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"Súbitamente ella se quitó las grandes gafas de sol que le tapaban casi toda la cara: Pues así soy yo, Sr. Bergman . La sonrisa, fugaz y deslumbrante, era socarrona.
Es difícil saber si los grandes mitos son eternamente mágicos por ser mitos o si la magia es una ilusión creada por nosotros los consumidores. En aquel instante no había la menor duda. En la penumbra de la pequeña habitación su belleza era inmortal. Si me hubiera encontrado con un ángel salido de algún evangelio hubiera dicho que su belleza rodeaba su aparición como una aureola. Había como una vitalidad en torno a sus facciones, grandes y puras - la frente, las cuencas de los ojos, la noble barbilla, las sensibles aletas de la nariz". (Ingmar Bergman. "Linterna Mágica")
Por más que se haya escrito sobre Greta Garbo, a día de hoy su vida sigue siendo una gran incógnita y como no podría ser de otra forma, lo seguirá siendo en el futuro. Si nos alejamos de la pantalla, todo lo que se haya podido decir sobre ella debe ser puesto en cuestión pues nunca han llegado a confirmarse todos y cada uno de los rumores que circularon, circulan y circularán sobre La Divina. Sin duda, nos hallamos ante un caso insólito en la vida de Hollywood. Por un lado, podemos saber lo que en su momento difundió la Metro, pero teniendo en cuenta la época, hay que considerarlo pura invención. Por otro lado, lo que la propia Greta Garbo quiso que supiésemos, lo que significa no saber nada. Sea como sea, no importa. Greta ha trascendido al imaginario colectivo y por mucho que los biógrafos se empeñen en contarnos sus escarceos con la Dietrich o los cineastas sigan devanándose los sesos para averiguar qué tenía la Garbo, una cosa está clara: Greta Garbo era misterio.
Se ha disertado mucho (además de sobre su vida privada) sobre las dotes interpretativas de Greta Garbo y su buen hacer ante la cámara. En muchos casos, se le ha restado mérito, otorgándoselo a su director de fotografía habitual, William Daniels. En otras ocasiones, su "divinidad" le ha sido arrebatada en pro de la gran máquina de artificios de Hollywood, responsable primera y última - para muchos - de la inmortalidad de Greta Garbo. El escritor Alexander Walker dice al respecto: " Respecto a la divinidad reclamada en ocasiones para ella es saludable recordar que sus interpretaciones son producto de una colaboración con agentes humanos e incluso con pequeños puntos de luz (...). Ella tuvo la inmensa fortuna de llegar como actriz a Hollywood en el comienzo de un período de fotografía espléndido. La película pancromática había sido puesta a punto en 1924 y al año siguiente su empleo comercial estaba muy difundido. Ello permitía al estilo sensible de interpretación importado de Europa registrarse en una película de una manera naturalista. Facilitaba la sutileza emocional y la verdad psicológica... En los momentos neutrales de la Garbo, cuando no expresa absolutamente nada, es el arte de Daniels el que proyecta sobre su cara el estado de ánimo, de igual manera que las huellas de la lluvia en la ventana sugieren su falta de sentimientos a través del vidrio".
¿"Cuando no expresa absolutamente nada"?
Aunque sería ridículo negar que la labor publicitaria, estilística y directiva de Hollywood no tuvo el efecto esperado, negar que Greta Garbo carecía de dotes interpretativas se me antoja un poco excesivo. No podemos olvidar que Greta venía del cine mudo europeo, en donde aprendió a controlar - de la mano de su gran maestro y padrino el director sueco Mauritz Stiller - todos y cada uno de los músculos de su cuerpo, consiguiendo esa carismática expresión corporal que tanto la define y que imprimiría en todas sus interpretaciones. Cuando ambos aterrizaron en la meca del cine, Greta Garbo cautivó al público sin abrir la boca. Gustaba por igual a ellos y a ellas, era la abanderada de una sexualidad fina, discreta, pero al mismo tiempo, arrebatadora y misteriosa. Estereotipo de mujer distante, etérea pero terrenal, con un levantamiento de cejas mostraba desidia, dolor o deseo.
El cine sonoro llegó. Hollywood puso en marcha su maquinaria publicitaria y bajo el slogan "Greta habla" preparó al mundo entero para escuchar la voz de la divina. En "Anna Christie" (Clarence Brown, 1930) Greta habló por primera vez y volvió a cautivar. A pesar de su acento sueco y su voz grave, profunda, pero dotada de una extraña fascinación, la Garbo, contra todo pronóstico, traspasó triunfante las barreras del sonido y colocó los pilares de su inmortalidad.
Y entonces fue cuando la historia del cine empezó a impregnarse de Garbo. Tras "Anna Christie", por la que recibió su primera nominación al Oscar, le siguieron, entre otras, "Romance" (Clarence Brown,1930) por la que obtuvo su segunda nominación, "Mata -Hari" (George Fitzmaurice, 1932), "Gran Hotel" (Edmund Goulding, 1932), "La reina Cristina de Suecia" (Rouben Mamoulian, 1933) con uno de los primeros planos más impresionantes de la historia del cine y su tercera nominación al Oscar, "Margarita Gautier" (George Cukor, 1937) o "Ninotchka" (Ernst Lubitsch, 1939) con el famoso slogan "Garbo ríe" (como si no hubiera reído antes) y que le supuso su cuarta nominación.
Los años 30 encumbraron a Greta Garbo convirtiéndola en una estrella indiscutible a pesar de la poca información que sobre su vida privada trascendía y de su casi inexistente vida pública. Aunque era la eterna gran ausente de saraos y ceremonias, consiguió (aunque quizás éste sí es un mérito de Hollywood) crear tendencia. El "glamour Garbo" fue imitado y envidiado a partes iguales en el mundo entero y quizás por ese misterio que envolvía a la actriz, sus apariciones en pantalla eran seguidas como si se tratara de apariciones públicas, como si Greta Garbo se subiera a un púlpito y se dirigiera a la audiencia.
Garbo estaba en lo más alto de su carrera.
En 1941 se pone de nuevo a las órdenes de George Cukor para rodar "La mujer de las dos caras" y aquí se acaba todo. Tenía 36 años y de una forma inexplicable para todos (industria y público) decide retirarse para siempre a su apartamento neoyorkino, en donde viviría casi recluida hasta su muerte en 1990. Acosada toda su vida por fotógrafos y cámaras ávidos por captar imágenes de una Garbo ajada y alejada de todo glamour, acostumbraba a llevar grandes gafas de sol y sombreros para pasar desapercibida. En 1955 le fue concedido un Oscar honorífico a toda su carrera (como en otros muchos casos, este Oscar no era más que un perdón por no habérselo concedido cuando estaba en activo), pero como no podía ser de otra forma, no fue a recogerlo. De vez en cuando viajaba a Europa en donde, al parecer, tenía interés por regresar a las pantallas. De hecho, llegó a hacer las pruebas de vestuario para dar vida a la Reina de Nápoles en la adaptación que Visconti quería hacer de "En busca del tiempo perdido" de Marcel Proust y que la muerte (además de la complejidad del proyecto) le impidió materializar. También se ha dicho que tuvo contactos con Bergman para un posible regreso, pero quizás sólo estemos ante rumores alimentados por el ansia de mantener vivo un mito.
En cualquier caso, con el mismo misterio con el que llegó, se fue, y quizás unas de sus frases más recordadas sea la que más la define: "i want to be alone"
"Se inclinó hacia el escritorio de modo que la parte inferior de su rostro quedó iluminada por la luz de la lámpara. ¡ Entonces vi lo que no había visto! Su boca era fea: un tajo pálido rodeado de arrugas verticales. Era algo inaudito y escandaloso. Toda aquella belleza y en medio de la belleza un acorde disonante. Aquella boca y lo que contaba no había cirujano plástico ni maquillador que lo hiciera desaparecer. Ella leyó mis pensamientos al instante y se quedó callada, hastiada. Minutos después nos despedimos. La he estudiado en su última película, cuando tenía treinta y cinco años. Su rostro era hermoso pero tenso, la boca carecía de suavidad, la mirada casi siempre distraída y triste, pese a las situaciones cómicas. Quizá su público notó algo que ella ya sabía por su espejo."
Ingmar Bergman (Linterna Mágica)