
Vuestros deseos (y los míos) son órdenes, así que vamos a ir pagando cuentas pendientes. Por fin, en primicia, para yo confieso, me adentro en un musical. Como veis no es "Cabaret". Tampoco es "Sonrisas y lágrimas" (lo siento chicos, pero las guardo para otra ocasión) es "West Side Story". Ahora justificaré el por qué.
A finales de los 50 el hartazgo generalizado hacia el musical había alcanzado cotas inimaginables en los cines. Las tramas pobres y las sobredosis de cánticos y bailes desplegados a la primera de cambio ya no contaban con la aprobación de esos espectadores que pertenecían a una nueva generación que se vestiría con vaqueros. La era de los grandes musicales repletos de decorados fantásticos, plumas de colores, luces de neón y coreografías efectistas agonizaba lenta y dolorosamente en los armarios polvorientos de los grandes estudios. No más Fred, no más Gene, no más Ginger.... El musical ha muerto.
Pero en 1961 se estrena "West Side Story" y como si de un ángel de la guarda se tratase, rescata del coma terminal al género, al menos para insufrarle el aliento necesario para permanecer vivo algún tiempo más .
Pero vayamos por partes. "West Side Story" precisa de un minucioso análisis que nos permita entender la envergadura de su hazaña y, sobre todo, el punto de inflexión que supuso en el cine denominado "musical".
De Broadway a Hollywood
Los orígenes de "West Side Story" tenemos que buscarlos, como no podía ser de otra forma, en el Broadway de 1957. En una enésima vuelta de tuerca al clásico de Shakespeare "Romeo y Julieta", el coreógrafo Jerome Robbins, en estrecha colaboración con el compositor Leonard Bernstein (pero también con el guionista Arthur Laurents, el letrista Stephen Sondheim y el escenógrafo Oliver Smith ) idea esta innovadora adaptación que sería llevada a la pantalla cuatro años más tarde y que cosecharía un sobresaliente éxito de taquilla y crítica.
Jerome Robbins. Leonard Bernstein. Nombres propios. No estamos citando a dos personas para completar una simple ficha técnica. No, queridos confesos. Jerome Robbins y Leonard Bernstein, alma máter y alma páter de "West Side Story", eran auténticas instituciones en sus respectivas disciplinas: ballet (bailarín, coreógrafo, escenógrafo) y música (director, compositor, pianista). No voy a extenderme en sus dilatadas carreras ni en sus innumerables logros profesionales (de alguno de ellos daremos buena cuenta aquí) ya que cada uno necesitaría su propia entrada. Por otra parte, yo confieso: no soy un experto ni en danza ni en música clásica, más quisiera! Ahora bien, es importante aclarar algo: a Leonard Bernstein no lo debemos confundir con Elmer Bernstein. El primero sólo hizo una BSO, concretamente la de "la Ley del silencio" (Elia Kazan). El segundo se dedicó principalmente a estos menesteres ("El hombre del brazo de oro", "Matar a un ruiseñor", "La gran evasión" o "Cazafantasmas", por poner sólo cuatro ejemplos de su extensísima obra).
Ficha técnica
Robert Wise ("Sonrisas y lágrimas") y Jerome Robbins dirigirían mano a mano la película. Leonard Bernstein repetiría con la música. Ernest Lehman ("Con la muerte en los talones") y Arthur Laurents se encargarían del guión adaptado y del libreto. Para la dirección artística se contrató a Boris Leven ("Anatomía de un asesinato", "Sonrisas y lágrimas") y para fotografiar la cinta a Daniel L. Fapp ( "Uno, dos, tres", "Vida íntima de Julia Norris"). Montaje a cargo de Thomas Stanford ("De repente el último verano"), vestuario en manos de Irene Shaff ( "Hello Dolly", "Quién teme a Virginia Woolf") y, títulos de crédito con la creatividad de nuestro amigo Saul Bass, conformarían el grueso del elenco técnico del film. Sólo en esta relación de profesionales ya tenemos 6 oscars.
El reparto estaría encabezado por Natalie Wood en el papel de María, Rita Moreno (Anita), Richard Beyner (Tony), George Chakiris (Bernardo) y Ross Tamblyn ( "Siete novias para siete hermanos") encarnando a Riff, además de un nutrido grupo de bailarines. Aquí tenemos otros 2 oscars (y vamos por 8): Rita Moreno y George Chakiris, ambos en la categoría de mejor actriz y actor de reparto.
La película
Todas las premisas de las que hablamos en su día analizando el trabajo de Saul Bass se dan cita en el prólogo de la película. Suenan las notas -precedidas de un silbido - de Leonard Bernstein compendiando toda la obra, una maravillosa
overture en donde se funden todos los temas que oiremos en la cinta
. Sobre la pantalla
unos sencillos trazos verticales que representan el skyline de Manhattan sobre un fondo que va cambiando de color en función de la canción. No, no son colores aleatorios. Melodía y color se intercalan y fusionan para advertirnos de la importancia que van a jugar en la película (recomiendo volver a ver
esta introducción una vez que termine la película y observar el juego entre colores, música e historia).
Un plano aéreo de Nueva York nos dirige hacia el oeste de la ciudad, hacia los barrios de los emigrantes, hacia la ciudad gris y desierta. Un silbido nos llama para presentarnos a los Sharks y a los Jets. Los primeros, emigrantes de origen portorriqueño. Los segundos, americanos hijos de emigrantes. Ambos en una eterna lucha de bandas por el control de las calles. Jerome Robbins decide mostrarnos la confrontación a través de una virtuosa coreografía (sin apenas guión) que no es más que una carta de presentación de su estilo, de el nuevo estilo que creará tendencia e influirá en todas las escuelas de danza del mundo. Cada uno de los movimientos que vemos es la puesta en escena de una pelea. Música y movimiento componen una unión indisoluble, incluso en las características secuencias de baile acrobático. Por primera vez en la historia del cine musical las cámaras salen a la calle para rodar a bailarines con vaqueros. Este prólogo conforma una verdadera declaración de intenciones: sólo a través del baile y de la música se sitúa al espectador en el contexto en el que se desarrollará el argumento. El distintivo uso del espacio, los cambios de peso a través del pie, los movimientos aislados en varias partes del cuerpo, los gritos durante la coreografía... son sólo algunas de las señas de identidad de Robbins. Pero además, la confrontación a la que asistiremos a lo largo de toda la película queda reflejada en el lenguaje corporal de los bailarines, lenguaje que es diferente y diferenciador en los Sharks y en los Jets. Los Jets "chasquean" los dedos mientras suenan acordes con clara influencia jazzística; para los Sharks, Bernstein introduce ritmos latinos.
A lo largo de toda la película Robert Wise filma inteligentemente las coreografías creadas por Robbins, acompañando los precisos números musicales con movimientos de cámara que abren el espacio a los bailarines, a veces, incluso desde arriba, y consiguiendo con cada plano una composición perfecta. El montaje de Stamford consigue mejorar, si es posible, el extraordinario lenguaje corporal de los bailarines.
Una escena particularmente significativa de la confrontación entra bandas es la que se desarrolla en el baile del gimnasio, donde se produce el primer encuentro entre María y Tony. Con el rojo como color premonitorio sobre las paredes que rodean a los bailarines, los Sharks y los Jets bailan. Irene Shaff confecciona para la ocasión un vestuario que ayuda a acrecentar el enfrentamiento: para los "inmigrantes", morados, naranjas, rojos... Para los americanos, ocres, amarillos, celestes... De nuevo música y baile se dan la mano para marcar las diferencias. En ese majestuoso
mambo compuesto por Bernstein que se inicia con una especie de sintonía de feria de atracciones, Sharks y Jets bailan dándose la espalda la misma coreografía. Pronto comienza, nuevamente, la "pelea", marcando a través de pasos de baile el territorio.
Y María, vestida de blanco, se encuentra con Tony, y todo se difumina y se produce esa suerte de cortejo que ya todos conocéis y escuchamos la famosa aria "María".
Y aquí podríamos decir que termina el primer acto. En el segundo, como bien sabeis, los acontecimientos se precipitan y el rojo pasa a ser el color predominante. Por primera vez en la historia del musical asistimos a una historia trágica y sin final feliz. Por primera vez en la película, veremos a María vestida de rojo.
Los actores
Natalie Wood está soberbia interpretando a María. Aunque es cierto que para las canciones fue doblada por "la voz de Hollywood" Marni Nixon (encargada de doblar también a Audrey Hepburn en "My Fair Lady") y que no sabía bailar, estas carencias las suple con un más que conseguido acento. Si no conociéramos a Natalie Wood podríamos pensar que estudió a marchas forzadas inglés para interpretar el papel. Incluso, para las frases y palabras que dice en castellano casi consigue eliminar el acento americano. A mi, yo confieso, me recordó en el acento a Penélope Cruz en sus primeros papeles americanos, precisamente por ese "inglés leído".
Rita Moreno y George Chakiris, los únicos del reparto actoral ganadores del oscar, están más que correctos teniendo en cuenta el peso de sus personajes. Inolvidables en el famoso "América" de la azotea.
El único pero lo encuentro en Richard Beymer (Tony) que al igual que su compañera María no sabía cantar ni bailar. Él también fue doblado en las canciones (por Jimmy Bryant) pero su actuación no está a la altura del elenco y, mucho menos,de Natalie Wood, con quien comparte la mayoría de las escenas.
En definitiva...
Estamos ante un musical que marcó un punto de inflexión en el género, comparable sólo al que marcaría años más tarde Bob Fosse con sus coreografías y su obra cumbre "Cabaret". Quizás, gracias al aliento insuflado por "West Side Story" nacieron "My fair lady", "Sonrisas y lágrimas" o "Hello Dolly" por poner sólo tres ejemplos, pero nuevamente el musical volvió a languidecer hasta que "Cabaret" lo revivió, si bien es cierto, que de forma anecdótica.
Junto a dirección y mejor película, "West Side Story" se llevó 10 de los 11 oscars a los que estaba nominada. Sólo se dejó en el camino el mejor guión adaptado que lo ganó su máxima competidora en la edición de 1961, "Vencedores o vencidos" la gran perdedora de la noche teniendo en cuenta que también partía con 11 nominaciones y se fue a casa con solo dos premios: actor (Maximilliam Schell) y guión adaptado.
Curiosidades
Elvis se postuló como candidato para el papel de Tony pero su agente se lo prohibió ¡Os imaginais West Side Story con Elvis Presley!
Otro de los interesados en el papel de Tony fue Warren Beatty que en aquel momento trabajaba ( y algo más) con Natalie Wood en "Esplendor en la hierba". Natalie acompaño a la audición a Beatty haciéndole el favor de leer con él. Los directores se quedaron tan encantados que acabó siendo la elegida.
West Side Story es la primera película en la historia cuyo oscar a la mejor dirección tuvo que ser "repartido" entre dos directores: Robert Wise y Jerome Robbins.
La autoexigencia e inseguridades de Jerome Robbins ( viendo sus coreografías me puedo hacer una idea) hicieron que los estudios lo pusieran de patitas en la calle poco antes de acabar el rodaje.
Tras su estreno en París, "West Side Story" permaneció en cartel durante 5 años ininterrumpidos.
La partitura creada por Leonard Bernstein para "West Side Story" se encuentra entre una de las más exigentes del repertorio del teatro musical. Para una interpretación apropiada se necesitan como mínimo a 30 músicos.