
22/07/09
sin pelos en la lengua: tennessee williams

15/07/09
i´m singing in the rain....

Yo confieso: siempre he reivindicado el musical como terapéutico. Uno, que años ha, negaba tener “Sonrisas y lágrimas” (Robert Wise, 1965) entre sus películas de cabecera, ya se ha despojado de los prejuicios y las vergüenzas y grita a los cuatro vientos Do Re Mi Fa Sol La Si Do….
Los musicales me ponen, yo confieso. Son capaces de despertarme del letargo más enfermizo para convertirme en una suerte de Gene Kelly patoso. Siempre he fantaseado con la idea de ir por la calle al son de una pegadiza canción en la que todos, panadero, barrendero, transeúntes… todos! formen parte de una maravillosa coreografía. Quiero amanecer un día y ver como toda la ciudad va al compás de un mismo son, al más puro estilo “Hello Dolly!” (Gene Kelly, 1969). Confieso que con la llegada del ipod casi lo he conseguido, pero aún me falta la implicación ciudadana, los permisos del ayuntamiento, los extras ¡sniff!
Dentro de mis musicales de cabecera hay ejemplos para todos los gustos: ñoñerías en las que el número musical no está para nada justificado (a quién le importa siempre que sea bueno?); “performances” que le van a la historia como anillo al dedo; protagonistas que no están a la altura del elenco de bailarines; voces dobladas de forma descarada… De todo! Pero algunas se han quedado grabadas en mi retina por distintos motivos.
Dentro del musical, Bob Fosse es, para mí, creador de un género propio, el género bob fosse. Sus coreografías son inconfundibles, la estética deliciosa, la puesta en escena soberbia. “Noches en la ciudad” (1969) y “Cabaret”(1972) son quizás, junto a “All that jazz” (1979), sus trabajos más conocidos.
Aunque “Noches en la ciudad” es, en general, una película floja, sólo por ver los números musicales “Big spender” y “The aloff” vale la pena hacer el sacrifico. Curiosamente, en ninguno de ellos interviene la protagonista, Shirley MacLaine, a la cual le hace un poco de sombra (bastante sombra) Chita Rivera en sus apariciones conjuntas. En cualquier caso, ambas coreografías tienen los ingredientes necesarios para permanecer en las retinas.
“Cabaret”, por el contrario, es una gran película de principio a fin que cruza las fronteras entre el drama y el musical con total maestría, ya que todos los números musicales (excepto el himno de las juventudes hitlerianas “tomorow belogs to me” ) se desarrollan sobre un escenario, el del mítico Kit Kat Club, lo que ayuda a los escépticos a no percibir que están ante un musical. Liza Minnelli está perfecta en el papel de Sally Bowles, Joel Grey ejerce con perfección de maestro de ceremonias y el elenco de bailarinas es como una gran caricatura. Bob Fosse, más que coreografías, nos muestra instantáneas, retratos del Berlín más sórdido y canalla.
A “West Side Story” (Robert Wise, 1961) quizás le debamos el hecho de haber colocado (o, mejor dicho, recolocado) el género musical en un lugar destacado de la meca del cine. Ganadora de 10 oscars y coreografiada por Jerome Robbins, “West Side Story” no sólo es un musical: es drama, comedia, historia, literatura e, incluso, cine social. Aunque casi todos sus números musicales son archiconocidos (america, maria, tonight, i feel pretty…) yo quiero destacar el primero de todos: sin necesidad de dar voz a ninguno de los actores, Robert Wise y Jerome Robbins son capaces de explicarnos el contexto sobre el que se situará la historia en una coreografía de más de 8 minutos.
Dentro de lo que podríamos denominar como el musical más ñoño también hay números destacables. “Una cara con ángel” (George Cukor, 1957) es una película bastante cursi, con números musicales metidos con calzador y en donde nadie se cree que Audrey Hepburn caiga rendida ante Fred Astaire. Con todo existe una joyita digna de mención, un número protagonizado por Hepburn en un antro del París más bohemio y en donde se puede apreciar la formación en danza que la maravillosa Audrey tenía.
Siguiendo con Audrey y Cukor, “My fair lady” (1964) es un gran musical, con grandes decorados, grandes números, grandes vestidos…pero sobre todo, grandes sombreros!! El número de Ascott es simplemente genial, por ridículo y absurdo, pero, yo confieso, a mi me fascina. Con vestuario y escenografía a cargo de Cecil Beaton, no soy capaz de definir este momento. Mejor que lo veáis aquí.
Hablar de “Los caballeros las prefieren rubias” (Howard Hawks, 1953) es hablar de Marilyn Monroe. Aunque a mí, personalmente, me parece una película deliciosa y muy divertida, con un gran trabajo de Marilyn, “Los caballeros las prefieren rubias” permanecerá en la retina de los espectadores por el famoso “Diamonds are a girl´s best friend”. Yo cada vez que la veo me quedo sin palabras, así que aquí os la dejo.
Me quedan muchos musicales en el tintero: “Un día en Nueva York”, “Cantando bajo la lluvia”, “Siete novias para siete hermanos”, “El mago de Oz”, “Rocky Horror Picture Show”, “ Millie, una chica moderna”… Pero eso será otro día!!!

