
Disfrutaba hace unos días de un radiante sol en una coqueta terraza de mi ciudad, levitando de felicidad, ignorando al mundo y queriendo ser ignorado por él, cuando el llanto de una niña me devolvió a la cruda realidad. Digamos que la sensación fue parecida a la de Judy Garland cuando despierta de su sueño ¡Mierda! El caso es que el llanto singular de la pequeña pasó a ser plural, llantos, llantos y más llantos, rebasando la delgada línea rosa que separa el berrinche anecdótico de la pataleta histérica. Los padres, jóvenes y aparentemente primerizos, decidieron no prestar mucha atención (y de paso hacernos insufrible a los demás nuestra plácida velada) poniendo en práctica la teoría de la ignorancia: que la criatura entienda que el llanto no es la dirección más corta para conseguir sus objetivos. De inmediato comprendí que estaba en presencia de la versión contemporánea de los Manchester, esto es, la joven pareja primeriza que juega a psicología con su primer retoño y que utiliza como libro de instrucciones cosas tipo “aprende a educar a tu primer hijo para que llegue a ser una persona de provecho, sorteando las drogas y demás tentaciones que la vida le pondrá a tiro” (edición bolsillo, por supuesto!).
Ruthie Manchester (Gabrielle Middleton) era la odiosa (no se me ocurre epíteto más suave) niña de “Dos en la carretera” (Stanley Donen, 1967). Mmm….cómo decirlo sin que me abra diligencias la fiscalía de menores? Esta criatura es, presuntamente (of course), un cruce entre la niña del exorcista y un grano en el culo. Sus padres, Howard (William Daniels) y Cathy (Eleanor Bron), es decir, Los Manchester, son igual de insufribles, lo cual puede justificar en cierta medida el carácter endiablado de su engendro. El caso es que la aparición de la pequeña Lucifer en la película consigue en el espectador el efecto deseado: odiarla sin el más mínimo de los remordimientos.
Pero juguemos al masoquismo. Imaginemos por un momento que la adorable Ruthie tiene como compañera de pupitre a una de las hijas de Gooper (Jack Carson) y Mae (Madeleine Sherwood), o, lo que es lo mismo, a una sobrinita de Paul Newman y Liz Taylor en “La gata sobre el tejado de zinc” (Richard Brooks,1958), en concreto, a la “cuellicorto” que arroja helado de fresa en las medias de la Taylor nada más empezar la película. Si hay algo más insufrible que un niño odioso es una prole de niños odiosos con “nombres de perro” dirigidos por una histriónica madre.
Demos un paso más y encaminémonos hacia el suicidio. Ruthie Manchester y la odiosa niña de cuyo nombre no quiero acordarme, acuden a la escuela para señoritas Dobie-Wright en donde Martha (Shirley MacLaine) y Karen (Audrey Hepburn) ejercen de profesoras. Allí conocen a la encantadora Mary (Karen Balkin, en la foto amendrentando a una compañera) que pronto se convierte en la líder indiscutible de esta peculiar pandilla. Ella solita, de un plumazo, y gracias a una portentosa imaginación, es capaz de acabar con la escuela y sus profesoras llevando una mentira hasta sus últimas consecuencias. “La calumnia” (William Wyler, 1961), no nos engañemos, es una película de terror.
Imagino que todas estas criaturas son seguidoras acérrimas de las películas de la “encantadora” Shirley Temple, las cuales habría que encuadrar o en el cine de terror o en el de ciencia ficción. También imagino que de mayores (no tan mayores) aspiran a ser un clon de Ann Blyth en “Alma en suplicio” (Michael Curtiz, 1945) y levantarle el novio a su propia madre, aunque ésta sea la mismísima Joan Crawford. Imagino muchas cosas por lo que cierro aquí este artículo por temor a convertirme en un nuevo Mengele.

3 confesiones:
La calumnia, magnífica película, aunque es cierto que debemos contener nuestros instintos ¿defensivos? ante la criaturita Karen Balkin. Por cierto la foto elegida vale por un millón de palabras.
Ahora eso de que nos joroben el descanso, la cervecita, la fresca y el silencio eso no tiene perdón de Dios y probablemente sería un atenuante en caso de... palabras mayores.
Jajajaja...
Excelente blog amigo.
Me ha hecho mucha gracia tu artículo. Me pregunto cuántos niños de hoy, con esos padres que aplican la "psicología de bolsillo" para todo, podrían convertirse en potenciales actores para un "remake" de la película, o cuantos de ellos se verían reflejados en ella. Qué cosas. Un abrazo.
las niñas del Brasil .... inocencia... si, si
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