29/05/09

perdida ya la intimidad




Últimamente me he visto rodeado de rupturas sentimentales -escabrosas alguna de ellas, para qué negarlo - separaciones, infidelidades, en definitiva, crisis maritales varias que parecen proliferar en primavera al mismo ritmo que las alergias ¿Cómo llorar una ruptura o una separación? Gran cuestión. Se necesita elaborar un duelo propio con fecha de caducidad. Pero mientras tanto, durante el luto, tenemos un derecho inherente a todo desengaño: el masoquismo cinéfilo.

Qué mejores momentos que éstos para ver una y otra vez La Película Exacta! Todos nos sentimos ansiosos por encontrar nuestras miserias entre los fotogramas, sentirnos reflejados en los personajes y tomar conciencia del dolor con más dolor, porque en estos casos el masoquismo nos gusta más que a Hitchcock una rubia. No importa la película ¿Qué más da? Siempre encontraremos retazos de los dos en cualquiera que hayamos elegido. Ahora bien, hay rupturas y rupturas, tantas como parejas.

Las rupturas tipo "Esplendor en la hierba" (Elia Kazan, 1961) con dobles morales de por medio, instituciones mentales de fondo y raciones extra de psicoanálisis para tratar de borrar una huella imborrable. Siempre nos quedará el consuelo de poder encontrar a un "sustituto" en un manicomio y, de paso, mandar a mamá a paseo. Y en la memoria, en una esquinita, siempre estarán escondidos aquellos días pero, sobre todo, aquellos versos que decían aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse…porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo…

Las rupturas tipo "Tal cómo éramos" (Sidney Pollack, 1973) en donde un pasado imperfecto (que un día fue la perfección) se convierte en el presente continuo del resto de tu vida, y el rencor deja paso a una pena perenne. Este tipo de rupturas son desquiciantes por racionales, y desde fuera no se suelen entender. Siempre te encontrarás a alguien que te diga “volveréis, estáis hechos el uno para el otro” mientras tú, resignado, piensas ya nunca seremos lo que fuimos y los acordes de una pegadiza canción, La Canción, comienzan a sonar en la película que protagonizas…


En las rupturas "Lo que el viento se llevó” (Victor Fleming, 1939) uno se quita un gran peso de encima y además sin un ápice de sentimiento de culpabilidad. Mandar a la mierda a alguien es, en muchas ocasiones, terapéutico, pero en estos casos mucho más. ¿Cómo he podido soportarte durante todo este tiempo?, te preguntas una y otra vez. Como diría Margo Channing “detesto el sentimentalismo” así que ante preguntas tipo “qué va a ser ahora de mí?” no te queda otra que responder “francamente querida, me importa un bledo” y sales de escena entre una espesa niebla y totalmente liberado…


Pero si para mí existe una película que lo refleja todo (infidelidades, mentiras, desgaste, reconciliación, madurez...) esa es, yo confieso, "Dos en la carretera" de Stanley Donen.

"Dos en la carretera" (Stanley Donen, 1967) es un ensayo maduro sobre la institución del matrimonio, desde el noviazgo hasta el hastío, abordando con sinceridad y sin cursilerías lo que pasa puertas adentro de una relación idílica para el resto del mundo. Puede resultar triste, pero nos deja un pequeño resquicio para continuar sin rencor, y ese pequeño resquicio es tan grande que transforma un pasado común en un futuro sólido, aislado de todo y de todos, sólo de dos. Esa suerte de propiedad conmutativa que se crea en una pareja queda perfectamente reflejada en el film a través de unos inteligentes flashbacks, utilizando el coche como campo de batalla marital y con una madura Audrey Hepburn en estado de gracia en una de las mejores interpretaciones de su carrera. Si a todo ello le añadimos una pizca de Henry Mancini.... la nostalgia está garantizada.





Perdida ya la intimidad, crecen pequeñas mentiras entre los dos, se ocultan historias que alguna vez habrán compartido. Abrígate! Las mentiras golpean el corazón! Y párate a pensar en el error que acabó con todo!

Martín se ha ido para siempre

Un soplo en el corazón (Family)

12/05/09

por navidad quiero un "Munchkin"


Los 7 enanitos de Blancanieves están sobrevalorados. Sí, son muy monos, graciosos, tiernos, fieles...pero sobrevalorados. Si me tengo que quedar con algún enano no tengo ninguna duda. Yo confieso: me quedo con los "Munchkins", con todos ellos, más de cien!!! Los adoptaría a todos a pesar de su fama de borrachuzos.

"El Mago de Oz" (Victor Fleming, 1939) es muy grande y a pesar de sus casi 70 años, me sigue pareciendo innovadora por muchos motivos. Cada vez que me la regalo (sí, "El mago de Oz" es una peli que hay que auto-regalarse de vez en cuando como muy bien predica mi costume coordinator Jack Lemon) veo una y otra vez uno de los cinco minutos más maravillosos de la historia del cine: Dorothy y Totó aterrizan con su casa en un extraño mundo en color, repleto de plantas de plástico, nenúfares, casitas de cuento, una espiral de baldosas amarillas... Entonces una gran pompa de jabón surge de un decorado plano (con un Totó que ni se inmuta) y una melindrosa hada buena aparece mientras se empiezan a escuchar risitas nerviosas entre los arbustos. Y de pronto, Oooh! unos seres diminutos ataviados con trajes de fieltro, sombreros imposibles y flores en los zapatos, salen de todas las esquinas para agradecerle a Dorita Gale de Kansas que haya matado a la bruja mala del este ("la matasteis totalmente, agradecidos francamente"). Y Glinda, la buena hada del norte, grita: "bailad, cantad, reíd sin fin, murió la bruja del este al fin". Y los “Munchkins” comienzan una de las canciones más divertidas y macabras de la historia del cine: "Ding! Dong! The witch is dead! Which old witch? The wicked witch! Ding Dong! The wicked witch is dead!" Y una muerte nunca fue tan celebrada por todos: el alcalde, el notario, el forense, la cofradía de la canción de cuna, la cofradía de la piruleta...Y yo pienso que todas las muertes deberían celebrarse así.

Y Dorothy comienza su "camino de Oz" siguiendo las baldosas amarillas con sus recién estrenados chapines de rubíes y dejando un fiambre atrás.

Para un día gris, no hay nada mejor que estos cinco minutos.

01/05/09

"i want to be alone"


"Súbitamente ella se quitó las grandes gafas de sol que le tapaban casi toda la cara:  Pues así soy yo, Sr. Bergman . La sonrisa, fugaz y deslumbrante, era socarrona.


Es difícil saber si los grandes mitos son eternamente mágicos por ser mitos o si la magia es una ilusión creada por nosotros los consumidores. En aquel instante no había la menor duda. En la penumbra de la pequeña habitación su belleza era inmortal. Si me hubiera encontrado con un ángel salido de algún evangelio hubiera dicho que su belleza rodeaba su aparición como una aureola. Había como una vitalidad en torno a sus facciones, grandes y puras - la frente, las cuencas de los ojos, la noble barbilla, las sensibles aletas de la nariz". (Ingmar Bergman. "Linterna Mágica")


Por más que se haya escrito sobre Greta Garbo, a día de hoy su vida sigue siendo una gran incógnita y como no podría ser de otra forma, lo seguirá siendo en el futuro. Si nos alejamos de la pantalla, todo lo que se haya podido decir sobre ella debe ser puesto en cuestión pues nunca han llegado a confirmarse todos y cada uno de los rumores que circularon, circulan y circularán sobre La Divina. Sin duda, nos hallamos ante un caso insólito en la vida de Hollywood. Por un lado, podemos saber lo que en su momento difundió la Metro, pero teniendo en cuenta la época, hay que considerarlo pura invención. Por otro lado, lo que la propia Greta Garbo quiso que supiésemos, lo que significa no saber nada. Sea como sea, no importa. Greta ha trascendido al imaginario colectivo y por mucho que los biógrafos se empeñen en contarnos sus escarceos con la Dietrich o los cineastas sigan devanándose los sesos para averiguar qué tenía la Garbo, una cosa está clara: Greta Garbo era misterio.


Se ha disertado mucho (además de sobre su vida privada) sobre las dotes interpretativas de Greta Garbo y su buen hacer ante la cámara. En muchos casos, se le ha restado mérito, otorgándoselo a su director de fotografía habitual, William Daniels. En otras ocasiones, su "divinidad" le ha sido arrebatada en pro de la gran máquina de artificios de Hollywood, responsable primera y última - para muchos - de la inmortalidad de Greta Garbo. El escritor Alexander Walker dice al respecto:  " Respecto a la divinidad reclamada en ocasiones para ella es saludable recordar que sus interpretaciones son producto de una colaboración con agentes humanos e incluso con pequeños puntos de luz (...). Ella tuvo la inmensa fortuna de llegar como actriz a Hollywood en el comienzo de un período de fotografía espléndido. La película pancromática había sido puesta a punto en 1924 y al año siguiente su empleo comercial estaba muy difundido. Ello permitía al estilo sensible de interpretación importado de Europa registrarse en una película de una manera naturalista. Facilitaba la sutileza emocional y la verdad psicológica... En los momentos neutrales de la Garbo, cuando no expresa absolutamente nada, es el arte de Daniels el que proyecta sobre su cara el estado de ánimo, de igual manera que las huellas de la lluvia en la ventana sugieren su falta de sentimientos a través del vidrio"


¿"Cuando no expresa absolutamente nada"?


Aunque sería ridículo negar que la labor publicitaria, estilística y directiva de Hollywood no tuvo el efecto esperado, negar que Greta Garbo carecía de dotes interpretativas se me antoja un poco excesivo. No podemos olvidar que Greta venía del cine mudo europeo, en donde aprendió a controlar - de la mano de su gran maestro y padrino  el director sueco Mauritz Stiller - todos y cada uno de los músculos de su cuerpo, consiguiendo esa carismática expresión corporal que tanto la define y que imprimiría en todas sus interpretaciones. Cuando ambos aterrizaron en la meca del cine, Greta Garbo cautivó al público sin abrir la boca. Gustaba por igual a ellos y a ellas, era la abanderada de una sexualidad fina, discreta, pero al mismo tiempo, arrebatadora y misteriosa. Estereotipo de mujer distante, etérea pero terrenal, con un levantamiento de cejas mostraba desidia, dolor o deseo.


El cine sonoro llegó. Hollywood puso en marcha su maquinaria publicitaria y bajo el slogan "Greta habla" preparó al mundo entero para escuchar la voz de la divina. En "Anna Christie" (Clarence Brown, 1930) Greta habló por primera vez y volvió a cautivar. A pesar de su acento sueco y su voz grave, profunda, pero dotada de una extraña fascinación, la Garbo, contra todo pronóstico, traspasó triunfante las barreras del sonido y colocó los pilares de su inmortalidad.


Y entonces fue cuando la historia del cine empezó a impregnarse de Garbo. Tras "Anna Christie", por la que recibió su primera nominación al Oscar, le siguieron, entre otras,  "Romance" (Clarence Brown,1930) por la que obtuvo su segunda nominación, "Mata -Hari" (George Fitzmaurice, 1932), "Gran Hotel" (Edmund Goulding, 1932), "La reina Cristina de Suecia" (Rouben Mamoulian, 1933) con uno de los primeros planos más impresionantes de la historia del cine y su tercera nominación al Oscar, "Margarita Gautier" (George Cukor, 1937) o "Ninotchka" (Ernst Lubitsch, 1939) con el famoso slogan "Garbo ríe" (como si no hubiera reído antes)  y que le supuso su cuarta nominación. 


Los años 30 encumbraron a Greta Garbo convirtiéndola en una estrella indiscutible a pesar de la poca información que sobre su vida privada trascendía y de su casi inexistente vida pública. Aunque era la eterna gran ausente de saraos y ceremonias, consiguió (aunque quizás éste sí es un mérito de Hollywood) crear tendencia. El "glamour Garbo" fue imitado y envidiado a partes iguales en el mundo entero y quizás por ese misterio que envolvía a la actriz, sus apariciones en pantalla eran seguidas como si se tratara de apariciones públicas, como si Greta Garbo se subiera a un púlpito y se dirigiera a la audiencia. 


Garbo estaba en lo más alto de su carrera. 


En 1941 se pone de nuevo a las órdenes de George Cukor  para rodar "La mujer de las dos caras" y aquí se acaba todo. Tenía 36 años y de una forma inexplicable para todos (industria y público) decide retirarse para siempre a su apartamento neoyorkino, en donde viviría casi recluida hasta su muerte en 1990. Acosada toda su vida por fotógrafos y cámaras ávidos por captar imágenes de una Garbo ajada y alejada de todo glamour, acostumbraba a llevar grandes gafas de sol y sombreros para pasar desapercibida. En 1955 le fue concedido un Oscar honorífico a toda su carrera (como en otros muchos casos, este Oscar no era más que un perdón por no habérselo concedido cuando estaba en activo), pero como no podía ser de otra forma, no fue a recogerlo. De vez en cuando viajaba a Europa en donde, al parecer, tenía interés por regresar a las pantallas. De hecho, llegó a hacer las pruebas de vestuario para dar vida a la Reina de Nápoles en la adaptación que Visconti quería hacer de "En busca del tiempo perdido" de Marcel Proust y que la muerte (además de la complejidad del proyecto) le impidió materializar. También se ha dicho que tuvo contactos con Bergman para un posible regreso, pero quizás sólo estemos ante rumores alimentados por el ansia de mantener vivo un mito. 


En cualquier caso, con el mismo misterio con el que llegó, se fue, y quizás unas de sus frases más recordadas sea la que más la define: "i want to be alone"



"Se inclinó hacia el escritorio de modo que la parte inferior de su rostro quedó iluminada por la luz de la lámpara. ¡ Entonces vi lo que no había visto! Su boca era fea: un tajo pálido rodeado de arrugas verticales. Era algo inaudito y escandaloso. Toda aquella belleza y en medio de la belleza un acorde disonante. Aquella boca y lo que contaba no había cirujano plástico ni maquillador que lo hiciera desaparecer. Ella leyó mis pensamientos al instante y se quedó callada, hastiada. Minutos después nos despedimos.  La he estudiado en su última película, cuando tenía treinta y cinco años. Su rostro era hermoso pero tenso, la boca carecía de suavidad, la mirada casi siempre distraída y triste, pese a las situaciones cómicas. Quizá su público notó algo que ella ya sabía por su espejo."

Ingmar Bergman (Linterna Mágica)