27/06/11

bette davis sólo hubo una


Objeto del estudio: similitudes y diferencias en la técnica interpretativa.
Sujetos del estudio: Bette Davis y Tallulah Bankhead.
Película con la que se realiza el experimento: "La zarina" (1945)
Resultados obtenidos: BETTE DAVIS ES IRREPETIBLE.


Servida la polémica en real bandeja de plata (vamos a analizar "A Royal Scandal") y la osadía por parte de un humilde servidor con su anterior entrada, procedamos, sin más demora, a destripar - sólo un poco - "La zarina" de Ernst Lubitsch o/y Otto Preminger.

Lo primero que hemos de dilucidar es ese "o/y" en la autoría de la cinta. Al parecer ni a uno (Lubitsch) ni a otro (Preminger) les gustaba mucho incluirla en su curriculum. De hecho, si navegamos un poco, podremos ver que según las fuentes consultadas, hay quien se la adjudica a uno y hay quien se la adjudica a otro. Los títulos de crédito, por su parte, colocan a Lubitsch como productor y a Preminger como director. Lo cierto es que la película la comenzó Lubitsch y la terminó Preminger ¿Por qué? Ernst Lubitsch había comenzado el rodaje pero tuvo que abandonarlo de forma precipitada por problemas cardíacos. Otto Premiger, que acababa de terminar "Laura" y estaba a las órdenes de la Fox, fue el director sustituto.

Estamos, por tanto, ante una especie de película híbrido. Reconocemos el "toque Lubitsch" en la ironía pero también el "toque Preminger" en la realización funcional. Para mi gusto el sello del denominado fundador de la comedia sofisticada es más visible que el sello Preminger. Ayuda, en este sentido, el equipo de guionistas, Justus Mayer, Bruno Frank y, sobre todo, Melchior Lengyel, autor no sólo de la comedia de la que se adapta la película, sino también de alguno de los títulos más memorables de Lubitsch como "Ninotchka" o "Ser o no ser".

A Royal Scandal es una comedia sobre Catalina II de Rusia, La Grande, la madre de todas las madres de Rusia. Abro paréntesis ( Bette Davis dio vida años después a esta reina en "Orgullo y Pasión" de Stanley Kramer, rodada, como ya os conté en su día, en España. Cierro paréntesis) El argumento explícito versa sobre las intrigas palaciegas por hacerse con el trono por parte de los revolucionarios. El argumento implícito, el verdaderamente irónico, es la soledad de una reina que no lleva bien el paso del tiempo, que no puede confiar en nadie y que está obsesionada por los uniformes y, claro está, por quienes los llevan puestos.

El cambio de dirección es quizás el culpable de que "La zarina" no esté a la altura de otras comedias del director alemán. Con todo, asistimos a momentos hilarantes, repletos de rápidos diálogos con muchísima ironía, surrealistas algunos, quizás arquetípicos, pero efectivos. La fuerza con la que arranca la película se va debilitando a medida que transcurren los minutos y, poco a poco, va perdiendo frescura.

Junto a Bankhead, de la que hablaremos al final, un elenco de importantísimos secundarios. Un inconmesurable Charles Coburn da vida al canciller Nicolai Liyitc, responsable de los asuntos exteriores del reino, mano derecha de la monarca y, quizás, el que mejores frases tiene en todo el guión. Su interpretación es, simplemente, inmejorable.

Anne Baxter es la condesa Anna Jaschikoff, una de las damas de compañía de la reina y prometida de Alexei Chernoff (William Eythe) el joven ante quien cae rendida Catalina La Grande. Anne Baxter está correcta en su papel, comparable, quizás, a Tallulah Bankhead en las escenas compartidas. Por el contrario, para mi, yo confieso, William Eythe no está a la altura de sus compañeros, más si tenemos en cuenta la importancia de su papel y los minutos de metraje en los que aparece.

Es destacable, aunque corto, el buen trabajo de Vincent Price interpretando a el Marqués de Fleury (entre otra docena de títulos más) y que sin caer en el cliché es capaz de transmitir el afrancesamiento más cómico de la corte de Luis XV. Sus tête a tête con Charles Coburn son de lo mejor de la película.

Y por último, la legendaria Tallulah Bankhead. Yo confieso: su interpretación me parece muy buena, y, quizás, ayuda a comprender lo que en su día pudo haber sido en un teatro. El carácter inestable de la Reina Catalina permite disfrutar de una Bankhead que cambia de registros pero manteniendo siempre la vis cómica. Aunque su papel exige la sobreactuación, lo resuelve de una forma acertada sin añadir más de lo que el guión exige y, por lo tanto, confirmando que hablamos de una actriz con tablas. Su interpreación consigue realzar el patetismo de una reina egocéntrica pero al mismo tiempo tocada (y a veces hundida) por el paso de los años.

Y ahora la pregunta ¿hay algo de Bette Davis en Tallulah Bankhead? Yo confieso: he encontrado algo que sí me ha hecho recordar alguna interpretación de Bette Davis. No es su voz, ni la forma de moverse, son las manos. Como sabeis, Bette utilizaba mucho las manos cuando el cigarrillo estaba fuera de lugar. Este "truco" es muy obvio, por ejemplo, en "La vida privada de Elizabeth y Essex", aunque también puede apreciarse en "La loba". Tallulah Bankhead emplea las manos de forma similar en "La zarina" pero no llega a darle la expresividad que transmite Bette Davis. En casi todas las escenas se la ve moviendo los dedos, inquietos, mostrando nerviosismo. Para mí éste siempre fue un rasgo característico de las interpretaciones de Bette Davis. Ignoro si era compartido. Ignoro si era copiado. Sólo sé que lo sigo teniendo claro: BETTE DAVIS SÓLO HUBO UNA.




22/06/11

anatomía de una entrada



Hace unas semanas, en "tres zsas zsas" transcribía una conversación que supuestamente mantuvieron George Sanders y Zsa Zsa sobre la remota posibilidad de que Gabor consigiera un papelito en "Eva al desnudo". El cuando menos surrealista diálogo que mantiene el matrimonio está extraído del libro "Desnudando a Eva" de Sam Staggs y del que en su día hice una reseña en una de mis primeras incursiones en el "mundo blog".

Yo confieso: cada vez que abro "Desnudando a Eva" quedo litaralmente enganchado y siempre encuentro algo nuevo. En esta ocasión me (re)topé con Tallulah Bankhead, íntima enemiga de Bette Davis.

Os pongo en antecedentes: en 1950, año del estreno de "Eva al desnudo", nacía un programa de radio desde donde la practicamente acabada Tallulah Bankhead pretendía arrebatarle Margo Chaning a Bette Davis. Tal programa se haría muy famoso - según Sam Staggs - por la cantidad de maldades que se soltaron. El origen de la inquina que tenía Bankhead hacia Davis hay que buscarlo en las versiones cinematográficas que la actriz había hecho de algunos triunfos teatrales de la "Legendaria Tallulah": "Amarga Victoria" y "La Loba". En un encuentro que tuvieron ambas divas en una fiesta dada por Jack Wagner, Tallulah se dirigió a Davis exclamando " Cariño, has interpretado todos mis papeles, aunque yo estaba muchísimo mejor en ellos". Davis respondió: " Estoy de acuerdo con usted, Miss Bankhead" evitando así que la sangre llegara al río.

Pero el climax de la contienda llegó con "Eva al desnudo". Un oyente preguntó a la locutora-actriz en su programa de radio si había visto la película, a lo que ella respondió "Todas las mañanas al lavarme los dientes" para a continuación añadir "Cariño, ya verás cómo voy a dejar a esa Mujer cuando le eche la mano encima. Le voy a arrancar hasta el último pelo del bigote". Finalmente sentenció: " Si alguna vez hacen All about me, yo misma lo interpretaré". Y es que Tallulah Bankhead estaba totalmente convencida de que Bette Davis, para dar vida a Margo Chaning, le había copiado su voz, su peinado y sus exagerados ademanes. Como si la leña que ardía en el fuego no fuera suficiente, publicaciones como Life declararon: " Es obvio que Bette Davis ha tomado como modelo a Tallulah Bankhead para la película".

Que Tallulah estaba fuera de punto queda claro. Durante más de dos años se dedicó a despotricar contra Bette Davis y "Eva al desnudo" en su popular programa de radio. No bastándole con eso, en 1952 hizo su particular versión radiofónica de la película, adaptando el guión del propio Mankiewicz. En esta versión participaba Mary Orr, autora de la pequeña novela que sirvió de base para escribir la película y que daba vida a Karen Richards. Cuando le preguntaron cómo había sido trabajar con Bankhead confesó que la "Legendaria Tallulah" se acercó a ella y le dijo: "Cariño, tengo entendido que te inspiraste en mí para escribir el papel de Margo Chaning". La respuesta no pudo ser más sincera y desoladora: "No, Miss Bankhead, está basada en Elizabeth Bergner". Tallulah farfulló: ¡No es posible!


Pues bien, tras "presenciar" este odio que Tallulah Bankhead profesaba contra Bette Davis, quise saber si era fundado o infundado. Necesitaba saber si Tallulah y Bette tenían alguna similitud en la pantalla y si, realmente, una estaba copiando a la otra. Como los mejores trabajos de Bankhead se vieron sobre las tablas, esta investigación se me antojaba complicada. Su corta trayectoria cinematográfica (la mitad de ella en el cine mudo) no dejaba mucho margen de maniobra. Podría basarme en "Náufragos" de Alfred Hitchcock (1944) pero aquí, yo confieso, no encuentro atisbo alguno de Davis en Tallulah (o viceversa, ya no sé qué decir). Sin embargo, en mi afán por encontrar algo, por muy pequeño que fuera, encontré una película que también tiene su trastienda. Hablo de "La zarina" (1945) de Ernst Lubitsch y/o Otto Preminger y de la que hablaré en mi próxima entrada.

Os invito a verla y a ayudarme a buscar parecidos (razonables o no) entre Bette Davis y Tallulah Bankhead ¿Os atreveis?


20/06/11

no fue carmen jones, fue saul bass


Carmen Jones

En 1954 Otto Preminger estrena "Carmen Jones" un musical basado en la "Carmen" de Bizet (adaptada a su vez por éste de la obra de Merimée, sí, sí, el de la canción de la Sevilla "yo soy la Carmen de España y no la de Merimée y no la de Merimée") con canciones de Oscar Hammerstein Jr. y protagonizada por Dorothy Dandridge y Harry Belafonte. Quizás, para muchos, esta película ha pasado a la historia por ser la primera en la que una actriz negra optaba al oscar a la mejor protagonista (Hattie McDaniel había conseguido el galardón pero como secundaria en su legendaria interpretación en "Lo que el viento se llevó"). Pero para mí, yo confieso, esta película es histórica por este momento.

Sí, no me he vuelto loco. Esta película marca un antes y un después en la historia del cine por los títulos de crédito. Ni más ni menos.

El responsable es Saul Bass (1920-1996) diseñador gráfico con un fecundo curriculum a sus espaldas y que llega al cine de la mano de Preminger para, en un principio, diseñar el cartel promocional de la película. Situémonos: año 1954. Hasta entonces todos los carteles promocionales estaban cortados por el mismo patrón. Salvo algún tímido intento en los años 30 y 40 por parte de directores más o menos innovadores, lo normal era emplear fotogramas de la película y, cómo no, la imagen de las estrellas protagonistas como reclamo para el gran público. Bass aceptó el encargo de Preminger y diseñó el cartel que veis arriba. Le gustó tanto su trabajo que lo contrató para idear los títulos de crédito de la película.

Tras "Carmen Jones" Saul Bass se encargó de los títulos de crédito de películas como "El gran cuchillo" (1954) de Robert Aldrich o "La tentación vive arriba" (1955) de Billy Wilder, pero sin duda alguna, fue su siguiente trabajo junto a Preminger el que lo catapultó como maestro en el diseño de los títulos de crédito: " El hombre del brazo de oro" (1955).

El hombre del brazo de oro: Bass/Preminger

En "El hombre del brazo de oro"se aprecian de forma clara las premisas de Bass: "sintetizar y resumir". Un elemento innovador en su trabajo (y por extensión en la historia del cine) es el empleo, en beneficio del diseño, de las posibilidades emocionales de la música combinadas habilmente con el simbolismo de las imágenes. Para el diseñador la función de esos primeros minutos está clara: introducir al espectador en la historia. Con unos tétricos acordes jazzísticos sonando sobre un fondo totalmente negro, Bass intercala barras blancas, verticales y horizontales, que entran y salen del marco a distintas velocidades, sin aparente orden ni concierto, para insertar (casi diríamos aprisionar) los nombres del elenco, nombres o títulos que aparecen en gris y con un tipo de letra creada exclusivamente para dotar de coherencia a todo el trabajo. El simbolismo es evidente y nos está adentrando o, mejor dicho, no está advirtiendo de los callejones sin salida de los personajes. Los títulos finalizan con un esperpéntico brazo que sale desde arriba tratando de "agarrar" el nombre del director.

La unión Preminger/Bass se extendería a lo largo de los años. "Buenos días tristeza" (1958); "Anatomía de un asesinato" (1959) o "Éxodo" (1960) son un claro ejemplo del estilo creado por Bass para intoducir las películas de Preminger.

Bass/Hitchcock

La excelencia de Bass radicó, quizás, en saber adaptar su trabajo a las necesidades del director y, por extensión, a las de la película. Su evolución y, en definitiva, experimentación, es indudable a la vista de los trabajos que hizo para directores como Stanley Kramer ("Orgullo y pasión"), Stanley Kubrick (Espartaco), William Wyler ("Horizontes de grandeza") o Edward Dmytryk ("Walk on the wilde side") entre muchos otros. Me gustaría destacar la belleza y minimalismo de los créditos de "Espartaco" en un trabajo artístico sublime y la originalidad de "Walk on the wild side" con esa gata negra vagando por las calles.
Si el encuentro con Otto Preminger fue decisivo para entrar a trabajar en el mundo del cine, su encuentro con Hitchcock fue, posiblemente, decisivo para que Saul Bass quedara vinculado al séptimo arte de por vida . Aunque no cabe duda que para muchos hablar de Saul Bass es ver, de inmediato, los títulos de crédito de "Anatomía de un asesinato", no podemos menospreciar su trabajo para tres de las mejores películas del maestro del suspense: "Vértigo", "Psicosis" y "Con la muerte en los talones"cuyos títulos de crédito son auténticas obras maestras.

En "Vértigo" Saul Bass comieza la secuencia con un primer plano en blanco y negro de la que podría ser la protagonista (no, no lo es, no es Kim Novak) dirige la cámara hacia la boca (aparece el nombre de James Stewart) hacia los ojos que miran sospechosos a derecha y a izquierda (aparece Kim Novak), y por último, hacia uno de los ojos. A continuación el blanco y negro pasa a rojo (recordemos la importancia del rojo en la película) y la cámara se adentra en el ojo para comenzar una secuencia de espirales de diferentes colores(¿son casuales las espirales en una película como "Vértigo"?) de la que finalmente aparecerá el nombre del director. A ello hay que añadirle la inquietante música de Bernard Herrmann. Bass lo consigue: ¿quién puede levantarse de la butaca viendo esos títulos de crédito?

Con "Psicosis" el trabajo de los títulos de crédito es puramente conceptual. De nuevo barras horizontales y verticales que desdoblan los títulos, los distorsionan, los enrarecen... ¿No hablamos, acaso, de una psicosis? Las malas (o buenas) lenguas siempre han dicho que el trabajo de Bass para "Psicosis" no se limitó exclusivamente a diseñar los títulos de crédito. Es frecuente leer que tras el storyboard de la mítica secuencia de la ducha también estaba él y que los planos y ángulos utilizados, incluso la idea de incorporar la sombra de Norman Bates tras las cortinas de la ducha, fueron suyas. Hitchcock, evidentemente, lo negó toda su vida.

Bass: el legado

Como dijimos al principio, el trabajo de Bass para el cine fue prolífico. Evidentemente no se detuvo aquí, en la edad dorada de Holywood, y continuó toda su vida vinculado a la industria. De sus últimos trabajos destacan los realizados para su amigo Martin Scorsese ( "Goodfellas", "El cabo del miedo", "La edad de la inocencia" o "Casino" entre otros). En cualquier caso, su estilo y su forma de concebir los títulos de crédito, marcaron un antes y un después, y si habeis tenido la paciencia ( y espero que la satisfacción) de ver todos los títulos de crédito que aquí os he dejado, sereis conscientes de su influencia en infinidad de películas.

La sombra de Saul Bass es como la de un ciprés, muy alargada, tanto, que incluso el diseño de este humilde blog se creó bajo esa sombra. Tanto, que incluso hay quien se dedica a "saulbassizar" los títulos de crédito de famosísimas películas. Tanto que incluso existen webs tan elaboradas como ésta donde poder contemplar su maravilloso trabajo a golpe de clicks.

Pero lo mejor que hizo Saul Bass para el cine fue concederle a los primeros minutos de una película la misma importancia que a los últimos. The end.




17/06/11

las famosas fotos



Lo prometido es deuda: como os comentaba en mi anterior entrada, aquí teneis las famosas fotos, esas que son como un tesoro para mi. Sólo son algunas y entiendo que vosotros sólo podeis verlas: olerlas, tocarlas y pasarlas una a una, deteniéndose el tiempo que sea necesario es un gran placer. Os lo aseguro!

Me alegra mucho poder compartirlas con vosotros, al menos de esta manera!

Saludos a todos!!


15/06/11

mi "cinema paradiso"

Tendría 11 años, quizás 12.

Todos los sábados quedábamos para ir al cine, un típico y mítico cine de un pueblo sin nombre. Recuerdo las películas de Bruce Lee. Recuerdo "Los cazafantasmas". Recuerdo... poco más. Y por más que mi madre se empeñe, no recuerdo que me llevara a ver E.T al cine. Una pena. Sí recuerdo, como si fuera ayer, el ritual de quedar para ir al cine los sábados por la tarde y recuerdo perfectamente como, durante la semana, pasaba por delante del cine para ver aquellos carteles que, muchas veces, eran vecinos de otros con mujeres en topless repletas de pegatinas en forma de estrella que ocultaban lo que todos queríamos ver.

Recuerdo un sábado. Habíamos quedado para ver una de tantas otras películas. Cuando llegamos a la taquilla descubrimos contrariados que habían cambiado la programación. En lugar de aquella película que mi memoria ha olvidado, ponían otra llamada "La rosa púrpura del Cairo" de un tal Woody Allen. Mis amigos no quisieron entrar a ver una película "desconocida", pero yo, movido no sé por qué, entré en el cine aquel sábado.

Solo.

Sí, recuerdo eso: la primera vez que fui solo al cine. Y recuerdo aquella película "La rosa púrpura del Cairo". Recuerdo como los personajes salían de la película y recuerdo cómo a mi manera, tomé conciencia de cómo se "inventaba" el cine.

Muchas veces me preguntan por qué me gusta tanto el cine y, en especial, el cine clásico. Yo creo que en aquella tarde de sábado está la respuesta.

A ese mismo cine habían acudido en infinidad de ocasiones mi madre y sus hermanas. Mi familia, con mi abuelo a la cabeza, tenía una pequeña tienda en la que el paso de los años había escondido auténticos tesoros. Un día encontré dos "cosas" que para ver bien era necesario poner delante de una luz.

-¿Qué es esto abuelo?
- Esa es la publicidad que poníamos en el cine hace muchos años.

Aquellas "cosas", me explicó, se ponían delante del proyector para que salieran en la pantalla durante los descansos, cuando la gente visitaba el ambigú.

Otro día encontré una caja. Era distinta a otras cajas que había en la tienda. Cuando la abrí para ver lo que contenía me encontré con cientos de fotografías de personas que yo no conocía. Al pie de cada foto había nombres extraños para mí: Joan Fontaine, Greta Garbo, James Stewart, Audrey Hepburn, Joan Collins, Liz Taylor, Bette Davis,Cary Grant, Paul Newman, Lana Turner... y en la parte trasera una fecha, un año, 1956, 1962, 1968...

- ¿Qué es esto abuelo?
- Son fotos de actores que tu madre y tus tías ha ido guardando desde hace muchos años.

Tenía que conocerlos. Ese fue mi gran objetivo: saber quiénes eran todas esas personas que posaban radiantes en aquella fotografías. El "modus operandi" estaba claro: "tengo que ver todas las películas en blanco y negro que pongan en la tele".

Y ahí empezó todo.

Un día una siniestra noticia corrió como la pólvora por mi pueblo. El cine iba a cerrar. No sólo eso: iban a derribarlo.

Hoy, en aquel sitio, en el mismo lugar donde descubrí la maravillosa sensación de ir solo al cine, en el mismo lugar en el que entendí cómo se hacía una película, hay un edificio de apartamentos. Hoy, cada vez que veo "Cinema Paradiso" recuerdo aquel cine.

En mi memoria sigue todo intacto: la taquilla, las butacas, los cortinones que bordeaban la pantalla, el olor, el ambigú....

En mi poder, esos maravillosos "fotogramas" que en los años 50 publicitaban la tienda de mi abuelo, como dos joyas de incalculable valor.

En una caja, a buen recaudo, cientos de fotografías promocionales de las estrellas del Hollywood dorado.

Ahora sí.

Ahora ya sé quienes son.


11/06/11

vencedores o vencidos


Hace unos días, mis "vecinos" de 24 veces por segundo hacían la reseña de "Vencedores o vencidos" (Stanley Kramer, 1961). Yo confieso: la película había quedado perdida en mi memoria y aunque recordaba el impacto que en su día me causó, no podía hacer comentario alguno al respecto. Leída la entrada, revisité la cinta, así que me dispongo a hacer mi humilde análisis el cual estará bastante alejado de los detalles técnicos e interpretativos y se basará más en el fondo del asunto. Por ello, me remito a la excelente entrada de mis colegas White Gold y Bruja Truca, en donde se aborda con todo lujo de detalles el impresionante elenco de la película además de otras curiosidades.

AVISO: CONTIENE SPOILERS


¿Debe un juez aplicar la legislación vigente aunque vaya en contra de su conciencia? ¿ Es posible responsabilizar a todos los alemanes de los crímenes cometidos por el Tercer Reich?¿Tiene legitimidad un tribunal constituido ad hoc por los vencedores para enjuiciar a los vencidos?

¿Existe el perdón? ¿Se puede vivir sin odio? ¿Vencedores o vencidos? He aquí el dilema.

La incomprensible costumbre de traducir los títulos de las películas al idioma patrio es algo que nunca acabo de entender. No obstante, en este caso, el título con el que llegó a España "Judgment at Nuremberg" me parece más acertado que el original, pues, a fin de cuentas, la sombra de esa duda es la que planea como verdadera protagonista sobre las tres horas de película

¿Quiénes son los vencedores? ¿Quiénes los vencidos?

"Vencedores o vencidos" es una gran película, pero puede llevarnos a engaño. No estamos ante una obra magistral que se sustente gracias a un elenco repleto de actores de probada solvencia. No. De hecho, sin todos esos grandes nombres, posiblemente la obra conservaría su maestría porque ésta anida en el guión. "Vencedores o vencedidos" es mucho más que una película, es una patata caliente en manos del espectador que debe decidir - y así lo hace a lo largo de toda la película - quiénes son los buenos y quiénes son los malos.

Quitémonos las caretas y seamos sinceros: cuando comienza el juicio ya tenemos nuestro veredicto claro, ya sabemos quiénes son los vencedores y quiénes los vencidos. Hemos juzgado sin escuchar la defensa de los culpables (ni siquiera imputados). Paradójicamente, hemos cometido el mismo pecado que se le imputa a esos jueces que se adhirieron a la maquinaria nazi: nos hemos dejado llevar.

¿Hemos sido justos? Y es que ese es el tema central de la película, la justicia, y Kramer, muy hábilmente, nos encomienda esa tarea, la de tratar de ser justos (no la de serlo).

Un soberbio guión nos permite conocer todos los puntos de vista. Nos permite tomar partido, disentir, corroborar, defender y culpar. Sobre la mesa dos asuntos tan escabrosos como abominables, la esterilización y la eugenesia, que desembocan inevitablemente en la responsabilidad que los jueces instrumentalizados por el Tercer Reich pueden tener sobre las atrocidades cometidas en los campos de concentración ¿Son culpables por omisión? ¿Son acaso cómplices?

La película nos muestra todas las aristas de este complejo prisma. La cámara, muchas veces subjetiva, entra y sale del tribunal para que podamos disponer de los elementos necesarios que ayuden a dictar nuestra propia sentencia. Así, no sólo escuchamos la acusación y la brillante defensa (que, dicho sea de paso, recuerda las buenas relaciones que mantenía Hitler con Churchill o el Vaticano antes de la contienda) sino que también podemos comprender el sentir de los ciudadanos anónimos. Escuchamos frases como "demostrarle al resto del mundo que no todos los alemanes somos monstruos", "no sabíamos nada", "no estábamos enterados de lo que estaba sucediendo"... Pero nadie quiere hablar porque quien más y quien menos, con más o menos razón, se siente o se sabe cómplice.

Aunque comparte banquillo con tres colegas, es sobre Ernst Janning (Burt Lancaster) sobre quien recae el peso del juicio. Su gesto arrepentido, su silencio, y, más tarde, su confesión, producen el efecto deseado, el efecto crimen y castigo: sabemos que ha hecho algo malo pero sentimos compasión y, sin quererlo, lo estamos perdonando. Sabemos que él no sabía todo lo que nosotros sabemos y sabemos que está profundamente arrepentido. Creemos saberlo todo y, por ello, quizás, creemos saber ser justos si tuviéramos que dictar sentencia. Por ello nos sorprende el veredicto: culpable.

¿No hubiera sido mejor perdonar? ¿No se está equivocando el tribunal? De hecho, uno de los tres magistrados disiente ¿Es posible que ese magistrado sea yo?

Dictada la sentencia, el juez Dan Haywood (Spencer Tracy) visita a Janning en su celda y escuchamos la respuesta a todas nuestras dudas:

Jenning: Juez Haywood, la razón por la que le pedí que viniese... aquella pobre gente... aquellos millones de personas. Jamás supuse que se iba a llegar a eso ¡Debe creerme! ¡Debe usted creerme!

Haywood: Señor Janning, se llegó a eso la primera vez que usted condenó a un hombre sabiendo que era inocente.


¿Se puede decir algo más? Sí: ser justo no es tarea fácil.



10/06/11

otras imágenes: no sólo Bette sabía fumar


Sí, Bette era la mejor fumadora: el modo en el que aspiraba el cigarro y exhalaba el humo era muy característico de sus personajes. Pero no debemos olvidar ni menospreciar a otra gran fumadora: Dietrich.
A veces, levantantado una ceja sobran las palabras.

A veces, fumando un cigarro también.

07/06/11

hollywood en españa



En 1951 se estrena "Pandora y el Holandés Errante" ( Albert Lewin) con James Manson y Ava Gardner como flamantes protagonistas. Gracias a esta película, rodada en Girona, Ava entabla una relación de 15 años con España que inaugura con un sonado romance con al actor-torero-cantante (multiusos) Mario Cabré. Como atentos testigos del idilio, los periodistas nacionales y, sobre todo, norteamericanos, que dieron buena cuenta del romance entre la actriz y el actor-torero. El resto es una historia que ya conoceis: Ava adquirió "La Bruja" en La Moraleja y pasó a formar parte del selecto club que componía la dolce vita madrileña de los años 50. Chicote, Luis Miguel Dominguín, los toros, los saraos.... Ava está en España y, por extensión, un pedazo de Hollywood.

En 1956 y 1957 se estrenan dos superproducciones rodadas en España y que ayudarán a entender la empresa de nuestro protagonista (ahora lo conoceremos, calma) y las razones por las que España se convirtió durante 6 años en una sucursal de Hollywood: "Alejandro el Grande" (Robert Rossen) y "Orgullo y pasión" (Stanley Kramer). "Alejandro el Grande" o "Alejandro Magno" estaba protagonizada por Richard Burton y aunque consiguió rentabilizar el dinero invertido, fue un auténtico despilfarro de medios técnicos y humanos. Por su parte, Stanley Kramer, para dirigir "Orgullo y pasión", se entrevistó previamente con Franco para que le facilitara la logística adecuada al ingente número de extras que participarían en el film junto a Cary Grant, Sophia Loren o Frank Sinatra, al que, por cierto, no le gustaba demasiado España. Aquí podeis ver a Grant "paseándose" por la Plaza del Obradoiro.

Fue precisamente el mismo año del estreno de "Orgullo y pasión" (1957) cuando Samuel Bronston aterriza en España.

Samuel Bronston (en la foto junto a Ava Gardner y Charlton Heston) , productor independiente, fue el responsable de que en España contáramos con un pseudo Hollywood tan increíble como efímero en Las Rozas (Madrid) entre los años 1958 y 1964. A él le debemos 6 películas rodadas íntegramente aquí con su personal y megalómano sello: "El Capitán Jones" (John Farrow, 1959), "Rey de Reyes" ( Nicholas Ray, 1961), "El Cid" (Anthony Mann, 1961), "55 días en Pekín" (Nicholas Ray, 1963), "La caída del Imperio Romano" (Anthony Mann, 1964) y "El fabuloso mundo del circo" (Henry Hathaway, 1964).

Pero ¿Quién era Samuel Bronston y por qué eligió España para producir sus películas?

Samuel Bronshtein nace en 1.908 en una remota aldea de Besaravia (hoy perteneciente a Moldavia) en el seno de una humilde familia judía. Cuando era adolescente, emigra a París y realiza todo tipo de trabajos para ganarse la vida. Poco después de cumplir los 20 años se casa con la hija del dueño de una sala de cine. Significaría su primer acercamiento a la industria. Sin embargo, el destino le tenía preparado un encuentro decisivo: conocer a la viuda del novelista Jack London y la posibilidad de adquirir los derechos de sus novelas. Esta adquisición supondrá su pasaporte de entrada a Hollywood ya que, una vez en EE.UU, comienza a ejercer como productor independiente de las adaptaciones cinematográficas de London para estudios como United Artist, Fox o Columbia. Así, participa en títulos como " El barco de la muerte" (Sidney Salkow, 1942) con Glenn Ford como protagonista o "Las aventuras de Jack London" ( Alfred Santell, 1943) con Susan Hayward. Con todo, los problemas con los estudios eran constantes. Trabajar de forma independiente en aquella época y tratar de imponer o, simplemente, no pasar por el aro del sistema establecido, era misión imposible. Aún así, Bronston persisitía y trató de dejar su sello en la adaptación que René Clair hizo de la novela de Aghata Christie "Diez negritos" (1945) pero la Fox, harta de lidiar con él, suprimió su nombre de los títulos de crédito.

Bronston abandona EE.UU. Primero hace escala en Filipinas, en donde lleva a cabo una peculiar versión de "El Conde de Montecristo". Posteriormente viaja al Vaticano, donde le encargan la realización de un catálogo fotográfico de los tesoros allí custodiados y una serie de documentales que le granjean la amistad de un poderoso grupo de presión católica que le ayudaría a su regreso a EE.UU en 1953 para tener dos encuentros decisivos. Por un lado, conoce al influyente héroe de la marina el Almirante Nimitz. Por otro, conoce a los directivos de la empresa química Dupont de Nemours. De ambos encuentros surge la idea de rodar en España una película sobre la vida de John Paul Jones, creador de la marina norteamericana.

Pero ¿de dónde saldría el dinero?

En los años 50 multitid de empresas extranjeras tenían inmovilizados en España sus fondos porque no estaba permitido sacar por la aduana dinero. Esta política económica, que también se daba, por ejemplo, en Italia (de ahí los rodajes de "Quo Vadis" o "Ben Hur") obligaba a estas multinacionales a invertir en otros activos que les permitiera rentabilizar las ganancias. Digamos que ne se podían sacar de España 200 millones de pesetas pero sí 6 rollos de película. Además de las razones ecómicas, concurrían motivos sociales y laborales: mano de obra barata, muchas horas de luz para poder rodar, colaboración de las autoridades gubernamentales, posibilidad de decorados naturales miméticos y, sobre todo, la inexistencia de una organización sindical, lo que aseguraba rodajes sin sorpresas.

Con una carta de recomendación del Almirante Nimitz en la manga y el respaldo económico de la Dupont, Samuel Bronston llega a España y se entrevista con el entonces Almirante Carrero Blanco, el cual pone a disposición del productor toda la logística necesaria para comenzar su primer rodaje. Nace, en ese momento, una estrecha colaboración entre el régimen y Producciones Bronston que culminaría con la concesión de la encomienda de Isabel La Católica.

Bronston construye un "mini Hollywood" en Las Rozas que pasará a la historia por las magnitudes de sus decorados. Para ello se contrataron a carpinteros, pintores, modistas, azafatas, artesanos, escayolistas... En su momento álgido, coincidiendo con el éxito en taquilla de "El Cid", Bronston llegó a tener en nómina a más de 3.000 personas sin contar a los extras que, para esta producción, fueron 3.500 ciudadanos más 2.400 soldados del ejército de España. Además se contrató al responsable de crear la famosa carrera de cuádrigas de "Ben Hur"y a multitud de asesores (con todo, tras el estreno de la película, los historiadores pusieron el grito en cielo). De este modo, el empeño de Bronston por hacer de su productora una de las más poderosas de la industria del cine consiguió hacer sombra a las mismísimas RKO y MGM en cuanto a número de nóminas. Los decorados de " La caida del Imperio Romano" fueron los más grandes construidos hasta el momento, entrando, incluso, el el Libro Guiness. Para la recreación de la Roma imperial 1.100 obreros estuvieron contratados durante 7 meses para terminar las obras de una producción que costaría 28 millones de dólares y por la que Sophia Loren cobraría 1 millón. La leyenda urbana cuenta que durante el rodaje de "55 días en Pekín" los restaurantes chinos de toda España se quedaron sin personal para poder participar en la película. Para "El fabuloso mundo del circo" se recreó un circo completo y se secó el estanque de El Retiro además de hundirse un barco en el puerto de Barcelona. Para "El Capitán Jones" Bronston consiguió por primera vez en nuestra historia que se pudiera rodar en el "Salón del Trono" de el Palacio Real para que Bette Davis diera vida a la Emperatriz Catalina La Grande.

A medida que el estudio crecía, llegaban a Madrid más y más estrellas atraídas como abejas a un panal de rica miel. John Wayne, Rita Hayworth, Charlon Heston, Sophia Loren, Bette Davis ,Ava Gardner, Omar Shariff, David Niven, Alec Guiness, Mel Ferrer, James Manson... ocupaban las suites del Castellana Hilton y otros hoteles madrileños. Junto a ellos, como no podía ser de otra forma, la prensa nacional y extranjera, por lo que la colaboración Franco-Bronston funcionaba y el beneficio era bidireccional: la productora contaba con todas las facilidades para realizar sus películas y España, a cambio, proyectaba su imagen por el mundo como un maravilloso destino turístico. Además, Bronston comprometió con el régimen la realziación de varios documentales encaminados a ensalzar los valores patrios

"Producciones Bronston" traía todo su equipo técnico de Estados Unidos. No obstante, algunos técnicos y actores y actrices españoles consiguieron hacerse un hueco entre la extensa plantilla de Bronston. Por poner sólo dos ejemplos, el ganador de 2 oscars Gil Parrondo trabajó en la dirección artística de la productora. Carmen Sevilla por su parte, fue, sin duda, la actriz más beneficiada al interpretar el papel de María Magdalena en "Rey de Reyes"

El equipo de guionistas que trabajaba a las órdenes de Bronston estaba capitaneado por Philip Yordan, autor del guión de "Johnny Guitar"(Nicholas Ray, 1954), aunque éste, más que a escribir, se dedicó a reclutar a multitud de guionistas que estaban huyendo de la caza de brujas allende los mares acusados de comulgar con el comunismo. Por ello, no sería extraño encontrar entre el equipo de guionistas nombres como los de Ben Hecht (El Capitán Jones) o Ray Bradbury aunque, eso sí, no quedarían acreditados por temor a replesalias. Con todo, la labor de los guionistas fue, en muchos casos, un auténtico infierno. Las primeras estrellas (Wayne, Heston, Loren) solían ir acompañadas de "guionistas de cámara" que se encargaban de adaptar los textos al gusto del actor.

Para las bandas sonoras Bronston mantuvo su ambición. Max Steiner o Miklós Rózsa fueron algunos de los encargados de poner música a las faraónicas producciones que se estaban haciendo en España.

Sin duda alguna, Bronston había alcanzado la cumbre con "El Cid". Pero como toda empresa efímera, el Hollywood español llegó a su fin. Tras los relativos fracasos internacionales de "55 días en Pekín" y "La caida del Imperio Romano", el batacazo absoluto de "El fabuloso mundo del circo"(1964) supuso el tiro de gracia para Producciones Bronston y el comienzo de la quiebra. La política financiera que auspiciaba la realización de producciones norteamericanas en suelo español había cambiado y las cuentas que Bronston tenía que saldar con la Dupont no salían, por lo que la guerra fue declarada. Los bancos comenzaron a perseguirlo y los juicios se sucedieron uno tras otro. Con todo, ya fuera por honradez ya fuera por inteligencia, no se encontró una sola cuenta bancaria con el nombre de Bronston. Lo que sí se encontró fue la relación exacta de todos y cada uno de los gastos realizados a lo largo de los años por la productora, desde nóminas hasta regalos, pero jamás una cuenta personal en un banco.

Aunque en 1.971 Broston trató de levantar su imperio buscando financiación para realizar "Isabel la Católica" y cumplir así la promesa que le había hecho al régimen, no lo consiguió. Regresó de nuevo a EE.UU donde falleció en 1.994. Sus cenizas descansan en el cementerio de "Las Rozas", al lado de donde levantó su particular versión de Hollywood.

Cuando le concedieron la encomienda de Isabel La Católica dijo "incluso me sentía cohibido por la atención que me prestaban".


01/06/11

cuando marilyn era norma




Tenía una calidad que nadie más tuvo en la pantalla. Salvo la Garbo, nadie más.

Billy Wilder





1926.
1 de junio.
9:30 a.m.
Hospital General de Los Ángeles.
Nace Norma Jeane Mortenson


1952.
Mujer objeto. Mujer sujeto. Mujer slogan. Mujer portada. Mujer prestada. Mujer premiere. Mujer platino. Mujer couche. Mujer rumor. Mujer rubor.

Una actriz, Marilyn Monroe, acapara la atención universal. La tímida y tartamuda niña californiana se ha convertido a base de tesón y buenos augurios en la mujer más deseada del planeta. Calendarios, fotografías, entrevistas, películas... una vorágine tan deseada como peligrosa que acabará por engullir a Norma Jeane.


1962.
5 de agosto.
12305 de Fifth Helana Drive
Los Ángeles.
Fallecen Marilyn Monroe y Norma Jeane.






Marilyn Monroe no fue ni será- por más que se pretenda - una figura controvertida. Los ríos de tinta que muchas (demasiadas) veces se han desbordado, non han hecho más que acumular entorno a la actriz un catálogo de tópicos debilmente sustentados por rumores y detalles, muchas veces escabrosos, aportados por personajes de dudosa solvencia y credibilidad que, casi siempre, esconden tras de sí un interés económico. Las causas de su muerte, una penosa infancia, la ausencia permanente de un referente paterno y su desesperada búsqueda, las supuestas relaciones con los hermanos Kennedy, los maltratos físicos y psicológicos del héroe nacional Joe DiMaggio, los somníferos, los publicitados retrasos en los rodajes o, simplemente, su retahíla de ingeniosas y picantes frases para una era en la que reinaba el saber estar de Audrey Hepburn o Grace Kelly, han contribuido a ocultar muchos aspectos de Marilyn Monroe, o, mejor dicho, no han permitido conocer a Normal Jeane.

Marilyn, títere siempre manejado peligrosamente (por Natasha Lyttes, por la Fox, por Milton Greene, por los Strasberg, por Miller...), huía de fiestas y saraos, presa de su perenne inseguridad por mostrarse en público. En su etapa neoyorquina, cuando tomaba clases en el Actor´s Studio disfrutó del anonimato. Acostumbraba a disfrazarse para pasear por las calles de Manhattan como una ciudadana más. Durante este tiempo, 1955, Marilyn se había empeñado en recuperar a Norma Jeane, dejando atrás las candilejas y los flashes, y buscando en su interior las respuestas sobre su verdadera identidad. Incluso, cuando hablaba de Marilyn, lo hacía en tercera persona, separando muy meridianamente a ambas personas. Quizás esta dicotomía, esta continua lucha interna entre Norma y Marilyn, estuvo presente hasta el final de sus días.

Pero Norma Jeane sabía sacarle partido a Marilyn Monroe cuando las circunstancias lo exigían. No, no sólo a través de favores sexuales, sino tomando plena consciencia de la atención que despertaba y de la importancia de su personaje. En noviembre de 1954 los clubs nocturnos de Hollywood no aceptaban la presencia de artistas negros. Cuando Norma Jeane se enteró de que a su idolatrada Ella Fitzgerald le negaban la posibilidad de llegar a un acuerdo con el propietario del Mocambo para actuar en él, Marilyn (no Norma) lo telefoneó de inmediato para decirle que contrataran a Ella y que, si lo hacían, la Monroe asistiría en primera fila a todas y cada una de las actuaciones de la gran diva del jazz, asegurando también que la prensa se mostraría encantada. El propietario aceptó, Ella cantó, Marilyn no faltó ni un solo día y Norma Jeane se colocó, muy discretamente, a la vanguardia de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos hasta el último día de su vida.

Con la fama llegó el precio: el sometimiento. Si Marilyn ya era de por sí un producto manufacturado y dirigido por la Fox, a medida que los ingresos que generaba (no para ella, evidentemente, incluso su oscura profesora de interpretación, Natasha Lyttes, cobraba más) subían como la espuma, se tejía entorno a ella una suerte de maraña compuesta por oscuros hilos. Eran muchos los intereses creados y las bocas que alimentar. Marilyn fue convertida con descaro y alevosía y sin piedad, en un mero objeto de deseo generador de suculentos dividendos que, bajo ningún concepto, debía desaparecer.

Norma Jeane estaba aprendiendo a dominar a Marilyn en la época en que falleció. Todo apunta a que tenía planes nuevos para su vida, nuevos retos, renovadas ilusiones. En la última e inacabada película "Something´s got to give" (George Cukor, 1962), que hoy podemos disfrutar en un montaje póstumo, vemos a una Marilyn madura, más sólida. Incluso, en esas famosas imágenes en las que ella se baña desnuda en la piscina,  se la puede ver feliz, muy feliz

Quizás, en el último momento, mientras sujetaba el teléfono, pensó en aquella cortadora de negativos de la RKO que la hizo adorar a Jean Harlow. Su madre.

Quizás, en el último momento, pensó que lo había logrado, que había conseguido ser como Harlow y que, como ella, se iba joven y guapa.


Quizás, aquella noche, Norma se agarró con todas sus fuerzas a la vida mientras Marilyn la arrastraba hacia la muerte.


Sea como sea, Marilyn no murió aquella noche, y hoy celebramos su existencia como si siguiera viva.