tenía instinto para la gran pantalla. Un dramaturgo lo habría sabido.

Sobre Lubitsch: Él tenía una forma de pensar totalmente distinta que costaba mucho copiar. Entoces se solía decir que no era un director que temiera que la gente no le entendiera. Entonces se solía decir: 2 + 2 son 4, y 3 + 1 son 4, y 1+1+1+1 también 4. Pero Lubitsch decía: " ¡2+2 ! Fin de la discusión. Dejad que el público lo sume".

Sobre Marlene Dietrich: Era una experta en iluminación. Sabía cómo tenía que colocar la cara para salir bien. Lo aprendió de Stenberg. Resulta un poco raro que una actriz diga: "Creo que el foco clave no está en el lugar adecuado". Sabía esos detalles, detalles muy técnicos. Yo le decía que se sintiera como en casa y le diera instrucciones al electricista jefe, que el enemigo no era yo, que se las arreglase con él. Para mí es como un viejo amigo. Era más como un hombre, una excompañera de armas. Hablábamos a menudo sobre la intrusión de ilusión, la ilusión de lo que se ve en el cine cuando aparece envuelta en boas...¡es todo una chorrada! Intento llamarla siempre que estoy en París pero creo que finge la voz de una camarera checa o una doncella francesa y dice " Creo que la Srta. Dietrich se está dando un masaje" ¡Por Dios, Marlene, sabemos que eres tú! No quiere que la vean. Marlene me gusta mucho de verdad y la echaré de menos, o si me marcho yo primero, me echará de menos a mí. Dios no lo quiera...

Sobre Audrey Hepburn: Lo escribí de noche (el guión de Sabrina) y de día rodaba. Una vez se suponía que ténía que escribir cuatro o cinco páginas (...) Sólo logré escribir página y media. Nadie lo sabía excepto Audrey Hepburn, así que rodábamos la escena desde un ángulo y luego desde otro. La estirábamos. Para ayudarme, ella a veces se equivocaba en los diálogos. Lo que Monroe hacía por su cuenta ella lo hacía para ayudarme. Cuando llegaban las 5 nos decía a mí y a mi ayudante de dirección "me duele la cabeza, tengo que dejarlo". Me ayudó mucho. Decía con mucha convicción las frases incómodas y a veces eso es lo que necesitaba, no para ayudar al director, sino para ayudar a la película.

Sobre Marilyn Monroe: Una vez llegó una hora y media tarde. Le dije ¿qué te ha pasado? Y me dijo que no había podido encontrar los estudios ¡Pero llevaba 6 años contratada! Cuando sabes que alguien no es de fiar y no se sabe sus frases, puedes prepararte para ello, pero ella te echaba una maldición. Siempre le ocurrían cosas nuevas y distintas. A veces se sabía las frases de ocho páginas de guión y otras sufría un bloqueo mental. A veces llegaba demasiado pronto. Era un personaje patético. Nunca he visto a una actriz con mayor séquito de médicos (...). No sé, tenía algo dentro, demonios interiores que la bloqueaban mentalmente y le hacían olvidarse de las frases, aunque a veces ocurría lo contrario. Había nacido con el don de decir sus frases de forma absolutamente perfecta y sincronizada, son un sonido perfecto y consciente del chiste. Había 50 actrices igual de buenas o con mejor técnica, pero nadie era mejor que ella. No era una chica normal. Era el símbolo de la belleza de esa dácada.

Sobre Gloria Swanson: Le dijeron que queríamos hacerle una audición primero. Decirle a una actriz de su estatus que tenía que hacer una audición era un poco demasiado (pero) accedió de inmediato. Hoy las mujeres de su edad actuarían de forma diferente. Era interpretación de cine mudo. Era más expresiva porque tenía que actuar sin palabras. Y eso era lo magnífico de ella: actuaba al estilo de otra época y eso no puede aprenderse, hay que criarse en él. Sabía lo que tenía que hacer. Tuve que controlarla (para que no se pasase) pero es más fácil decirle a alguien que baje un poco el tono que decirle que lo suba.

Sobre Bogart: Era un buen actor pero no solía hacer comedia y fue una sorpresa. Nadie sabe por qué ese hombre era tan carismático. Costaba trabajar con él porque durante las escenas de amor escupía un poco cuando hablaba y había que ajustar las cámaras para disimularlo. No le rodaba a contraluz ¡Parecía que le lloviera desde dentro de la boca! Al principio empezamos los dos con mal pie pero luego redescubrí al auténtico Bogart. Entre nosotros hubo pequeñas diferencias pero todo se perdonó y olvidó porque la siguiente vez que le vi fui a visitarlo porque tenía cáncer y su comportamiento hábía cambiado por completo: ahora era el héroe que nunca había sido.

Sobre Gary Cooper: No había nada más hermoso que ver llegar a Gary Cooper al estudio en su Bentley descapotable con un traje gris y una camisa rosa que combinaban perfectamente. Era de Montana, pero resultaba inmensamente elegante.

Sobre William Holden: Se mantenía muy ocupado y le gustaba hacer buenas obras como ayudar en la campaña contra incendios (...) Si alguien se me hubiera acercado para decirme que William Holden había muerto embestido por un rinoceronte o en un pequeño avión que sobrevolaba la bahía de Hong Kong, no me habría sorprendido. Me habría sorprendido que muriese por una mesilla de noche. Y así fue cómo pasó: estaba borracho, tropezó, y se golpeó con la mesilla de noche. Murió desangrado. Se preocupaba mucho por las especies en peligro pero se olvidaba que él también lo estaba por cómo bebía.

Sobre Jack Lemmon: Es la clase de hombre sobre el que podrías preguntarme en cualquier película y mi respuesta siempre sería la misma: es un completo profesional y purista. No hay otro actor que se tome su trabajo más en serio.


"La cima de mi éxito es siempre la próxima película"
Billy Wilder


22/08/11

stella dallas


King Vidor fue muchas cosas, entre ellas, un hombre de estudio, por lo que tuvo que asumir la realización de los argumentos que le presentaban en la medida en que podían casar con sus convicciones estéticas e ideológicas. Con la cooperación de la United Artists pero con la producción de Samuel Goldwyn, Vidor dirige en 1937 un melodrama en estado puro que quizás, a la vista de la sobresaliente trayectoria del director, es uno de los trabajos más inusuales de su carrera.

"Stella Dallas" es, por un lado, una adaptación de la novela homónina de Olive Higgins, y, por otro, un remake de la película, también homónima, que Henry King dirigiera en 1925. Aún así, hay mucho de Vidor en "Stella Dallas" sobre todo a la hora de constatar la capacidad para conectar con el espectador a través de conceptos sencillos y cercanos. Quizás, sus años como acomodador de cine le sirvieron para conocer a la perfección qué es lo que revuelve y conmueve al espectador en su butaca.

"Stella Dallas" es arribismo, es rebeldía ante la predestinación social, es dolor moral, es sacrificio, es sufrimiento y resignación pero, sobre todo, es Barbara Stanwyck o, lo que es lo mismo, es Stella Dallas.

No conforme con lo que el destino le depara, Stella Martin "atrapa" al prometedor Stephen Dallas (John Boles) y emprende su camino hacia la alta sociedad. Quiere codearse con los mejores, entrar en los locales más exclusivos, aprender a hablar como hablan ellos. Pronto nace Laurel (Anne Shirley) y proyecta en ella todas sus aspiraciones, tratando a toda costa que su hija consiga por méritos propios lo que ella no ha conseguido a base de apariencias. Y claro que lo consigue: en una de las catarsis más conmovedoras que yo haya visto, la madre coraje es capaz de renunciar a su hija para lograr su propio sueño.

Stella Dallas (personaje) se define más por sus carencias que por sus atributos. King Vidor retrata de forma muy acertada como un disfraz exterior no puede suplir la falta de refinamiento. El catálogo de patéticos modelos que luce la protagonista, incluidos sus estrambóticos sombreros y sonoros brazaletes, en un intento de aparentar lo que no es, resulta grotesco pero también conmovedor, despertando, quizás, la empatía del espectador. Es precisamente esa empatía, ese "ponerse en el lugar de" lo que Vidor potencia a lo largo de toda la película con primeros y medios planos (alguno de ellos a través de espejos) de una Stella Dallas resignada y desolada ante las circunstancias. Y quizás ahí radique el desasosiego que produce la secuencia final, de una crudeza atroz, con una madre sola, encerrada tras una verja mientras observa el momento más feliz de su vida: objetivo cumplido.

La película adolece de lagunas narrativas que nos impiden conocer, en los 20 años que transcurre de acción, toda la verdad sobre los personajes. Para muchos (yo confieso, no estoy entre ellos) también pecará de cursilería por tratarse de una película encuadrable dentro del denominado género women´s pictures. Por otra parte, y para mi gusto, John Boles está soso, incluso ausente, y Anne Shirley peca en algunas secuencias de ñoñería. Con todo, tenemos a la inconmesurable Barbara Stanwyck para suplir con su interpretación cualquier carencia. Stanwyck está soberbia en un papel repleto de matices y dando vida a un personaje por el que cualquier actriz del momento mataría. Comedida o estrambótica según lo requiera la escena, su expresión corporal varía con el paso de los años, así como su entonación y expresiones faciales. Simplemente maravillosa en su primer papel de importancia y teniendo en cuenta que sobre sus hombros recae todo el peso de la película.

Yo confieso: si algún día me animo a realizar una lista de "madres coraje" Stella Dallas estará en el primer lugar.





20/08/11

otras imágenes: otros figurines




Este es el figurín ideado para vestir la falsa tragedia que invadía el espíritu indomable de la caprichosa Escarlata, tragedia que permitía una nota de color verde para no perder personalidad ni rebeldía.

Walter Plunkett realizó un minucioso trabajo de investigación para vestir a los personajes de la novela de M. Mitchell. Elogiable labor, si tenemos en cuenta que cuando hubo finalizado los más de 2.000 figurines, la actriz que debía dar vida a Escarlata todavía no tenía nombre.

El resto es historia....

15/08/11

dogmas de fe veraniegos


Por suerte o por desgracia no he vuelto de un largo y cálido verano ni en mi rostro asoma atisbo alguno de parecido con Ben Quick por más que me empeñe en que eso se irá consigiendo con los años. Desengáñate, dice mi Pepito Grillo faltón y prepotente, aunque tienes fama de muchas cosas, la de pirómano no está entre ellas y tu psudo adoración hacia la Woodward sólo pasa por ser la mujer de. Cierto. Pepito nunca falla...

Así volvía de un verano wyleriano hace dos años (ya!) y me temo que la historia se ha vuelto a repetir: no ha sido ni largo, ni cálido, aunque sí un poco wyleriano, y en mi rostro sigue sin haber atisbo alguno de Ben Quick ( "Es lo que hay, asúmelo ya", dice esta vez mi Pepito Grillo igual de faltón y prepotente que años ha ) y mucho me temo que la asignatura que dejé para septiembre de 2010, "Teresa Wright", sigue y seguirá pendiente (¡Afortunadamente! Teniendo en cuenta que la pereza que me produce esta chiquilla es igual que la de Hitchcock ante una morena). Lo sé, el verano todavía no ha llegado a su fin, pero a este lado de la pantalla ya casi se puede leer el THE END precedido de un fundido en negro.

Verano extraño, sí, extraño y ecléctico cinematográficamente hablando. He aprovechado para ver muchos de los títulos que en su día recomendasteis ( El nadador, An Affair to remenber, Un hombre para la eternidad, Stella Dallas, La extraña pasajera, A través del espejo, Quiero vivir... ) y he revisitado otros, no sé si por azar o por subconsciente (Cómo robar un millón, Funny Girl, Un dos tres, Vida íntima de Julia Norris, Imitación a la vida, El ángel azul...).

Todos estos títulos me han permitido ratificar muchos de los dogmas de fe que año tras año he ido acumulando en mi particular concilio cinematográfico y que, este verano, pueden reducirse a:

1.- Amarás a Bette Davis, Barbara Stanwyck, Olivia de Havilland, Deborah Kerr y Marlene Dietrich sobre todas las cosas.
2.- No tomarás los nombres de Wyler ni Wilder en vano.
3.- Santificarás a secundarias como Gladys Cooper ( y Thelma Ritter, of course).
4.- Venerarás el tandem estilístico Hepburn-Givenchy.
5.- Te seguirás riendo (y sonriendo) con las actuaciones de Lana Turner.
6.- Tendrás más en cuenta a Susan Hayward en futuras elecciones cinematográficas.
7.- "Don´t rain on my parade" será el nuevo himno con el que afrontar el difícil otoño que se me avecina.


He vuelto.

Sano y salvo.

Eso es lo importante, porque al fin puedo dedicaros todo el tiempo que mereceis y ponerme al día con vuestros blogs (aunque ya he visto que muchos de ellos están cerrados por vacaciones o con servicios mínimos).

A los que no habeis vuelto, os espero.

A los que ya habeis vuelto, os leo.

En cualquier caso, estoy encantado de haber vuelto...




10/08/11

the children hour

Tiempo pseudovacacional, de actividad bloguera escasa (a mi pesar) por circunstancias ajenas a mi voluntad y con la sensación de estar abandonando a un perro....No, no y no! Siguiendo el ejemplo de las cutre televisiones os dejo con una "reposición" prometiendo que pronto, muy pronto, volveré a estar en activo (creo que voy a necesitar unas verdaderas vacaciones para ponerme al día con todos vosotros!!)

Disfruten y disfrútense!!!


Disfrutaba hace unos días de un radiante sol en una coqueta terraza de mi ciudad, levitando de felicidad, ignorando al mundo y queriendo ser ignorado por él, cuando el llanto de una niña me devolvió a la cruda realidad. Digamos que la sensación fue parecida a la de Judy Garland cuando despierta de su sueño ¡Mierda! El caso es que el llanto singular de la pequeña pasó a ser plural, llantos, llantos y más llantos, rebasando la delgada línea rosa que separa el berrinche anecdótico de la pataleta histérica. Los padres, jóvenes y aparentemente primerizos, decidieron no prestar mucha atención (y de paso hacernos insufrible a los demás nuestra plácida velada) poniendo en práctica la teoría de la ignorancia: que la criatura entienda que el llanto no es la dirección más corta para conseguir sus objetivos. De inmediato comprendí que estaba en presencia de la versión contemporánea de los Manchester, esto es, la joven pareja primeriza que juega a psicología con su primer retoño y que utiliza como libro de instrucciones cosas tipo “aprende a educar a tu primer hijo para que llegue a ser una persona de provecho, sorteando las drogas y demás tentaciones que la vida le pondrá a tiro” (edición bolsillo, por supuesto!).


Ruthie Manchester (Gabrielle Middleton) era la odiosa (no se me ocurre epíteto más suave) niña de “Dos en la carretera” (Stanley Donen, 1967). Mmm….cómo decirlo sin que me abra diligencias la fiscalía de menores? Esta criatura es, presuntamente (of course), un cruce entre la niña del exorcista y un grano en el culo. Sus padres, Howard (William Daniels) y Cathy (Eleanor Bron), es decir, Los Manchester, son igual de insufribles, lo cual puede justificar en cierta medida el carácter endiablado de su engendro. El caso es que la aparición de la pequeña Lucifer en la película consigue en el espectador el efecto deseado: odiarla sin el más mínimo de los remordimientos.


Pero juguemos al masoquismo. Imaginemos por un momento que la adorable Ruthie tiene como compañera de pupitre a una de las hijas de Gooper (Jack Carson) y Mae (Madeleine Sherwood), o, lo que es lo mismo, a una sobrinita de Paul Newman y Liz Taylor en “La gata sobre el tejado de zinc” (Richard Brooks,1958), en concreto, a la “cuellicorto” que arroja helado de fresa en las medias de la Taylor nada más empezar la película. Si hay algo más insufrible que un niño odioso es una prole de niños odiosos con “nombres de perro” dirigidos por una histriónica madre.

Demos un paso más y encaminémonos hacia el suicidio. Ruthie Manchester y la odiosa niña de cuyo nombre no quiero acordarme, acuden a la escuela para señoritas Dobie-Wright en donde Martha (Shirley MacLaine) y Karen (Audrey Hepburn) ejercen de profesoras. Allí conocen a la encantadora Mary (Karen Balkin, en la foto amendrentando a una compañera) que pronto se convierte en la líder indiscutible de esta peculiar pandilla. Ella solita, de un plumazo, y gracias a una portentosa imaginación, es capaz de acabar con la escuela y sus profesoras llevando una mentira hasta sus últimas consecuencias. “La calumnia” (William Wyler, 1961), no nos engañemos, es una película de terror.


Imagino que todas estas criaturas son seguidoras acérrimas de las películas de la “encantadora” Shirley Temple, las cuales habría que encuadrar o en el cine de terror o en el de ciencia ficción. También imagino que de mayores (no tan mayores) aspiran a ser un clon de Ann Blyth en “Alma en suplicio” (Michael Curtiz, 1945) y levantarle el novio a su propia madre, aunque ésta sea la mismísima Joan Crawford. Imagino muchas cosas por lo que cierro aquí este artículo por temor a convertirme en un nuevo Mengele.

01/08/11

pseudo vacaciones


No, no serán unas auténticas vacaciones, de esas en las que se supone que hay que desconectar y entregarse al dolce far niente, pero sí serán unas pseudo vacaciones blogueras, mal que me pese, porque para mí, yo confieso, escribir aquí es como veranear.

Los compromisos laborales me obligarán a mantenerme "algo" alejado de tod@s vosotr@s, pero trararé de visitaros cuando los horarios y plazos y papeles me lo permitan. Si no es posible, nos vemos pronto.... Todavía queda mucho por confesar.

Os dejo con Good Wood en una fotografía preciosa en donde se entrega al sol...mmmm!

Besos veraniegos para tod@s!!