27/07/11

yo confieso:me confieso


Suenan a lo lejos los acordes de lo nuevo de Björk, una canción llamada Cosmogony que me ha atrapado después de escucharla un par de veces. Los cielos y sus cuerpos giran en torno a mí en una danza eterna. Yo confieso: a Björk la amo o la odio. En este caso todo indica que viviré un amor de verano cosmológico. Pero mientras la escucho atentamente, mientras agudizo el oído para captar todos esos sonidos que se esconden tras su voz y me dejo mecer por esa "danza eterna", pienso en las filias y fobias que despierta, y voy más allá y pienso que con el cine nos pasa lo mismo.

Yo confieso: estoy cansado de tener que escuchar y leer lo que ya me atrevo a denominar como "frases hechas". Me explico: " Casablanca es una obra maestra", por ejemplo. A mí, como un resorte, en la cabeza me suena un gran ¿por qué? que autocontesto: porque lo dice la crítica? porque es políticamente incorrecto decir lo contrario? porque Bogart era grande? porque su guión es una obra maestra?

Nos encanta sobrevalorar e infravalorar pero no somos capaces de aceptar que más allá de lo que diga la crítica, el público, el amigo o el blog de turno, todo se reduce a una cuestión de gustos. Uno puede valorar en su justa medida (que al fin y al cabo es la de uno mismo) la maestría de una película: la labor del director, el guión, el trabajo de los actores, el diseño de producción, la música, el vestuario....y todas y cada una de las piezas que conforman una película, pero ello no indica que tengamos que rendirnos a los pies de una obra que supuestamente es maestra. Una obra puede ser maestra pero no tiene porque gustarnos, y gritarlo a los cuatro vientos no nos convertirá en herejes. Así que yo confieso: para mí Casablanca no es nada del otro mundo, no es un referente en mi universo cinematográfico. Es más, creo que la tengo porque en el momento que la compré era algo que se supone que había que hacer: tener Casablanca. Tampoco Bogart es santo de mi devoción porque siempre lo veo igual.

Pero el ser humano es mitómano por naturaleza y el ser humano cinéfilo más todavía. Nos dejamos llevar por la crítica y, yo confieso, si fuera crítico, aún tratando de ser lo más objetivo posible, mi historia, mi formación, mis gustos, mis miedos, mis deseos, en definitiva, lo que conforma mi personalidad, se vería reflejado en mis palabras. Por no hablar del estado de ánimo con el que llegas a una película.

Esto se puede extrapolar a cualquier disciplina artística. El que es creador y se "expone" debe pagar el peaje de la crítica. Nosotros mismos estamos expuestos y, por lo tanto, sujetos a esa eventual crítica. De hecho - lo más grande de esta comunidad - somos capaces de disentir con argumentos respetuosos y al mismo tiempo aprender a comprender aquello que uno no es capaz de ver o de sentir. Quizás es en el verbo sentir en donde radica todo. De dioses estamos sobrados: Duchamp, Hendrix, Benedetti, Welles, Monroe, Avedon, Dior... pero ¿por qué para unos son dioses y para otros simples humanos? ¿Qué convierte una película en una obra maestra? ¿La crítica? ¿El público? ¿Los premios? ¿La publicidad? ¿Los gustos?

¿Somos realmente objetivos e independientes?

Yo confieso: en mi caso no.



25/07/11

the party



Quizás Blake Edwards es uno de los directores que mejor supo captar la esencia de una fiesta.

Tenemos esta fantástica secuencia (a la que pertenece la fotografía) de "Desayuno con diamantes". Años más tarde, Edwards "perfeccionó" la fiesta con su mítica "El guateque".

Pues bien, yo confieso: he vivido en mis propias carnes una fiesta al más puro estilo Edwards. Esta mañana, en mi casa, sólo faltaba el mítico elefante. Cuando lo procese todo prometo responder los comentarios pendientes y leeros a todos y todas.

Cuídense!

21/07/11

otras imágenes: silencio ¿se rueda?


Yo confieso: soy politeísta.

Entre los dioses y/o divinidades que venero está William Wyler que, según podemos ver, era capaz de encontrar un hueco entre toma y toma para divertirse un rato. Esta foto corresponde al rodaje de "Los mejores años de nuestras vidas". Me encanta la actitud del equipo técnico, a la espera de que "el jefe" termine de hacer sus payasadas. Me encanta la actitud de William Wyler, a la espera de que el equipo técnico comience a reirse.


19/07/11

over the rainbow


Yo confieso: estaba escribiendo una entrada sobre "The women" (George Cukor, 1939) sí, esa película en la que con premeditación y alevosía no sale un solo hombre (aunque se hable mucho de ellos) y que ha sido versionada recientemente con una botoxizada Meg Ryan como protagonista y una divertida Annette Bening. Escribía cómo llegó Cukor al proyecto tras pasar por "Lo que el viento se llevó" y "El mago de Oz" y no pude evitar recordar la maravillosa experiencia que viví este fin de semana con dos bichos de 6 y 3 años. Mi sobrina y mi sobrino.

A veces me gusta hacer este tipo de experimentos, sobre todo con Ana, que tiene 6 años y comienza a entender que cree entender sin entender nada¡ Bendita inocencia! El caso es que su madre me dijo que quería ponerles "El mago de Oz" pero que no la tenía. Solucionado el inconveniente me quedé pensando : ¿Cómo reaccionarán una niña de 6 años y un niño de 3 ante "El mago de Oz"? Y sobre todo ¿Cuánto aguantarán sin levantarse del sillón? Yo confieso: jamás pensé que pasaría lo que pasó.

Para empezar no les extrañó lo más mínimo que la película comience en blanco y negro. Ni se inmutaron. Yo pensé que éste iba a ser un gran inconveniente para atrapar su atención, pero no fue así. Me dí cuenta que su mayor preocupación durante los primeros minutos del metraje era la suerte que podía correr Totó. Además, mi sobrina sólo preguntaba por el mago ¿dónde está el mago? ¿es ése el mago? ¿esa señora es mala? El "Over the rainbow" los calmó como la música amansa a las fieras a pesar de que tuve que ir (mal) traduciéndoles la letra. Y entonces llegó el tornado y los ánimos se caldearon. De la tranquilidad pasaron a la alerta y desde que la señora mala en bicicleta se convierte en bruja con escoba se adosaron a mi como auténticas garrapatas.

La casa aterriza en Munchkinland y Dorita se dispone a abrir la puerta. Mi sobrina me agarra con fuerza la mano. Mi sobrino, expectante, sólo dice: ¡bruja! ¡tá la bruja! La puerta se abre y mi sobrina exclama un maravilloso ¡ohhhhhhhhhhhh! Su hermano y su tío, por inercia, la copiamos. Y se quedan con la boca abierta con tanto color hasta que aparece de nuevo la bruja y vuelven a pegarse a mí, presas inocentes del miedo. Esta vez es verde y más fea todavía. La buena hada Glinda les gusta, les parece guapa, y "esos señores pequeños" les hacen gracia y me miran extrañados cuando yo canto con ellos ding! dong! the witch is dead! Y entonces, mi sobrina, ya sabe que necesita unos chapines de rubíes para su colección de atuendos de princesa.

Entonces mi sobrina, tras el asombro inicial, me pregunta por lo bajo: ¿dónde están?

¿Qué se responde a esta pregunta? Yo confieso: no sabía qué responder. Si le contaba la verdad quizás entendiera mejor todo lo que iba a ver pero ¡adios inocencia! Le dije: "¿recuerdas cuando Dotita estaba en la granja cantando que había un sitio en el arco iris en donde no podía pasar nada malo?" Y ella me miró fijamente con sus grandes ojos y me respondió: "¡Sí!" A lo que yo repliqué: "pues están ahí ¡en el arco iris!" Pero ella, que de tonta no tiene un pelo me preguntó:"¿y la bruja?" Ya - pensaría ella- no puede pasar nada malo pero hay una bruja mala. Así que tuve que extender mi explicación: "¿Recuerdas el hada buena que le dio los zapatos de rubíes a Dorita? Pues con esos zapatos no puede pasar nada malo". Y se quedó medianamente convencida.

Lamentablemente tuve que marcharme cuando en sus vidas aparecía el espantapájaros y en la mía los compromisos, no sin bastantes ruegos para que me quedara con ellos . Pero más tarde hice una llamada de teléfono a su madre: necesitaba saber qué había pasado; necesitaba saber si habían aguantado toda la historia, sobre todo el peque. Y para mi asombro así fue: no se levantaron del sofá durante toda la película. Permanecieron callados y atentos a lo que veían en la pantalla, convencidos, seguramente, de que ellos también estaban over the rainbow.

No quiero saber si mi sobrina fue consciente de que todo fue un sueño. Espero que no. Y deseo que pasen muchos años antes de que sepa que no existe un lugar más allá del arco iris en donde los sueños se hacen realidad. Mientras tanto yo seguiré mintiéndole...

14/07/11

locas


El glamour de la locura es pasajero, o al menos eso es lo que predica la canción. Glamourosa o no, lo que sí es cierto es que la locura y sus variantes (entiéndase demás problemas mentales) requiere de una cierta attitude que evite cruzar la delgada línea que separa una interpretación magistral de una caricatura. Tampoco cabe duda de que en el catálogo de demencias varias, Ellas han sido las que nos han brindado las mejores (y peores) interpretaciones: una "loca" es interpretativamente más jugosa que un "loco" ya que éste, por lo general, se limita a ser un psicópata o sucedáneo sin posibilidad de generar un mínimo de empatía. Los personajes desequilibrados femeninos, por el contrario, suelen ahondar en el origen de su sufrimiento y en muchos casos son capaces de salir de la encrucijada en la que el destino las ha puesto. Para ello acuden a sanatorios, hospitales, cárceles... en donde enfrentarse a ellas mismas y salir victoriosas del trance.

Con estas instituciones como telón de fondo, voy a hacer un pequeño repaso a mis locas favoritas. Seguramente me quedará alguna en el tintero, pero para eso os tengo a vosotros, queridos confesos.

Loca de amor

Natalie Wood fue Dennie Loomis en "Esplendor en la hierba" (Elia Kazan, 1961) un relato triste y desgarrador sobre una pareja de jóvenes enamorados que deben enfrentarse a los dictados de una sociedad puritana en donde el "qué dirán" es más importante que el "sé feliz". El sexo sobrevuela toda la película en forma de prejuicios, presiones y deseos, y las expectativas paternas y maternas (según el caso) son impuestas con mano de hierro. Dennie Loomis y Bud Stumper (Warren Beatty) intentarán planear un futuro que se verá roto por causas externas. Esta ruptura lleva a Dennie a ser ingresada en una clínica psiquiátrica para tratar su desequilibrio. Poco a poco, se irá despojando del sometimiento materno, indagando en su interior y transitando hacia un nuevo lugar, diferente del que dejó, pero conservando una pequeña esperanza por aquel primer amor. Yo confieso: me gusta mucho el tratamiento que Kazan y William Inge (guión) dan a las escenas con el terapeuta. Más que a una cura asistimos a una evolución personal en donde el profesional acompaña escuchando y guiando pero sin apenas intervenir. Opino que para transitar no es necesario olvidar, sólo es necesario saber cómo recordar, y creo que el famoso poema lo refleja a la perfección: "Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba. Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse porque la belleza siempre persiste en el recuerdo..."

Loca por tres

Nunnally Johnson llevó al cine una historia asombrosa basada en hechos reales: el extraño caso de Christine Costner Sizemore. Bajo el título de "Las tres caras de Eva"(1957) y con un estilo marcadamente documental con narrador en off incluido, por primera vez en el cine se trató de una forma seria y veraz el trastorno de personalidad múltiple. Joanne Woodward da vida a las tres personalidades: Eva White (esposa abnegada), Eva Black (traviesa y lasciva) y Jane (¿la cordura?) aunque en el caso real hay constancia de muchas más personalidades y de un final no tan feliz como el que ofrece Johnson. Con todo, estamos ante una película que atrapa desde el principio por una magistral interpretación de una casi desconocida Joanne Woodward que asombró a propios y extraños con un papel que como bien dijo Orson Welles cuando aún se barajaban nombres, le daría un oscar a la actriz que lo hiciera. Y así fue. "Las tres caras de Eva" es una interesante película que en su momento causó sensación por lo excepcional del caso expuesto.

¿Estoy loca?

Hasta ahora hemos visto casos en los que las pacientes eran conscientes de su problema. Sin embargo, el cine también nos ha presentado personajes que ignoran su enfermedad o, incluso, piensan que las están volviendo locas o que están "encerradas" por un error. Es el caso de "Nido de víboras" (1948) de Anatole Litvack, de la que en su día hice una reseña y que, si me permitís, voy a reproducir en parte.

Lo más interesante de "Nido de víboras" no es, quizás, su trama - basada también en hechos reales - sino el lugar en el que se desarrolla: un terrible psiquiátrico con diferentes "niveles" que las pacientes van alcanzando o dejando atrás en función de sus progresos o fracasos. Y, cómo no, la interpretación de Olivia de Havilland. Aunque en algunos momentos su mirada pueda recordanos a los momentos más febriles de "Melita", está convincente en el papel de mujer amnésica, desiquilibrada y angustiada. El empleo de monólogos internos refuerza su actuación, apoyada por esa cruda pero efizaz recreación de una institución mental de la época. La importancia que Litvack otorga, por un lado, a las escenas de salas abarrotadas de pacientes y, por otro, a la interacción de la protagonista con otras mujeres (más) dementes, ayuda a crear la sensación de un claustrofóbico hormiguero.

Pero lo verdaderamente importante de esta película de 1.948 es que fue una de las primeras en abordar un drama psiquiátrico (que tan recurrentes serían en los 50) denunciando la lamentable situación de los sanatorios mentales de la época.

Loca por Sebastian

Yo confieso: en "De repente el último verano" (Joseph L. Mankiewicz, 1959) siempre me ha interesado más la locura de Katharine Hepburn que la de Liz Taylor. Al fin y al cabo, Taylor sólo es una víctima de las circunstancias y de su tía, un daño colateral con shock post-traumático al borde de la lobotomía, pero nada preocupante. Violeta Venable, por el contrario, sí posee ese glamour de la locura del que hablábamos al principio. El problema es que, en su caso, no es pasajero. Su regia aparición en ese mini-ascensor acompañado por un monólogo digno de ser orado en cualquier ceremonia seria que se precie, no deja lugar a ninguna duda: "esta señora está de atar". Y así es. Violeta Venable es mi loca favorita, y aunque el tema institución mental la pilla de refilón, es adorable, divertida, sofisticada, culta, zorra y maravillosa. Es la reina madre de la locura.

Bravo Violeta!!





12/07/11

otras imágenes: otras carteleras


Siempre me ha llamado la atención cómo los estudios modifican sus carteles promocionales en función del país en el que se estrena la película. "Two for the road" para el mercado asiático me fascina especialmente porque alguna de las fotografías que salen en él si siquiera son fotogramas.
Para empezar esa imagen de Audrey Hepburn vestida (posiblemente de Rabanne) con ese traje chaqueta de charol negro no sale en la cinta. No recuerdo a Joanna vestida de esa guisa montada sobre una bicicleta. Justo al lado de su cabeza, una Audrey Hepburn sentada en una butaca estilo emmanuel con un vaporoso vestido de motivos florales. Tampoco se ve en "Dos en la carretera".

Tampoco entiendo mucho (por no decir nada) el momento ramo de flores en el cartel.

Y ya por último, si alguien sabe chino, me encantaría saber lo qué pone porque, visto lo visto, puede ser cualquier cosa.

Es probable que el cartel responda al tirón mediático de Hepburn en un intento por superar los pobres resultados obtenidos en la taquilla norteamericana. Quién sabe!

07/07/11

no más Fred, no más Gene, no más Ginger....west side story


Vuestros deseos (y los míos) son órdenes, así que vamos a ir pagando cuentas pendientes. Por fin, en primicia, para yo confieso, me adentro en un musical. Como veis no es "Cabaret". Tampoco es "Sonrisas y lágrimas" (lo siento chicos, pero las guardo para otra ocasión) es "West Side Story". Ahora justificaré el por qué.

A finales de los 50 el hartazgo generalizado hacia el musical había alcanzado cotas inimaginables en los cines. Las tramas pobres y las sobredosis de cánticos y bailes desplegados a la primera de cambio ya no contaban con la aprobación de esos espectadores que pertenecían a una nueva generación que se vestiría con vaqueros. La era de los grandes musicales repletos de decorados fantásticos, plumas de colores, luces de neón y coreografías efectistas agonizaba lenta y dolorosamente en los armarios polvorientos de los grandes estudios. No más Fred, no más Gene, no más Ginger.... El musical ha muerto.

Pero en 1961 se estrena "West Side Story" y como si de un ángel de la guarda se tratase, rescata del coma terminal al género, al menos para insufrarle el aliento necesario para permanecer vivo algún tiempo más .

Pero vayamos por partes. "West Side Story" precisa de un minucioso análisis que nos permita entender la envergadura de su hazaña y, sobre todo, el punto de inflexión que supuso en el cine denominado "musical".

De Broadway a Hollywood

Los orígenes de "West Side Story" tenemos que buscarlos, como no podía ser de otra forma, en el Broadway de 1957. En una enésima vuelta de tuerca al clásico de Shakespeare "Romeo y Julieta", el coreógrafo Jerome Robbins, en estrecha colaboración con el compositor Leonard Bernstein (pero también con el guionista Arthur Laurents, el letrista Stephen Sondheim y el escenógrafo Oliver Smith ) idea esta innovadora adaptación que sería llevada a la pantalla cuatro años más tarde y que cosecharía un sobresaliente éxito de taquilla y crítica.

Jerome Robbins. Leonard Bernstein. Nombres propios. No estamos citando a dos personas para completar una simple ficha técnica. No, queridos confesos. Jerome Robbins y Leonard Bernstein, alma máter y alma páter de "West Side Story", eran auténticas instituciones en sus respectivas disciplinas: ballet (bailarín, coreógrafo, escenógrafo) y música (director, compositor, pianista). No voy a extenderme en sus dilatadas carreras ni en sus innumerables logros profesionales (de alguno de ellos daremos buena cuenta aquí) ya que cada uno necesitaría su propia entrada. Por otra parte, yo confieso: no soy un experto ni en danza ni en música clásica, más quisiera! Ahora bien, es importante aclarar algo: a Leonard Bernstein no lo debemos confundir con Elmer Bernstein. El primero sólo hizo una BSO, concretamente la de "la Ley del silencio" (Elia Kazan). El segundo se dedicó principalmente a estos menesteres ("El hombre del brazo de oro", "Matar a un ruiseñor", "La gran evasión" o "Cazafantasmas", por poner sólo cuatro ejemplos de su extensísima obra).

Ficha técnica

Robert Wise ("Sonrisas y lágrimas") y Jerome Robbins dirigirían mano a mano la película. Leonard Bernstein repetiría con la música. Ernest Lehman ("Con la muerte en los talones") y Arthur Laurents se encargarían del guión adaptado y del libreto. Para la dirección artística se contrató a Boris Leven ("Anatomía de un asesinato", "Sonrisas y lágrimas") y para fotografiar la cinta a Daniel L. Fapp ( "Uno, dos, tres", "Vida íntima de Julia Norris"). Montaje a cargo de Thomas Stanford ("De repente el último verano"), vestuario en manos de Irene Shaff ( "Hello Dolly", "Quién teme a Virginia Woolf") y, títulos de crédito con la creatividad de nuestro amigo Saul Bass, conformarían el grueso del elenco técnico del film. Sólo en esta relación de profesionales ya tenemos 6 oscars.

El reparto estaría encabezado por Natalie Wood en el papel de María, Rita Moreno (Anita), Richard Beyner (Tony), George Chakiris (Bernardo) y Ross Tamblyn ( "Siete novias para siete hermanos") encarnando a Riff, además de un nutrido grupo de bailarines. Aquí tenemos otros 2 oscars (y vamos por 8): Rita Moreno y George Chakiris, ambos en la categoría de mejor actriz y actor de reparto.

La película

Todas las premisas de las que hablamos en su día analizando el trabajo de Saul Bass se dan cita en el prólogo de la película. Suenan las notas -precedidas de un silbido - de Leonard Bernstein compendiando toda la obra, una maravillosa overture en donde se funden todos los temas que oiremos en la cinta. Sobre la pantalla unos sencillos trazos verticales que representan el skyline de Manhattan sobre un fondo que va cambiando de color en función de la canción. No, no son colores aleatorios. Melodía y color se intercalan y fusionan para advertirnos de la importancia que van a jugar en la película (recomiendo volver a ver esta introducción una vez que termine la película y observar el juego entre colores, música e historia).

Un plano aéreo de Nueva York nos dirige hacia el oeste de la ciudad, hacia los barrios de los emigrantes, hacia la ciudad gris y desierta. Un silbido nos llama para presentarnos a los Sharks y a los Jets. Los primeros, emigrantes de origen portorriqueño. Los segundos, americanos hijos de emigrantes. Ambos en una eterna lucha de bandas por el control de las calles. Jerome Robbins decide mostrarnos la confrontación a través de una virtuosa coreografía (sin apenas guión) que no es más que una carta de presentación de su estilo, de el nuevo estilo que creará tendencia e influirá en todas las escuelas de danza del mundo. Cada uno de los movimientos que vemos es la puesta en escena de una pelea. Música y movimiento componen una unión indisoluble, incluso en las características secuencias de baile acrobático. Por primera vez en la historia del cine musical las cámaras salen a la calle para rodar a bailarines con vaqueros. Este prólogo conforma una verdadera declaración de intenciones: sólo a través del baile y de la música se sitúa al espectador en el contexto en el que se desarrollará el argumento. El distintivo uso del espacio, los cambios de peso a través del pie, los movimientos aislados en varias partes del cuerpo, los gritos durante la coreografía... son sólo algunas de las señas de identidad de Robbins. Pero además, la confrontación a la que asistiremos a lo largo de toda la película queda reflejada en el lenguaje corporal de los bailarines, lenguaje que es diferente y diferenciador en los Sharks y en los Jets. Los Jets "chasquean" los dedos mientras suenan acordes con clara influencia jazzística; para los Sharks, Bernstein introduce ritmos latinos.

A lo largo de toda la película Robert Wise filma inteligentemente las coreografías creadas por Robbins, acompañando los precisos números musicales con movimientos de cámara que abren el espacio a los bailarines, a veces, incluso desde arriba, y consiguiendo con cada plano una composición perfecta. El montaje de Stamford consigue mejorar, si es posible, el extraordinario lenguaje corporal de los bailarines.

Una escena particularmente significativa de la confrontación entra bandas es la que se desarrolla en el baile del gimnasio, donde se produce el primer encuentro entre María y Tony. Con el rojo como color premonitorio sobre las paredes que rodean a los bailarines, los Sharks y los Jets bailan. Irene Shaff confecciona para la ocasión un vestuario que ayuda a acrecentar el enfrentamiento: para los "inmigrantes", morados, naranjas, rojos... Para los americanos, ocres, amarillos, celestes... De nuevo música y baile se dan la mano para marcar las diferencias. En ese majestuoso mambo compuesto por Bernstein que se inicia con una especie de sintonía de feria de atracciones, Sharks y Jets bailan dándose la espalda la misma coreografía. Pronto comienza, nuevamente, la "pelea", marcando a través de pasos de baile el territorio.

Y María, vestida de blanco, se encuentra con Tony, y todo se difumina y se produce esa suerte de cortejo que ya todos conocéis y escuchamos la famosa aria "María".

Y aquí podríamos decir que termina el primer acto. En el segundo, como bien sabeis, los acontecimientos se precipitan y el rojo pasa a ser el color predominante. Por primera vez en la historia del musical asistimos a una historia trágica y sin final feliz. Por primera vez en la película, veremos a María vestida de rojo.

Los actores

Natalie Wood está soberbia interpretando a María. Aunque es cierto que para las canciones fue doblada por "la voz de Hollywood" Marni Nixon (encargada de doblar también a Audrey Hepburn en "My Fair Lady") y que no sabía bailar, estas carencias las suple con un más que conseguido acento. Si no conociéramos a Natalie Wood podríamos pensar que estudió a marchas forzadas inglés para interpretar el papel. Incluso, para las frases y palabras que dice en castellano casi consigue eliminar el acento americano. A mi, yo confieso, me recordó en el acento a Penélope Cruz en sus primeros papeles americanos, precisamente por ese "inglés leído".

Rita Moreno y George Chakiris, los únicos del reparto actoral ganadores del oscar, están más que correctos teniendo en cuenta el peso de sus personajes. Inolvidables en el famoso "América" de la azotea.

El único pero lo encuentro en Richard Beymer (Tony) que al igual que su compañera María no sabía cantar ni bailar. Él también fue doblado en las canciones (por Jimmy Bryant) pero su actuación no está a la altura del elenco y, mucho menos,de Natalie Wood, con quien comparte la mayoría de las escenas.

En definitiva...

Estamos ante un musical que marcó un punto de inflexión en el género, comparable sólo al que marcaría años más tarde Bob Fosse con sus coreografías y su obra cumbre "Cabaret". Quizás, gracias al aliento insuflado por "West Side Story" nacieron "My fair lady", "Sonrisas y lágrimas" o "Hello Dolly" por poner sólo tres ejemplos, pero nuevamente el musical volvió a languidecer hasta que "Cabaret" lo revivió, si bien es cierto, que de forma anecdótica.

Junto a dirección y mejor película, "West Side Story" se llevó 10 de los 11 oscars a los que estaba nominada. Sólo se dejó en el camino el mejor guión adaptado que lo ganó su máxima competidora en la edición de 1961, "Vencedores o vencidos" la gran perdedora de la noche teniendo en cuenta que también partía con 11 nominaciones y se fue a casa con solo dos premios: actor (Maximilliam Schell) y guión adaptado.

Curiosidades

Elvis se postuló como candidato para el papel de Tony pero su agente se lo prohibió ¡Os imaginais West Side Story con Elvis Presley!

Otro de los interesados en el papel de Tony fue Warren Beatty que en aquel momento trabajaba ( y algo más) con Natalie Wood en "Esplendor en la hierba". Natalie acompaño a la audición a Beatty haciéndole el favor de leer con él. Los directores se quedaron tan encantados que acabó siendo la elegida.

West Side Story es la primera película en la historia cuyo oscar a la mejor dirección tuvo que ser "repartido" entre dos directores: Robert Wise y Jerome Robbins.

La autoexigencia e inseguridades de Jerome Robbins ( viendo sus coreografías me puedo hacer una idea) hicieron que los estudios lo pusieran de patitas en la calle poco antes de acabar el rodaje.

Tras su estreno en París, "West Side Story" permaneció en cartel durante 5 años ininterrumpidos.

La partitura creada por Leonard Bernstein para "West Side Story" se encuentra entre una de las más exigentes del repertorio del teatro musical. Para una interpretación apropiada se necesitan como mínimo a 30 músicos.













06/07/11

tomorrow belongs to me


Yo confieso: soy adicto a los musicales!

Me debo una entrada dedicada a un musical pero no sé por cuál empezar. He aquí el problema: son tantas las películas musicales que me gustaría destripar que todavía no he sido capaz de comenzar con ninguna. No obstante, queda pendiente en la recámara (se admiten ruegos y sugerencias) una entrada al respecto o, casi mejor, una entrada con los mejores números musicales de la historia del cine. Ya veremos!

Hoy voy a hablar de "Cabaret" pero no de la película, sino de una canción muy concreta, quizás la menos "musical" de todo el film: "tomorrow belongs to me".

Hace unas semanas, cuando me designaron para realizar el MEME (ése que tanto me costó elaborar y que el Sr. Blogger eliminó sin contemplaciones) en mi memoria no estaba registrada esta escena, porque si así fuera, yo confieso, es probable que hubiera ocupado el puesto de "la escena más inquietante".

Como muy bien sabeis, la famosa escena arranca con un primer plano de un joven rubio y angelical que con una bella voz y una más que correcta entonación comienza a cantar "El sol en la pradera es tibio, los ciervos en el bosque corren libres, pero se juntan para saludar a la tormenta..." En ese momento, la cámara enfoca los rostros de alguno de los asistentes que se dan cita en esa especie de romería popular, para volver de nuevo al cantante que continúa cantando "el mañana me pertenece..." Hasta aquí todo parece hermoso: una escena costumbrista en un ambiente lúdico. Entonces, la cámara desciende hasta que podemos ver la insignia nazi en el brazo del joven para luego perderse entre los asistentes que contemplan respetuosos la escena. Volvemos de nuevo al solista, que continúa cantando hasta que un par de jóvenes (colegas) se le unen para formar un trío, justo cuando dicen "pronto habrá un susurro: despertad". A continuación la gente, de forma espontánea, jóvenes, ancianos, niños....se van levantando y se suman orgullosos y desafiantes al trío (ahora ya son un coro) "el mañana me pertenece, el mañana me pertenece" Sólo un anciano parece sentirse incómodo y, resignado, guarda silencio. Finalmente, el solista levanta su brazo para ejecutar el saludo nazi.

¿Se puede sugerir más con menos? No lo creo. El hecho en sí, lo grande de esta escena, no es que en apenas 3 minutos nos resuma un hecho histórico sin precedentes y vital para entender el contexto en el que se desarrolla la historia de los personajes. Lo grande, al menos para mí, es que nos hallamos antes una canción que pone los pelos de punta pero al mismo tiempo emociona. La canción, que inicialmente no tuvo nada que ver con el nazismo por tratarse de un cántico popular mucho anterior a su llegada (recalco "inicialmente" porque tras el estreno de Cabaret parece ser una canción de referencia para los grupos neo-nazis), tiene todos los ingredientes de un gran himno (letra, melodía, estructura) y, además, en la película se canta intencionadamente para que ese efecto se vea acrecentado: del solista pasamos al trío para terminar con un coro, todos con las las voces perfectamente empastadas a medida que se va produciendo ese gran crescendo. Por otra parte, la letra, en ese contexto, está repleta de metáforas perfectamente identificables.

Para mí, yo confieso, es una gran canción (popular), perfectamente interpretada por el coro, que me emociona y, al mismo tiempo, me aterra siempre y cuando la vea y la escuche en "Cabaret". Si la escucho en mi ipod sólo quiero unirme al coro y cantar. Al fin y al cabo, podríamos decir que estamos ante una canción con un mensaje muy optimista y esperanzador.

Aquí os la dejo con los subtítulos en español.



04/07/11

mesas separadas


La carrera de Delbert Mann en el cine es, cuando menos curiosa, por no decir irregular. Perteneciente a esa generación de directores (Sidney Lumet, Robert Mulligan, Martin Ritt...) forjados en la era dorada de la televisión, su debut cinematográfico tiene el honor de haber pasado a la historia de las curiosidades por varios motivos. Delbert Mann fue el primer director en conseguir un oscar con una opera prima, "Marty", película protagonizada por otro oscarizado Ernest Borgnine y que se iría a casa aquella noche con cuatro de las ocho estatuillas a las que optaba. Además, fue la primera película norteamericana en conseguir la Palma de Oro en Cannes. Como debut no está mal, la verdad!

Pero entre su segunda película "La noche de los maridos" (1957) y las famosísimas "Pijama para dos" (1961) y "Suave como el visón" (1962), ambas "dorisdayánicas", hay una joyita (al menos para mí) llamada "Mesas separadas".

Adaptación de la obra teatral homónima de Terence Rattigan ("El príncipe y la corista"), que participa en el guión junto a Jonh Gay ("Los cuatro jinetes del apocalipsis") y un no acreditado John Michael Hayes ("La calumnia", "Una mujer marcada", " La ventana indiscreta") "Mesas separadas" es una madeja repleta de curiosos personajes que se dan cita en un pequeño hotel de la costa inglesa cuyo máximo aliciente es, además de la proximidad al mar y la "fine cuisine" , disponer de mesas separadas.

La fauna que habita el Beauregard Private Hotel es variopinta: una dominante y ultra conservadora madre (Gladys Cooper) que atosiga y somete a su débil hija Sebyl (Deborah Kerr), la cual trata de contener sus ataques de histeria y la admiración que le produce el Mayor Pollock (David Niven) un patético fanfarrón acosado por un escándalo del que la prensa (y los habitantes de la pensión) se hace eco. Comparten comedor, que no mesas, con otros residentes fijos que ayudan a dar color a la escena y con John Malcom (Burt Lancaster) un pobre hombre que tiene problemas con el alcohol y que está prometido de forma secreta con la dueña del hotel, la señorita Pat (Wendy Hiller) que tendrá que soportar estoicamente la visita sorpresa de la ex mujer de su amante, la otrora famosa Ann Shakland (Rita Hayworth).

Sin embargo, lo que inicialmente parece un relato sobre la convivencia de un grupo diverso de personas se transforma en un inventario de tipos de huídas ("no puedes huir de tí mismo") en donde la automentira es el mejor vehículo para escapar de las prisiones en las que se encuentran los personajes. Delbert Mann nos los deja claro desde el principio con un plano de Deborah Kerr "atrapada" tras una verja. La soledad ("aquí, con vuestras mesas separadas os hablais unos a otros"), la culpabilidad (" Por qué hace la gente cosas que no debe"), el autoconsuelo ( " ¿Por qué unos beben tantísimo y otros fuman 50 cigarrilos al día? Porque no pueden evitarlo, supongo"), la resignación (" Estoy hecho así y no puedo cambiar"), los juicios de valor ("lo que para unos son pecados monstruosos para otros son faltas corrientes") son sólo algunos de los temas universales que se hospedan en este hotel.

"Mesas separadas" (título más que acertado) es, en definitiva, una película sobra la verdad, en donde las referencias a la oscuridad abundan para avisarnos que se esconde una mentira tras ella y en donde los personajes se van convirtiendo de forma insconciente en espejos, unos de otros. Al fin y al cabo, quién esté libre de culpa que tire la primera piedra.

La labor interpretaiva de todos los actores, sin excepción, es más que notable, aunque evidentemente sobresalen algunas interpretaciones. Gladys Cooper ("Rebeca", "My Fair Lady") confirma con su actuación que nos encontramos ante una de las secundarias de lujo de la historia del cine. Junto a ella, la gran Wendy Hiller ( "Un hombre para la eternidad" "Asesinato en el Oriente Express"), justa ganadora del oscar a la mejor actriz de reparto por esta pélícula, y hoy injustamente olvidada por muchos a pesar de su intachable técnica británica. David Niven, oscar al mejor actor, nos brinda una de sus mejores trabajos en un papel complejísimo y repleto de matices. Y por último, pero no menos importante por ello, la mayúscula Deborah Kerr.

Deborah Kerr ofrece una de las mejores interpretaciones de toda su carrera en "Mesas Separadas". Nominada a mejor actriz protagonista, lo perdió en favor de Susan Hayward por "¡Quiero vivir!", el mismo año en el que Liz Taylor competía por "La gata sobre el tejado de zinc". Dos años más tarde, en 1960, Kerr volvería a ser nominada por "Tres vidas errantes", ganando en esta ocasión Liz Taylor por " Una mujer marcada". El oscar a Liz Taylor por esta interpretación nunca lo he entendido, yo confieso, a no ser que se trate del típico oscar que intenta enmendar las injusticias cometidas en pasadas ediciones (en 1959 también estuvo nominada por "De repetente el último verano" y perdió en favor de Simone Signoret por "Un lugar en la cumbre") y aunque así fuera....mejor me callo. Sea como sea, que Deborah Kerr tuviera que conformarse con un oscar honorífico en 1994, tras 6 nominaciones a los oscars (que podrían haber sido muchas más), 4 a los BAFTA, 4 a los Globos de Oro (aquí al menos ganó uno por "El Rey y yo") es una de esas cosas del mundopremio que nunca he comprendido. He dicho.

Si no menciono a Burt Lancaster es porque aunque su interpretación me parece notable, como la de todos, creo que sus compañeros de reparto están mucho mejor. Y si no menciono a Rita Hayworth, vestida, por cierto, por Edith Head (la única de todo el reparto con ese lujo) es porque cuesta un poco no pensar que es "Gilda" entrada en años en busca de redención.

En cualquier caso, queridos confesos, a todos aquellos que no habeis visto esta película os la recomiendo encarecidamente




01/07/11

suddenly the last spring


¿Hay algo que me dé más pereza que justificar por qué empiezo esto? Sí, una película de Humphrey Bogart ¡Yo confieso! Pero ambas cosas hay que hacerlas o, al menos, eso se presupone....

Hace poco más de dos años comenzaba así este blog en una entrada titulada "quiero ser mala mala mala" dedicada a "Perdición" de Billy Wilder. Los motivos que me llevaron a abrir(me) este lugar siguen siendo extraños: me gusta escribir y soy adicto al cine clásico (todavía no hay cura). En cualquier caso, lo hice sin ninguna pretensión y animado por dos amigos que aparecen en los títulos de crédito de "yo confieso"(blog) como productor ejecutivo y costume coordinator: Alberto Ríos y Jack Lemon. Gracias chicos!!

En realidad escribía para mí (y/o para ellos). No le había contado a nadie que tenía un blog ni todas esas labores promocionales que se suelen hacer. Yo estaba satisfecho aunque apenas hubiera comentarios, aunque sólo tuviera 5 seguidores... Era feliz desde esa ignorancia. Tampoco navegaba en busca de otros cinéfilos, otras vidas, otras historias....Escribía, eso era todo.

Hubo un parón, un largo y oscurísimo fundido en negro que duró la friolera de año y medio hasta que regresé, como una secuela, la pasada primavera. Suddenly the last spring todo cambió. Encontré otros universos que comencé a seguir con mucho mucho interés. Poco a poco, personas anónimas para mí iban comentando lo que escribía ¡¡¡ Incluso me felicitaban!!! Eran (erais) como Munchkins: aparecisteis como si hubierais estado ocultos tras la maleza, con vuestras amables palabras, con vuestras interesantes entradas....y supongo que me reconocí en muchos de vosotros (sabeis lo difícil que es mantener una conversación sobre cine clásico), pero sobre todo, lo más grande, comencé a aprender de vosotros. Y todo empezó a tener un sentido.

Y hace poco, buceando en las tripas del blog, encontré la pestaña "estadísticas" y casi me caigo de la silla. Jamás hubiera pensando que "esto", que empezó como una anécdota, pudiera recibir ese número de visitas. No sé si son muchas, pocas, suficientes, anecdóticas....me da igual, para mí son más de las que podría haber esperado jamás.

Ahora, queridos Munchkins, ya no sois anónimos. A algunos os tengo incluso en el facebook (jijiji!). La familiaridad, la camaradería, el buenrollismo que se crea en estas interacciones entre cinéfilos son abrumadores y muy muy satisfactorios.

Cómo es la vida! Viendo esas "estadísticas" descubrí (no sin asombro) que mi entrada más visitada es "Por navidad quiero un Munchkin" . Así que, visto lo visto, me siento un poco James Stewart en "¡Qué bello es vivir!": agradecido y emocionado (o como Lina Morgan, lo que más os guste!)

En resumidas cuentas: gracias a tod@s por las cálidas acogidas, las amables palabras, los inteligentes comentarios y por hacerme sentir parte de "algo" que no me gusta que tenga nombre!!!

Hoy mis tags sois todos vosotr@s!

Y hoy, si me lo permitís, firmaré como...

Kike