En 1.988 Volker Schlöndorff realizó y grabó, a lo largo de dos semanas, una extensa entrevista a Billy Wilder en su despacho de Brihgton Way (Beverly Hills). Aunque inicialmente el maestro rehusó la propuesta de Schlöndorff, acabó aceptando con la condición de que su contenido no viera la luz hasta después de su muerte. Finalizado el rodaje, Wilder levantó esa condición y le dejó al autor vía libre para hacer con el material lo que quisiera.
Muchos de vosotros seguro que ya habeis visto esta entrevista-documental, pero me he permitido traeros aquí un resumen de las interesantes reflexiones y opiniones de un Billy Wilder de 83 años, perfectamente lúcido y con las cosas muy claras.
Sobre cómo se hizo director: Rodé mi primera película en defensa propia, contra los directores. Una de las cosas por las que me odiaban era porque cuando me preguntaban si los directores también tenían que saber escribir yo decía que era más importante que supieran leer.
Sobre la creación de un guión: En un guión no debe constar nada, sólo la escena y si es de día o de noche para que el cámara pueda preparar su instalación.
Sobre su método: Mi método es trabajar deprisa e intentar rodar los menos planos posibles, planos buenos e interesantes, pero no el tipo de planos ante los que el espectador se indigne por su mala calidad. Cuando eso ocurre, ya has perdido la partida. El poder de la película son los planos que hacen temblar la casa. Una gran escena superflúa para una película es una mala escena.
Sobre las películas: Hay dos clases de películas: unas para un público con una trama sencilla, adornos rococó y bonitos decorados. Te lo puedes permitir porque la trama es muy sencilla. Y otras con tramas complicadas que simplemente se plasman en película. En éstas, si colocas demasiados adornos la gente no es capaz de seguirlas (...). Cada espectador es un idiota, pero todos juntos son un genio.
Sobre el teatro: Dicen que es difícil contar una historia sobre un escenario y que nosotros, los cineastas, como podemos llevar la cámara a todas partes, no tenemos que limitarnos a un escenario. Eso es lo que se piensa. Pero poder colocar la cámara en cualquier parte es mucho más difícil porque no sabes dónde colocarla. Tenemos libertad para decidir pero eso puede ser desastroso. En el teatro las elecciones suelen ser más limitadas (...) pero como podemos hacer cualquier cosa es mucho más difícil.
Sobre Hollywood y la política: El gran peligro de involucrarse en política es rodar películas que pierdan dinero. Yo estoy en contra de enarbolar banderas y de los dircursos largos porque no es mi estilo. Hay ciertas reglas éticas en las que creo y no quiero traicionarlas sea cual sea la trama. Puede que haya rodado películas malas, temas repetitivos, pero nunca he rodado ninguna cuyo contenido me avergüence. Nunca me he vendido.
Sobre el éxito: Tengo demasiada experiencia para engañarme a mí mismo. Cuando una película no tiene éxito sueles decir que se adelantó a su tiempo, que se estrenó antes de navidad (...) Se utilizan todo tipo de excusas, normalmente que no era la película adecuada para esa época. No nos gusta que nos confronten con cosas que son verdad y duelen (...) pero no puedes hacer películas que gusten a poca gente y que a los demás no le importen. Al espectador tienes que hacerle lo que en el argot estadounidense se llama "pillarle por los huevos con las rodillas". Resulta muy gratificante que una película tenga éxito y que además enseñe algo que no sabía o le haga interesarse en algo nuevo. Esas son las pequeñas victorias que obtienes.
Sobre Raymond Chandler (co-guionista de "Perdición"): No tenía ni idea de escribir guiones. Sólo escribía sobre movimientos de cámara. Quería resultar cinematográfico pero no hacía falta. No se sabía las reglas, tuve que explicarle la escena paso a paso. No tenía instinto para la gran pantalla. Un dramaturgo lo habría sabido.
Sobre Lubitsch: Él tenía una forma de pensar totalmente distinta que costaba mucho copiar. Entoces se solía decir que no era un director que temiera que la gente no le entendiera. Entonces se solía decir: 2 + 2 son 4, y 3 + 1 son 4, y 1+1+1+1 también 4. Pero Lubitsch decía: " ¡2+2 ! Fin de la discusión. Dejad que el público lo sume".
Sobre Marlene Dietrich: Era una experta en iluminación. Sabía cómo tenía que colocar la cara para salir bien. Lo aprendió de Stenberg. Resulta un poco raro que una actriz diga: "Creo que el foco clave no está en el lugar adecuado". Sabía esos detalles, detalles muy técnicos. Yo le decía que se sintiera como en casa y le diera instrucciones al electricista jefe, que el enemigo no era yo, que se las arreglase con él. Para mí es como un viejo amigo. Era más como un hombre, una excompañera de armas. Hablábamos a menudo sobre la intrusión de ilusión, la ilusión de lo que se ve en el cine cuando aparece envuelta en boas...¡es todo una chorrada! Intento llamarla siempre que estoy en París pero creo que finge la voz de una camarera checa o una doncella francesa y dice " Creo que la Srta. Dietrich se está dando un masaje" ¡Por Dios, Marlene, sabemos que eres tú! No quiere que la vean. Marlene me gusta mucho de verdad y la echaré de menos, o si me marcho yo primero, me echará de menos a mí. Dios no lo quiera...
Sobre Audrey Hepburn: Lo escribí de noche (el guión de Sabrina) y de día rodaba. Una vez se suponía que ténía que escribir cuatro o cinco páginas (...) Sólo logré escribir página y media. Nadie lo sabía excepto Audrey Hepburn, así que rodábamos la escena desde un ángulo y luego desde otro. La estirábamos. Para ayudarme, ella a veces se equivocaba en los diálogos. Lo que Monroe hacía por su cuenta ella lo hacía para ayudarme. Cuando llegaban las 5 nos decía a mí y a mi ayudante de dirección "me duele la cabeza, tengo que dejarlo". Me ayudó mucho. Decía con mucha convicción las frases incómodas y a veces eso es lo que necesitaba, no para ayudar al director, sino para ayudar a la película.
Sobre Marilyn Monroe: Una vez llegó una hora y media tarde. Le dije ¿qué te ha pasado? Y me dijo que no había podido encontrar los estudios ¡Pero llevaba 6 años contratada! Cuando sabes que alguien no es de fiar y no se sabe sus frases, puedes prepararte para ello, pero ella te echaba una maldición. Siempre le ocurrían cosas nuevas y distintas. A veces se sabía las frases de ocho páginas de guión y otras sufría un bloqueo mental. A veces llegaba demasiado pronto. Era un personaje patético. Nunca he visto a una actriz con mayor séquito de médicos (...). No sé, tenía algo dentro, demonios interiores que la bloqueaban mentalmente y le hacían olvidarse de las frases, aunque a veces ocurría lo contrario. Había nacido con el don de decir sus frases de forma absolutamente perfecta y sincronizada, son un sonido perfecto y consciente del chiste. Había 50 actrices igual de buenas o con mejor técnica, pero nadie era mejor que ella. No era una chica normal. Era el símbolo de la belleza de esa dácada.
Sobre Gloria Swanson: Le dijeron que queríamos hacerle una audición primero. Decirle a una actriz de su estatus que tenía que hacer una audición era un poco demasiado (pero) accedió de inmediato. Hoy las mujeres de su edad actuarían de forma diferente. Era interpretación de cine mudo. Era más expresiva porque tenía que actuar sin palabras. Y eso era lo magnífico de ella: actuaba al estilo de otra época y eso no puede aprenderse, hay que criarse en él. Sabía lo que tenía que hacer. Tuve que controlarla (para que no se pasase) pero es más fácil decirle a alguien que baje un poco el tono que decirle que lo suba.
Sobre Bogart: Era un buen actor pero no solía hacer comedia y fue una sorpresa. Nadie sabe por qué ese hombre era tan carismático. Costaba trabajar con él porque durante las escenas de amor escupía un poco cuando hablaba y había que ajustar las cámaras para disimularlo. No le rodaba a contraluz ¡Parecía que le lloviera desde dentro de la boca! Al principio empezamos los dos con mal pie pero luego redescubrí al auténtico Bogart. Entre nosotros hubo pequeñas diferencias pero todo se perdonó y olvidó porque la siguiente vez que le vi fui a visitarlo porque tenía cáncer y su comportamiento hábía cambiado por completo: ahora era el héroe que nunca había sido.
Sobre Gary Cooper: No había nada más hermoso que ver llegar a Gary Cooper al estudio en su Bentley descapotable con un traje gris y una camisa rosa que combinaban perfectamente. Era de Montana, pero resultaba inmensamente elegante.
Sobre William Holden: Se mantenía muy ocupado y le gustaba hacer buenas obras como ayudar en la campaña contra incendios (...) Si alguien se me hubiera acercado para decirme que William Holden había muerto embestido por un rinoceronte o en un pequeño avión que sobrevolaba la bahía de Hong Kong, no me habría sorprendido. Me habría sorprendido que muriese por una mesilla de noche. Y así fue cómo pasó: estaba borracho, tropezó, y se golpeó con la mesilla de noche. Murió desangrado. Se preocupaba mucho por las especies en peligro pero se olvidaba que él también lo estaba por cómo bebía.
Sobre Jack Lemmon: Es la clase de hombre sobre el que podrías preguntarme en cualquier película y mi respuesta siempre sería la misma: es un completo profesional y purista. No hay otro actor que se tome su trabajo más en serio.
"La cima de mi éxito es siempre la próxima película"
Billy Wilder






