10/06/09

el crepúsculo de Hollywood (y segundo acto)


Año 1949. Billy Wilder va a comenzar el rodaje de “El crepúsculo de los dioses”. Aunque para muchos “Sunset Boulevard” es una película sobre una loca actriz del cine mudo entrada en años e incapaz de asumir que ya no es nadie, en el fondo (y en la superficie) se trata de una sátira descarnada e implacable sobre la trastienda de Hollywood. Yo en realidad opino que Billy Wilder, con esta película, quiso gastar una gran broma a la industria cinematográfica.


La elección de Gloria Swanson para interpretar el papel de Norma Desmond es la primera de las bromas (¿pesadas?) de Wilder. En realidad, el director tenía en mente a Mae West, pero como siempre, Mae quería reescribir el guión y si había algo intocable para Wilder eso eran sus guiones. Descartadas la exuberante Mae West, la polaca Pola Negri y la novia de América Mary Pickford, George Cukor le sugirió a Billy Wilder el nombre de una vieja diva que había reinado con luz propia durante los felices veinte y que después de un retiro de casi 20 años ya nadie recordaba: Gloria Swanson. Pensándolo bien ¿qué mejor que una actriz olvidada del cine mudo para interpretar a una actriz olvidada del cine mudo?


Gloria hizo una interpretación sublime de Norma Desmond. Como vieja estrella del cine mudo, en la ficción y en la realidad, imprimió a su personaje una estudiada sobreactuación en donde los movimientos de sus manos y, sobre todo, sus ojos, fueron los grandes protagonistas.


Cuando el guionista Joe Gillis (William Holden) reconoce a la olvidada estrella del cine mudo, le dice “usted era grande” a lo que Norma Desmond responde “Soy grande! Es el cine el que se ha hecho pequeño” y a continuación diserta sobre la llegada del cine sonoro a las pantallas en uno de los monólogos más conmovedores de la historia del cine, haciéndonos dudar sobre si quien habla es Norma Desmond o Gloria Swanson.


Para dar vida al mayordomo de la actriz se eligió nada más y nada menos que a Erich Von Stroheim (segunda broma), otra de las víctimas del cine sonoro y en cierta medida responsable del declive profesional de Gloria Swanson (con todo, los rencores se habían olvidado y no hubo ningún problema entre ellos durante el rodaje). Stroheim interpreta un papel amargo y triste: Max von Mayerling, fiel criado de Norma Desmond y que en realidad es su ex-marido y descubridor, ya que Max, en los tiempos dorados, era director de cine (¿os suena?). Sin duda, Gloria Swanson y Erich Von Stroheim demostraron tener un gran sentido del humor riéndose de ellos mismos. Incluso, y por una sugerencia de Stroheim, cuando Norma Desmond le muestra a su guionista/amante una de sus películas, esta no es otra que “La Reina Kelly" (“Líbrame de este sueño cruel que ha apresado mi corazón”)

Norma Desmond planea regresar a las pantallas con una adaptación supervisada por ella misma de “Salomé” y quiere que sea Cecil B. DeMille (responsable del éxito de Gloria Swanson) quien la dirija. DeMille sale haciendo de él mismo en “El crepúsculo de los dioses” (a pesar de su manifiesta antipatía hacia Billy Wilder colaboró con esta gran broma) y se dirige a Norma Desmond con un cariñoso “mi pequeña” que era como, en realidad, se refería a Gloria Swanson en los años 20.


Pero además, en el reparto de “El crepúsculo de los dioses” hay una retahíla de caras conocidas que se interpretan a sí mismos: las figuras de cera (como las denomina Joe Gillis) y que no son más que otros tres fantasmas del cine mudo: Buster Keaton, H.B. Warner y Anna Q. Nilsson.


Hedda Hopper, la otra María Patiño de la época junto a nuestra amiga Lolly Parsons, se encarga de dar la pincelada amarillista narrando los acontecimientos que están ocurriendo en la mansión de Sunset Boulevard.


En definitiva una gran broma que sólo Billy Wilder podía llevar a cabo y que no sentó muy bien en Hollywood. Tras su estreno, Louis B. Mayer se abalanzó contra él llamándole “cabrón” y para muchos más que una sátira, “Sunset Boulevard” fue una descarada tomadura de pelo. El malestar en la meca del cine se trasladó a los oscars, donde “El crepúsculo de los dioses”, que partía con 11 nominaciones y una fuerte competidora, “Eva a al desnudo”, sólo consiguió tres estatuillas (música, dirección artística en blanco y negro y guión original).


Gloria Swanson no recibió el oscar. Bette Davis, tampoco (¿cómo elegir?). Pero Billy Wilder consiguió mostrarnos el crepúsculo de Hollywood.


pd.: La escena final de "El crepúsculo de los dioses",terrorífica por real y macabra

09/06/09

el crepúsculo de Hollywood (primer acto)


La locura tiene cierta dosis de glamour , pero cuando se convierte en sobredosis resulta cansina. Como dice la canción el glamour de la locura es pasajero, pero mientras pasa es divino. El quid está en encontrar la dosis exacta de demencia, esa pizca de extravagancia y excentricismo que convierten a una loca en un ser hipnotizador para quien la observa.


Norma Desmond es una de mis locas favoritas. Yo confieso. Trágica y cómica a partes iguales, es capaz de provocarme empatía y rechazo al mismo tiempo. No hay nada más fascinante y patético que una estrella apagada que se cree todavía fuente de luz ilimitada. Baby Jane, Violeta Venable, Blanche DuBois… todas ellas (y muchas más) son grandes locas que se han quedado atrapadas en un tiempo glorioso y pasado, pero quizás Norma Desmond es la madre superiora de este convento de hermanitas de la demencia, sobre todo porque tras el personaje se encontraba una actriz, Gloria Swanson, que, salvando las distancias (no muchas), estaba interpretándose a ella misma.


En 1919, después de unas cuantas películas sin mucha trascendencia, Gloria Swanson cae en las manos del director Cecil B. DeMille, quien tras una cuidada renovación estilística que marcó tendencia entre sus admiradoras, la convierte en la reina de la Paramount gracias a películas como "Macho y hembra"(1919) o “El señorito primavera” (1921). Aunque desde este momento Swanson quedó eternamente en deuda con la Paramount, sería justo decir que los estudios también quedaron en deuda con ella, pues fue una de las principales responsable de su emporio. Los años 20 fueron los años dorados de Gloria Swanson. Además de convertirse en un icono del glamour fue uno de los personajes más influyentes de Hollywood, sobre todo, durante su idilio con el magnate Joseph P. Kennedy (padre del futuro presidente de los EE.UU), junto al que se adentró en el mundo de la producción con el fin de tener el control absoluto de todas las películas en las que aparecía.


Con el crack bursátil del 29 llegó el crack profesional de Gloria Swanson. Ya como productora, en ese mismo año pierde una importante suma de dinero con la película (protagonizada por ella) “La Reina Kelly” a las órdenes del también acabado director austríaco Erich Von Stroheim, lo que ayudaría a que las relaciones director/actriz se enturbiaran. Con la llegada del cine sonoro pocas actrices sobrevivieron y Gloria Swanson fue una de ellas. Aunque se había preparado para “hablar”, sus películas sonoras fueron perdiendo interés al mismo tiempo que ella perdía interés por la interpretación, y en 1934 se retira. En 1941 interviene en “Papá se casa” de Leslie Collier Osborne, pero esto no fue más que un regreso efímero y anecdótico.


Stroheim, por su parte, había sido un polémico director que comenzó su andadura como actor y ayudante de David. W. Griffith en las imprescindibles “El nacimiento de una nación” e “Intolerancia”. Cuando dio el salto a la dirección se caracterizó por sus constantes problemas con los estudios, sobre todo, debido a la duración de sus films, los cuales eran mutilados sin piedad por sus jefes. Aunque se convirtió en el primer director despedido por unos estudios, pasará a la historia por firmar la obra maestra “Avaricia” (1923), una genialidad repleta de simbolismos pero (cómo no!) totalmente mutilada. Al igual que Swanson, el cine sonoro no le sentó bien a Stroheim. En 1933 dirige su última película y decide regresar a la interpretación, participando en numerosas películas de serie B a ambos lados del Atlántico.

Como sabéis, la llegada del cine sonoro a Hollywoodland fue un verdadero exterminio. Decenas de actores y actrices , directores, técnicos… que hasta entonces eran tratados como dioses, no fueron capaces de adaptarse a los nuevos tiempos, y del éxito más absoluto pasaron al olvido más despiadado. Gloria Swanson y Erich Von Stroheim fueron dos de ellos.


Continuará....

08/06/09

ufff!!!


No era mi intención cuando creé este blog disertar sobre el cine de hoy, más que nada, porque, yo confieso, lo sigo muy poco y me interesa casi menos (quitando un puñado de actores y directores que sigo con devoción), pero hoy tengo una necesidad imperiosa de escribir sobre “Los abrazos rotos”, el último trabajo de Pedro Almodóvar.


Desde “Todo sobre mi madre” Almodóvar ha dejado de sorprenderme, yo confieso. Entiendo que fuera de nuestras fronteras pueda resultar interesante, fresco, divertido… y alabo, como un verdadero logro, el hecho de haber creado un sólido estilo propio, pero desde hace años hay “algo” en el universo Almodóvar (empezando por él mismo) que me chirría.


Reconozco que no tenía un gran interés por ver “Los abrazos rotos”. Después de “Volver” yo decidí no volver, pero el reciente cruce de artículos entre Pedro Almodóvar y Carlos Boyero hizo que se despertara en mi la curiosidad y ayer entré de nuevo en el mundo almodovariano para salir, también de nuevo, escaldado.


Cuando terminé de ver “Los abrazos rotos” no sentí nada. Ni bueno, ni malo. Nada, yo confieso. Me pregunté ¿esta es la nueva película de Pedro Almodóvar? Y después reflexioné… “quizás se deba a un exceso de información”. Me explico. Con las películas del manchego no hay lugar para el boca a boca porque ya antes de su estreno se sabe todo: el reparto, las localizaciones, la trama, los cameos, que Pe está – cómo no!- en estado de gracia y Pedro ha hecho – cómo no! - su mejor película. Todo! Se sabe todo. No hay sorpresas. Después uno imagina las casas típicas de Almodóvar, la estética típica almodovariana, las referencias a otras películas (esta vez, entre otras, la alusión más que directa a “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, pero ya lo sabíamos antes del estreno, cómo no!) la música de Alberto Iglesias… y más o menos uno se va montando su propia película.


Reconozco que ayer, mientras veía “Los abrazos rotos”, esperaba impaciente las apariciones de Rossy de Palma y Chus Lampreave, porque el resto me estaba aburriendo bastante, incluso se me hizo un poco larga. Normalmente me río mucho en las secuencias cómicas de Almodóvar, pero en este caso sólo me reí con Mariola Fuentes (no entiendo porque Pedro no le da de una vez por todas un papel un poco más largo o, incluso, un protagonista) y Lola Dueñas, que tiene un papel muy secundario pero bastante simpático. Carmen Machi hace de Aída pero con estudios (pobre Carmen ¿le perseguirá el personaje de Aída de por vida?) pero su aparición también es anecdótica. Rossy y Chus no me dijeron absolutamente nada, quizás porque sus papeles ya los hemos visto hasta la saciedad en las películas de Pedro y porque apenas aparecen unos segundos. La gran Kitty Manver está maravillosa pero su aparición es también anecdótica. Blanca Portillo defiende con solvencia su personaje pero no está mejor que en “Volver” y Pe es Pe, para lo bueno y para lo malo: muy bien fotografiada, muy mona, pero sólo correcta.


Creo que en “Los abrazos rotos” quienes deben llevarse la ovación son ellos: Lluis Homar y José Luis Gómez, sobre todo, pero también Rubén Ochandiano y Tamar Novas, quien después de “Mar adentro” parece resucitar. El cameo del cantante de “El canto de el loco” ni lo mencionaremos porque son esas cosas que se le ocurren a Almodóvar y que no acabo de entender.

En definitiva humo, mucho humo sobre “Los abrazos rotos”, quizás, repito, debido a todo lo que la han cebado antes de su estreno. En cualquier caso, si te gusta Almodóvar, te gustarán “Los abrazos rotos”. Pero si te gustó Almodóvar, no te gustarán “Los abrazos rotos”.

Pd.: Y su siguiente peli sobre la guerra civil? Ay!