30/03/09

he visto lo que has hecho






Hoy la protagonista de este artículo es la maledicencia hecha mujer, un personaje que, yo confieso, me fascina de principio a fin y que demuestra, una vez más, que la realidad siempre supera a la ficción. Siempre!

Durante más de 40 años existió en Hollywood una persona capaz de detener rodajes, enviar a casita a jóvenes actrices, modificar guiones, influenciar a la opinión pública para no ver determinadas películas y toda la retahíla de hijoputeces que os podáis imaginar.

Os presento a la "adorable" Louella Oettinger Parsons.

Louella Oettinger Parsons (1893-1973) era una rechoncha y poco agraciada ama de casa cuando tras divorciarse en 1914 se convierte en cronista cinematográfica del Chicago Record Herald. Compaginando sus columnas periodísticas con el trabajo de guionista en proyectos sin importancia, va convirtiéndose, poco a poco, en una de las personas más influyentes de la historia del cine y, sin saberlo, asienta las bases de lo que hoy conocemos como prensa rosa. En palabras de Truman Capote "el descubrimiento de Louella Parsons es tan simple como demoníaco; la intimidad, lo más secreto de lo secreto, lo vergonzoso, hace que la cotidianidad de las vidas ordinarias adquiera puntualmente relevancia". Y ése fue, precisamente, su secreto: dotar de relevancia mediática a las "miserias humanas" de los habitantes de Hollywood.

Sólo es posible entender el poder de Louella he-visto-lo-que-has-hecho Parsons conociendo el contexto social sobre el que se cimentó el Hollywood más dorado. El sistema de estudios o Star System imperante creaba actores (yo te creo, yo te destruyo) no sólo para ponerlos delante de una cámara y fabricar junto a guionistas, directores y estilistas sueños maravillosos, sino también para que su vida privada fuera ejemplar. De esta forma, el poder de los estudios se extendía más allá de los platós y todos y cada uno de los movimientos de las estrellas estaban perfectamente orquestados para que no trascendieran a la opinión pública conductas consideradas por la doble moral vigente como poco éticas o, directamente, despreciables (adicciones, homosexualidad, crímenes, separaciones, adulterios, etc). Y es que, como sabéis, una reina no sólo ha de serlo, sino parecerlo. Pues bien, con este telón de fondo, que diría mi profesor de historia, aparece en escena Louella Parsons.

La pluma de Louella era infalible y perversa. Como buena zorra, a veces no aportaba los nombres de los protagonistas del escándalo, sino que los describía con pelos y señales, logrando con ello que medio Hollywood estuviera en boca de la opinión pública. Como muy bien dijo Joan Crawford: "Cada vez que Lolly decía que una bellísima estrella de cine había sido sorprendida en un lugar de dudosa fama, la acusación recaía sobre todas nosotras sin excepción. Todas sufríamos las consecuencias". En otras ocasiones no se cortaba un pelo aunque estuviera equivocada. Para muestra un botón. Un buen día, Lolly recibe una nota de uno de sus esbirros (los tenía estrategicamente colocados por todos los "puntos calientes" de la ciudad) en la que se decía que Elizabeth Taylor iba a separarse. Pero la reina madre del cotilleo lo que publicó (por error o, seguramente, con muuuuucha alevosía), fue la separación de Robert Taylor. Nada más salir a la luz el escándalo, Robert llamó a Lolly para pedirle explicaciones. Ella le vino a decir lo siguiente :

-Mira Robert, tienes que perdonarme, pero comprenderás que no puedo publicar un artículo desmintiendo la información que he dado, mi credibilidad se pondría en entredicho. Además, como me debes más de un favor, siempre te he tratado de maravilla, no lo olvides, haremos lo siguiente: tú te vas una semanita a un hotel, pero tú solo,eh? sin tu mujer. Después vuelves a casa y publicamos la feliz reconciliación y así nadie pierde ¿Qué te parece? ¿A qué es una idea perfecta? Es que sino me obligarías a contar aquello que ya sabes, y claro, yo te aprecio mucho....

El pánfilo de Taylor aceptó el plan con tan mala suerte que durante toda esa semana estuvo recibiendo multitud de telegramas y llamadas de sus amigos dándole el pésame, teniendo que escuchar cosas tipo "el cornudo es el último que se entera" o leyendo cosas tipo "todos lo sabíamos". Estos consuelos no hicieron más que sembrar la duda en el actor, por lo que transcurrida la semana pactada salió del hotel y presentó una demanda de separación, terminándose el matrimonio del ya por aquel entonces maltrecho Taylor.

Pero os estaréis preguntando ¿cómo una simple ama de casa, aficionada al cine, se convierte en el azote de la industria? ¿Por qué? Y lo que quizás es más importante ¿Cómo?

Todo comenzó la noche del 18 de noviembre de 1924. William Randolph Hearst, el gran magnate del periodismo de la época, celebraba a bordo del "Oreida" su 43 cumpleaños. Entre los invitados, además de algún pez gordo, se encontraban Charles Chaplin, Marion Davies (novia de Hearst), el director Thomas Ince, un doctor de nombre Daniel Carson Goodman y nuestra amiga Lolly. Al parecer, las relaciones entre Chaplin y Marion Davies iban más allá de las amistosas, así que una vez que la ebriedad se había adueñado de todo el pasaje, apañaron un encuentro íntimo en la cubierta del barco, con tan mala suerte que llegó a los oídos de Hearst. Éste, loco por la ira, sacó su revólver de diamantes (atención al detalle kitsch de los diamantes: hay que ser extravagante y paleto a partes iguales!!) dispuesto a asesinar a Charles Chaplin, pero la oscuridad de la noche hizo que la bala acabara en la cabeza de Thomas Ince, el cual cayó fulminado. A continuación, los acontecimientos se sucedieron a una velocidad vertiginosa: el cadáver fue conducido a tierra para su inmediata incineración y el doctor que asistía a la fiesta expedía un certificado en donde se hacía constar que la muerte se debía a causas naturales, en concreto, a una parada cardíaca como consecuencia de la ingestión masiva de alimentos.

Limpiada la sangre, enterrado el cadáver, amañado el juicio que exculparía a Hearst y, en definitiva, tejida la mentira con la que se construiría un capítulo de la historia del siglo XX, faltaba solucionar un pequeño detalle: ¿qué papel ocuparía Lolly en este sainete?.

Lolly publicó que Thomas Ince había fallecido en su propia casa y esta mentira fue retribuida con un contrato en exclusiva y de carácter vitalicio para el imperio Hearst. Chaplin, por su parte, hizo mutis por el foro, temeroso, posiblemente, de que el binomio Parsons&Hearst arruinara su carrera destapando lo que hoy se denominaría, si ningún tapujo, pederastia.


Desde que Louella Parsons empezó a trabajar para Hearst, su poder subió como la espuma. Como ella misma afirmaría "El mundo se convirtió en mi ostra. Hollywood ponía la salsa". Y así era. Lolly se convirtió, casi de la noche a la mañana, en una gran maestra de ceremonias que manejaba los hilos de los títeres de habitaban Hollywood, al tiempo que sus artículos eran traducidos o transcritos en más de 500 periódicos de todo el mundo. Uno de sus mayores logros, por llamarlo de alguna manera, fue conseguir que "Ciudadano Kane" no se proyectara en 17 Estados ya que Orson Welles se había inspirado descaradamente en Rudolph Hearst para crear la película, lo que era considerado por Lolly como un insulto hacia su jefe. Es más, se cuenta, se dice, se rumorea que la palabra "rosebud", que sirve de hilo argumental en "Ciudadano Kane", no era más que el nombre que Hearst empleaba para referirse al clítoris de Marion Davies.

La gran competidora (y después sucesora) de Louella Parsons, otra zorra de nombre Edda Hopper, definió su poder así: " Con el imperio Hearst a sus espaldas, Louella ejercía el poder de una Catalina de Rusia. Hollywood leía cada una de las palabras que escribía como si se tratara de una revelación divina desde el monte Sinaí. Las estrellas, los directores y los productores estaban aterrorizados cada vez que abrían el periódico. Todos temían el infierno de su conocido `tratamiento silencioso´ o, peor aún, sus desmanes y sus críticas. Con una sola línea interrumpía producciones, obligaba a casarse a amantes ocasionales que querían salvaguardar sus carreras cinematográficas o a divorciarse a matrimonios bien avenidos. Una sola crítica negativa, y una debutante de talento se veía obligada a hacer la maleta y a volver a su poblacho de origen del Medio Oeste; una crítica positiva, y las alfombras granates comenzaban a bailar bajo los pies con la rapidez de la luz". (Podeis ver a ambas participando en el concurso What´s my line? aquí y aquí)

Pero queridos lectores, ya sabéis el refrán: "Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces". Y en el caso de Louella no iba a ser menos. En el fondo, detrás de la temida crítica cinematográfica se encontraba una mujer frustrada y repleta de complejos, alcohólica y promiscua. Lo que ella tan ferozmente criticaba formaba parte de su triste vida. Quizás, la única diferencia, es que Lolly, para tener una noche de sexo desenfrenado, tenía que recurrir al chantaje y la extorsión. Al final, y como siempre, todo se reduce a la más peligrosa de las debilidades: la envidia. Louella nunca pudo ser lo que sus víctimas eran.

Louella Parsons acabó sus días en un geriátrico despotricando contra todos los actores y actrices que salían por televisión. Seguía creyéndose poderosa, influyente, y poseedora de la batuta de esa gran orquesta que es Hollywood. En su entierro, al que asistieron numerosas caras conocidas, Joan Crawford dijo: "he asistido sólo para comprobar que estaba muerta".

Amén.

23/03/09

desnudando a Eva


Hoy pretendía escribir sobre las "wannabes", sí, esas mosquitas muertas dispuestas a suplantarnos a la primera de cambio, y claro, resucitando fotograma tras fotograma llegué a la Reina Madre de las "wannabes" de Cinema Kingdom: Eva Harrington o, lo que es lo mismo, Anne Baxter, porque para mí, yo confieso, son la misma persona, incluso, si se me permite la redundancia, en "Yo confieso". Soy incapaz de ver una película de Anne Baxter sin esperar que de un momento a otro empiece a dar puñaladas con esa cara de no haber roto un plato en su vida, ni siquiera una ventanita de unas de las casas de su abuelito Frank Lloyd Wright. Porque sí, Anne Baxter también era nietísima, como nuestra Carmen Rossi. El caso es que al llegar cagadito de miedo a Eva Harrington llegué también a "Eva al desnudo" (Joseph L. Mankiewicz, 1950) y, comprendereis, sucumbí una vez más a esta obra maestra.

"Eva al desnudo", "All about Eve", "La malvada"....es uno de los motivos por los que para mí el cine es una necesidad vital. Es simplemente una película perfecta que envejece de maravilla y de la cual deberíamos aprender muchos, espectadores y cineastas. Necesitaríamos mil artículos para comentar todos y cada uno de los detalles que me fascinan de esta película, empezando por el vestido de cóctel diseñado por Edith Head y que luce Davis cuando sentencia "abróchense los cinturones, esta noche vamos a tener tormenta" hasta el brillante trabajo de todos los secundarios, en especial, de Thelma Ritter, por la que siento una adoración especial. Pero he decidido centrarme en el cotilleo, que siempre es interesante ¿o no?

No puedo afirmar que Bette Davis interpreta su mejor papel en "Eva al desnudo", porque para mí, Bette la-más-grande Davis siempre está soberbia, pero sí es cierto que, como ella misma dijo, Margo Channing la resucitó de entre los muertos. En realidad el papel iba a ser para Claudette Colbert, pero la pobre sufrió un accidente (menos mal!) durante un rodaje y su espalda no pudo estar lista a tiempo. Después se barajaron nombres como los de Marlene Dietrich (demasiado alemana) o Susan Hayward (demasiado joven), para finalmente serle adjudicado a Davis. Lo siento por las otras, pero creo que Margo era Bette desde el mismo día que Mary Orr escribió el relato (basado en un hecho real! toma ya!) en el que se inspiró la película.

Siempre he pensado, bueno, yo confieso, mi maldad intrínseca siempre ha querido que sea así, que tras el rodaje se escondía una historia de odios mutuos y peleas y rivalidades entre Bette Davis y Anne Baxter al más puro estilo Davis vs. Crawford. Pero no fue así, ambas se hicieron incomprensiblemente amigas y entre ellas no hubo ni el más mínimo problema (sniff!). De hecho, Baxter pasaría a engrosar, desde entonces, el selecto y escaso grupo de amigas actrices de Davis, junto a, entre otras, Olivia de Havilland. Sin embargo, el conflicto surgió entre Celeste Holm y Bette Davis, las cuales no se dirigieron la palabra durante todo el rodaje (algo es algo!) desde que Davis respondió a un dulce "buenos días" de Celeste con un rotundo "lo que faltaba, una dama bien educada". Quienes tampoco hablaron mucho fueron George Sanders y Marilyn Monroe. Se cuenta, se dice, se rumorea que Zsa Zsa Gabor, casada por aquel entonces con Sanders y que aspiraba a entrar en la meca del cine consiguiendo un papel en el reparto de “Eva al desnudo”, se lo tenía terminantemente prohibido. Pobre Zsa Zsa, va a resultar que era celosilla, barroca, pero celosilla!! Independientemente de todo esto, yo no me puedo creer que la noche de los Oscars de 1950 no hubiera alguna que otra tirantez. Ya me diréis: Bette Davis y Anne Baxter compitiendo por el mismo Oscar a la mejor actriz (junto a Gloria-perturbada-Swanson por "El crepúsculo de los dioses", Eleanor-insufrible- Parker por "Sin remisión" y Judy - pizpireta - Hollyday por "Nacida ayer". Finalmente sería Hollyday quien se llevaría el gato al agua) y eso de sonreir y enseñar dientes se les da muy bien, que para algo son actrices, pero seguro que por dentro estaban diciendo "jódete, ni pa´ti ni pa´mi".

Curiosidades, cotilleos y premios aparte, "Eva al desnudo" es grande y a todos aquellos que afirman cosas tan raras como "el sabor de la sandía es mi película favorita, osea" les diría que antes de "Los Gonnies" existía el cine.

Terminaré con una maldad, una penitencia, una cita y una recomendación literaria :

La maldad: os recomiendo maliciosamente que tras ver "Eva al desnudo" revisioneis "Todo sobre mi madre". Ya me contareis vuestras conclusiones.


La penitencia: iba un día Anne Baxter caminando por Madison Avenue cuando cayó fulminada al suelo y pasó a mejor vida (que se sepa, ni Bette Davis ni Celeste Holm estaban cerca). Siempre he creído que fue el precio que pagó por interpretar a Eva Harrington.


La cita: "Bette Davis en Eva al desnudo no interpreta su papel habitual. Es Anne Baxter quien hace el papel de Bette Davis en el cine, mientras que Bette Davis hace el papel de Bette Davis en la vida" (André Bazin)


La recomendación literaria : "Desnudando a Eva" de Sam Staggs, hilarante y didáctico ensayo sobre "Eva al desnudo" y, por extensión, sobre el arte de hacer una película, y del que prometo contar algo más.

12/03/09

quiero ser mala mala mala


¿Hay algo que me dé más pereza que justificar por qué empiezo esto? Sí, una película de Humphrey Bogart! Yo confieso! Pero ambas cosas hay que hacerlas, o al menos eso se presupone. En mi caso empiezo este blog porque me sale del chirri y porque me sobra el tiempo ¿Qué le vamos a hacer? Sé que a algunos les joderá eso de “me sobra el tiempo”, pero es la puritita verdad, no me voy a poner a explicar cuáles son mis circunstancias personales!! Faltaría más!! En cualquier caso, a medida que esto avance, si avanza, cada cual irá sacando sus propias conclusiones.


Vamos al tema!


Despierto esta mañana de sábado azul...Abro un paréntesis (en el norte tenemos cosas maravillosas. Siiiii, es muy verde, muy agreste y somos muy nuestros, lo que queráis!! Pero necesitamos días azules, vitamina E pa´nuestros cuerpos entumecidos, tanto o más que la tísica Greta Garbo de La Dama de las Camelias. Cierro paréntesis) Decía que despierto esta mañana de sábado azul con un gran regocijo tras revisitar Perdición de Billy Wilder (1944). Los papeles de zorra-hija-de-puta me fascinan, ya lo iréis viendo, y Barbara Stanwyck en Perdición es, simple y llanamente, MALA MALA MALA. Cuando la Stanwyck baja las escaleras de su mansión colonial y Wilder nos ofrece un primer plano de sus pies, con esa pulsera tobillera y el taca taca taca de los zapatos de tacón (qué maravilloso sonido!) entendemos al baboso de Fred MacMurray y, es más, nos ponemos a babear con él, y aún no han pasado ni 15 minutos de metraje y ya hemos sufrido un orgasmo visual de esos que hay que apuntar en el diario. Ays! Qué orgasmos tan memorables me han procurado Bette, Marilyn, Audrey, Greta, Liz...Además, con el cine, como es un arte multiorgásmico, puedes repetirlos (los orgasmos digo) una y otra vez sin consecuencias adversas físicas, convirtiéndonos a todos en felicísisisismos seres multiorgásmicos. Pero volvamos al lío, que se me va.


Quizás hay algo más sobrecogedor que la hijoputez de la Stanwyck en Perdición: su peinado. Pero vamoavé!!!! Qué es eso que lleva la maravillosa Bárbara en la cabeza??? Más concretamente, qué tipo de flequillos-postizos-moñigas caen sobre su frente??? Me fascinan o me inquietan??? Yo, pensándolo seriamente - incluso detuve la peli unos minutos para reflexionar al respecto, a pesar de que la imagen congelada de la Señora Dietrichson me perturbaba más que a Ingrid Bergman una luz de gas­- creo que algo le pasaba en la testuz, a saber, una herida, una arruga….algo!!! Porque estético, lo que se dice estético, no es, ya me contaréis!!! A no ser que existiera una venganza personal de Wilder o de la peluquera, en cuyo caso, ese look capilar ya me parecería más fascinante todavía.


Lo que me engancha de Perdición, además de la Stanwyck -no olvidemos jamás de los jamases al genial Edward G. Robinson (MacMurray ni me va ni me viene) - y de su maravilloso guión, es esa atmósfera de complicidad que se crea desde el principio. Me encanta formar parte de la trama y del asesinato, ser cómplice imputable, y aunque ella sea una zorra de toma pan y escúpemelo en un ojo, yo la apoyo y quiero su pulsera tobillera y quiero su peinado y quiero su maldad y lo quiero todo todo, porque yo, algún día, quiero ser como la Señora Dietrichson MALA MALA, pero MALA en blanco y negro, eso sí!!!


Pd.: Dedicado a todos aquellos para los que Billy Wilder sólo es el director de "Con faldas y a lo loco". Ellos se lo pierden!!